Pluma Patriótica

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Desaforados

En días recientes los controversiales diputados Saúl Huerta y Mauricio Toledo fueron finalmente desaforados después de varios intentos fallidos. Digo controversiales no porque sean dos personajes conocidos por venir de una vida de lucha dedicada a hacer frente al poder mal ejercido o a injusticias, tampoco por velar por los más desfavorecidos, sino por ser presuntos culpables de cometer actos inadmisibles en cualquier persona y menos aún en un representante popular.

El primero de los hombres en cuestión —y también el primero en ser desaforado el miércoles 11 de agosto— llevaba varios años desempeñándose en distintos cargos públicos; sin embargo, se hizo notar ante la opinión pública después de que un joven de quince años lo denunciara por haber abusado sexualmente de él durante su campaña de reelección. Desde entonces, distintas figuras relevantes de morena —su mismo partido—, en un acto de enorme congruencia, condenaron sus actos, cuestionaron su pertenencia al movimiento y sostuvieron que impedir el avance de la justicia no era digno de un servidor público: Claudia Sheinbaum, Mario Delgado, y —en una mañanera— el mismo Presidente de la República, entre ellos.

Aunque a Huerta le restaban solo cuatro semanas con su fuero como legislador, es de celebrarse que no se haya dejado cumplir el plazo y se le retirara antes de tiempo esta protección legal. La decisión de la legislatura con mayoría morenista constató con este acto que, sin importar que el diputado pertenezca a su bancada —cabe precisar que, debido a la presión, el acusado ya había renunciado a su partido hace meses—, si es denunciado con pruebas de haber cometido un ilícito —y más aún uno tan grave—, es prioridad que enfrente la justicia. Así pues, la Fiscalía capitalina puede finalmente proceder legalmente, y, de hecho, ya comenzó el proceso puesto que solicitó a un juez girar orden de aprehensión.

El otro caso que nos compete en el presente texto es el de otro sujeto que no puede representar nada más que vergüenza para quienes se desempeñan con honor y dignidad como funcionarios públicos. Se trata de una persona que, debido a cómo se adueñó de una de las dieciséis alcaldías de la Ciudad de México, es típicamente conocido como el “cacique de Coyoacán”, Mauricio Toledo.

Este servidor público —que más que servirle al Pueblo, se ha servido a él mismo a manos llenas— ha sido diputado federal, diputado en la Asamblea Legislativa de la CDMX y Jefe Delegacional en Coyoacán de 2012 a 2015; siendo este último el periodo en el que más acrecentó su poderío en dicho territorio. Desde ese entonces creó una infraestructura en la alcaldía, corroída por la corrupción. Los programas sociales y la entrada a las áreas deportivas y de recreación estaban condicionados; ser opositor podía costar una golpiza o ser desaparecido, y las elecciones estaban totalmente viciadas, ya que él elegía al siguiente competidor de su partido y destinaba todo el dinero público a su alcance para comprar el voto de todo coyoacanense que aceptara el intercambio. De hecho, en una entrevista reciente con Ciro Gómez Leyva, en un lapsus, el diputado dijo textualmente “ganamos Coyoacán”, reconociendo así que apoyó al ahora alcalde, Giovanni Gutiérrez, con quien se sabe que ya mantenía jugosos negocios en el pasado.

A pesar de que aún no es acusado formalmente por todo lo mencionado, desde enero del presente año, la Fiscalía General de la Ciudad de México le pidió a la Cámara de Diputados que desaforara a Toledo para poder ser juzgado por enriquecimiento ilícito. Todo el daño que le causó a la gente que gobernó, al fin recibirá un castigo.

El futuro no pinta bien para Huerta y Toledo, y con razón: estamos frente a una transformación de la vida pública de México, y ningún cambio de régimen puede consolidarse si la corrupción y quienes propician las injusticias no enfrentan la ley. Mientras tengamos una legislatura comprometida con la justicia —así como el gobierno— que no nos sorprenda ver que más legisladores —o cualquier funcionario público— abusivos y corruptos sean juzgados.

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