Defender la Esperanza

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Defender la Esperanza

Por Violeta Vázquez-Rojas. | miércoles, 01 de julio del 2020.

A las seis de la mañana ya estábamos en camino. El teléfono bien cargado, los papeles listos y ordenados, las direcciones a mano, el agua, barritas para aguantar la jornada extenuante que empezaba. A las siete, a más tardar, todos tenían que estar en sus puestos. Josefina, Lucía, Guadalupe, Mario, son apenas unos nombres de los miles que ese día salieron a cumplir con el encargo de representar a Morena en una casilla electoral. La gran mayoría de ellos son los mismos vecinos que nos encontramos en la banqueta o quienes les damos los buenos días en la entrada del edificio. Gente común que durante semanas se preparó para defender los votos el día de la elección. Meses de preparación, de cursos, de papeleo, de tocar puertas, de hacer cientos de llamadas, por fin llegaban a su prueba final. Era el primero de julio de 2018, y todavía no teníamos en la mano la victoria que se avecinaba. Había muchas esperanzas, pero también suficiente cautela para no confundirlas con certezas.  

Alrededor del mediodía empezaron a filtrarse los rumores de la ventaja de casi 25 puntos que llevábamos, y los pasábamos directamente a los representantes, junto con el agua y el sándwich del almuerzo: “Vamos arriba”, les susurrábamos. Cuando recibían la comida y las noticias, contenían la emoción, anudaban las lágrimas en la garganta y seguían vigilantes, porque de aquí a celebrar el triunfo todavía faltaban varias horas. Ningún otro día ha sido tan largo.  

Al cierre de la votación se nos agolpaban los latidos. Esperamos afuera con las ansias de quien aguarda un resultado que le cambiará la vida. Tratábamos de concentrarnos en nuestra demarcación y de desoír las noticias de lo que sucedía apenas a unos kilómetros de donde estábamos. La burra no era arisca: ya habíamos vivido tantas decepciones electorales que, a pesar de la inminente ventaja, no podíamos confiarnos hasta no tener las actas en la mano. Todavía no se terminaban de contar las boletas en nuestra última casilla cuando ya veíamos en la televisiones de la improvisada salita estratégica a un Ricardo Anaya desencajado, aceptando la derrota, y a José Antonio Meade que, diplomático, reconocía su irremontable desventaja. 

En ese tiempo todavía se podía abrazar, y menos mal, porque a cada representante exhausto lo despedimos con abrazos, con lágrimas, con incredulidad  y con muchísima gratitud, después de un agotador pero exitoso trabajo de equipo. Mi amiga Claudia y yo acompañamos al último par de representantes a la puerta de su casa: era una pareja de casi ochenta años, compañeros eternos, que aguantaron el conteo hasta el último minuto de la madrugada. Ya para entonces, el Zócalo, que más temprano había estado lleno, estaba nuevamente vacío. Nuestro festejo tardío apenas se trató de abrir una cerveza y caer dormidas antes de poder brindar. 

Hoy se cumplen dos años de ese día. Es un buen momento para revisitar aquella euforia, para hacer el recuento sincero y valiente de lo que se ha logrado y del camino que queda por recorrer. Cuando las expectativas son altas, la realidad inevitablemente desengaña. En días como hoy, en que enfrentamos una crisis antes inimaginable, en que resistimos el embate de unas élites desplazadas que, parapetadas en ciertos medios, no ceden en su acometida diaria contra la voluntad popular, hay que volver al 2 de julio de 2018 y recordar qué es lo que buscábamos con aquella victoria. Defendimos uno a uno nuestros votos por un país incluyente, más justo, menos desigual; por un gobierno honesto, por una sociedad participativa, informada y politizada. Es buen momento para revivir la alegría cautelosa de ese día, para no confundir las esperanzas con certezas, y para reconocer que el trabajo pendiente no es excusa para la decepción. 

Por Violeta Vázquez-Rojas. | miércoles, 01 de julio del 2020.

Violeta Vázquez-Rojas.

Violeta Vázquez-Rojas. Lingüista. Estudia la gramática del purépecha y del español. Interesada en divulgar la ciencia del lenguaje y en desterrar algunos mitos y prejuicios acerca de las lenguas, de las palabras y de sus usos. 

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