En días pasados la Alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, determinó, sin exhibir documento alguno, que debían ser retiradas dos figuras en bronce ubicadas en la colonia Tabacalera, una de Fidel Castro, expresidente de Cuba, y otra de Ernesto Guevara, mejor conocido como “El Che”, ambos revolucionarios, de inspiración comunista y protagonistas políticos de América durante la segunda mitad del siglo XX.
En el fondo, la decisión de la edil de Cuauhtémoc es claramente ideológica, sobre todo proviniendo de motivos conservadores. Si realmente le preocupara el entorno de sus calles y tuviera el interés genuino de mejorar los servicios urbanos y el “libre tránsito”, la edil, debería caminar un par de cuadras hacia reforma y darse una vuelta por la calle Privada de Vallarta, donde los cráteres se hacen pasar por calles, teniendo meses en esa condición.
El retiro de estas figuras causó división en redes sociales, pero es innegable que esta Ciudad se ha caracterizado por su amabilidad y amistad hacia las causas políticas de las personas, de los pueblos alrededor del mundo, y aunque lastime a ciertos sectores de la sociedad, la figura de Fidel y “El Che” representan la lucha por una civilización diferente y la resistencia contra el imperio del más fuerte sobre el más débil.
En otros asuntos, se ha comenzado una serie de Foros Abiertos sobre la Gentrificación en la Ciudad de México, donde el tema ha causado gran revuelo y se ha colocado como uno que tomará relevancia en el plano político.
No es cosa menor, tenemos décadas discutiendo y planificando la ciudad desde una perspectiva social, pero es irrefutable la idea de revisar los planes, programas y marcos normativos que actualmente rigen la ciudad en esta materia.
Por ejemplo, el Programa General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal tiene poco más de 20 años de vigente y el Programa General de Ordenamiento Territorial aun se encuentra en proceso de formulación, siendo el Congreso de la Ciudad de México, el legalmente competente para aprobarlo.
En estos 20 años la Ciudad ha experimentado cambios importantes en cuanto a su configuración económica. Se ha fortalecido el sector de los servicios y se ha desindustrializado, aunque aun existen asentamientos fabriles. El crecimiento de la población ha sido marginal en estos 20 años, ósea ha crecido apenas un 0.4.% según el INEGI, lo cual indica que existe un desplazamiento poblacional a los municipios conurbados. La mancha urbana se ha extendido por lo menos a otros 4 estados: Morelos, Estado de México, Puebla e Hidalgo.
Además, eso ha complicado la movilidad y el crecimiento sostenible, pues tenemos vialidades centrales y periféricas congestionadas, imposibilidad financiera, técnica y operativa para el mantenimiento de servicios urbanos y, de manera colateral, entre otros factores, encarecimiento de los usos de suelo; ósea cada día es mas caro construir en la Ciudad, y ello favorece a la expulsión de la población, sobre todo los sectores más vulnerables, hacia las zonas periféricas.
Es fundamental entrarle al tema del Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial con seriedad y con miras a construir una Ciudad justa, democrática e incluyente por lo menos en los próximos 50 a 100 años, pues nuestra Ciudad es una de las más pobladas del mundo, y centro económico, político, social y cultural del país.
Más allá de la gentrificación, como detonante del problema, lo importante es planear la Ciudad y construirla como una habitable, sostenible e incluyente.
El llamado Bando 1 emitido por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México contiene un paquete de modificaciones más que necesarias: control sobre las rentas y política de vivienda social, lo cual traería reconfiguración social de ciertos polígonos.
Este tema será uno de discusión amplia, pero también de acción necesaria y justa para todos los que habitamos y queremos ver a la Ciudad de México crecer, mejorar y transformar.



