En los últimos días el mundo ha vivido una escalada en conflictos internacionales, además de los ya existentes, sigue el conflicto armado entre Ucrania y Rusia, la intervención de Israel en Palestina, se suman los ataques de Israel a Irán y los bombardeos de Estados Unidos a Irán, y lo que siga pasando en los próximos días, la situación genera una gran tensión internacional, pero ¿qué pasa con los habitantes de esos países? ¿Cuál es la cotidianidad en esas zonas? Pues la vida cambia permanentemente, la población vive episodios llenos de violencia, muerte, hambre, daños físicos y psicológicos.
Una de las inmediatas consecuencias es la falta de seguridad sobre el trabajo diario, las personas empleadas en tiendas y fabricas no saben si tendrán trabajo o hasta cuando, por lo tanto algunas de las principales consecuencias de la guerra son el hambre y la pobreza, porque los medios de producción y supervivencia, disminuyen, los terrenos quedan infértiles y la inseguridad alimentaria se eleva considerablemente.
Además, muchas familias durante la guerra lo pierden todo, repentina o paulatinamente, el trabajo, por lo tanto, remuneración económica, la vivienda, y también los recuerdos, la historia familiar, objetos heredados de antaño, los recuerdos de una vida, que son aspectos básicos para la construcción de la existencia de un ser humano.
Específicamente las mujeres son sumamente vulnerables a todo tipo de violencias, de acuerdo con la ONU, las niñas de países afectados por conflictos tienen 2.5 veces más probabilidades de no estar escolarizadas que otras niñas, el 60% de las muertes maternas prevenibles se dan en situaciones de conflicto armado.
Tan solo en un ejercicio de empatía, podemos imaginar las poblaciones en conflicto, en donde abruptamente se cambia de una vida diaria que implica para las mujeres, levantarse, preparar el desayuno, enviar a los niños a la escuela, salir a hacer las compras e irse a trabajar (si, con doble o triple jornada incluida) regresar preparar los alimentos, comer, realizar los quehaceres domésticos y dormir, (descansar un poco) y un día se levantan… y todo ha cambiado, no hay agua potable, o muy poca, cortes de energía, no hay escuela, hay muy pocos mercados (y compras de pánico), hay que buscar comida, refugio, vivir el espanto de la incertidumbre, las primeras en perder sus trabajos remunerados son las mujeres, y como tradicionalmente están a cargo de los hijos, son quienes generalmente, tratan de mantener cierta “normalidad”, el estrés post traumático les seguirá toda la vida, pero lo más preocupante es que en los conflictos armados, la violación, la esclavitud sexual, la prostitución, el embarazo forzado, la esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual, suele utilizarse como arma de guerra. Las mujeres en los países en guerra un día se despiertan a una pesadilla…





