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Derecho a vacaciones: un giro desde la Transformación

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El anhelo de unas vacaciones para desconectar de la rutina y conectar con una misma, la familia o conocer nuevos lugares, es una aspiración que se comparte en todo sector poblacional.

En México, el reconocimiento del derecho a «vacaciones dignas» ha marcado un antes y un después para millones de personas trabajadoras.

Primero les brindo un dato legislativo relevante, el 27 de diciembre de 2022, la Ley Federal del Trabajo (en adelante LFT) de México estipulaba que al cumplir un año de servicio tenías derecho a tan solo seis días de asueto pagado. Esta cifra, se aumentaba de forma muy gradual los años subsecuentes, colocando a México detrás, no solo de sus socios comerciales en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sino también de la mayoría de los países de América Latina.

Durante décadas, seis días fueron la norma. Un periodo a todas luces insuficiente para garantizar una recuperación física y mental adecuada; fomentar el turismo interno de manera robusta; o permitir empatar realmente la vida laboral y la personal.

En sintonía con su discurso de justicia social y dignificación del trabajo, el Presidente López Obrador impulsó y aprobó en el Congreso una de las reformas laborales más aplaudidas de los últimos tiempos: la reforma de «Vacaciones Dignas». La cual entró en vigor el 1 de enero de 2023, esta modificó los artículos 76 y 78 de la LFT, lo que representó un parteaguas. Les platico por qué.

El cambio principal fue duplicar el periodo vacacional mínimo, pasando de seis a doce días continuos para el primer año de trabajo. La reforma estableció además un esquema progresivo claro: por cada año subsecuente de servicio, el periodo vacacional aumentará en dos días hasta llegar a veinte. Y a partir del sexto año, el incremento será de dos días por cada cinco anualidades de servicio.

Hasta aquí, es bueno reconocer que, en nuestro país, más allá que las vacaciones son vistas como un derecho, también constituyen un privilegio que no todas y todos pueden disfrutar. Me topé con un artículo de El Economista, que narra cómo muchos connacionales consideran que “las vacaciones son un lujo inalcanzable debido a la falta de recursos económicos y la desigualdad en el acceso al turismo. Solo el 56% de los hogares mexicanos realizó al menos un viaje por placer en 2023, y la mayoría de estos viajes fueron dentro del mismo estado o a destinos cercanos”.

Hoy en día, con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia, la política laboral ha entrado en una fase de consolidación y expansión de los derechos adquiridos, bajo la premisa de construir el «segundo piso de la Transformación».

Si el sexenio anterior logró la histórica aprobación de las «Vacaciones Dignas», el enfoque actual se centra en asegurar su correcta implementación y en explorar nuevas fronteras para el bienestar de quienes trabajan. La Presidenta Sheinbaum ha dado continuidad a la conversación sobre la dignificación del tiempo de trabajo. El debate sobre la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, está en marcha, requiere trabajo conjunto entre gobierno e iniciativa privada.

En definitiva, México emprendió un camino hacia la revalorización del descanso. Lo que comenzó como una reforma legislativa bajo el mandato de López Obrador se consolida y proyecta hacia el futuro en la administración de Sheinbaum como una política de Estado.

Me gustaría concluir reflexionando acerca de esta dualidad de circunstancias, por un lado, logramos innovaciones legales bajo una visión progresista, generando derechos vivos y plurales. Por otra parte, aún tenemos desafíos como estos:

  • Falta de recursos económicos: al menos el 50% de la población mexicana no sale de vacaciones por este motivo.
  • Desigualdad en el acceso al turismo: solo las clases medias y altas pueden visitar resorts en playas o viajes a Europa; en la mayoría de casos, visitamos otras ciudades porque tenemos familiares allí; y quienes tienen menos recursos, acuden a los centros de recreación gratuitos en el sitio que viven.
  • Inflación turística: los precios de hospedaje y transporte aumentan considerablemente cada año.

 

De tal modo que ahora habrá que ponerse sobre la mesa, por ejemplo, incrementar la prima vacacional, dignificando el gozo de esta prerrogativa. Visibilizando que poco a poco, elevamos la calidad de vida, porque tenemos finanzas sanas y políticas humanistas.

Por esta ocasión me despido con este ritmo: “Me [voy] de vacacione’ con muchas cerveza’ y cancione’, un shot por las buenas amistade’ y por las bendicione’…”, (canción de Bad Bunny, léanlo entonado por favor).

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