Pluma Patriótica

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Desde el país más norteño de América Latina hasta el más austral

En días recientes, tuvimos el honor y el gusto de albergar en México al Presidente de la Argentina, Alberto Fernández, quien vino para fortalecer los lazos cada vez más fuertes que se están danto entre ambas naciones. Desde su llegada, se le recibió con la fraternidad que nos caracteriza a las y los mexicanos. La animosidad de muchas y muchos líderes políticos por a su presencia se dejó ver en las invitaciones que se le realizaron a una gran variedad de eventos. Incluso la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, lo reconoció como huésped distinguido —misma condecoración otorgada a Evo Morales cuando se refugió en nuestro territorio— de la Ciudad de México. Tuvo grandes participaciones en los días que estuvo en nuestro país; sin embargo, dos son las que quiero destacar en el presente texto: su asistencia a la Mañanera y a la conmemoración del Plan de Iguala y del Día de la Bandera. 

La intervención en la Mañanera destacó porque el formato hizo posible que se dieran participaciones mucho más dinámicas que una simple declaración acartonada entre los Presidentes López Obrador y Fernández. Eso sin mencionar que ambos dirigentes ‒además de agradecerse mutuamente por la cooperación bilateral que se ha dado‒ arremetieron contra los medios conservadores de sus respectivos países, que han estado más dedicados a intentar minar su autoridad que a documentar con objetividad. Queda por entendido que los responsables han sido el Clarín y la Nación ‒en el caso de Argentina‒ y primordialmente el Reforma ‒cuando nos referimos a México‒. Algo de esperarse, los medios oligárquicos no suelen ser afines o imparciales siquiera cuando de gobiernos populares se trata.

Por otro lado, la conmemoración llevada a cabo el 24 de febrero resultó bastante más emotiva. El dirigente sureño entrelazó las historias independentistas en su discurso, mencionando a personajes libertadores en sus respectivos Pueblos; habló de Guerrero e Hidalgo en el caso de México, de José de San Martín y Güemes —entre otros— al referirse a su patria. En tanto, López Obrador, en un recuento histórico también, hizo mención de distintos intercambios acontecidos entre Guerrero e Iturbide para después continuar rememorando hechos desarrollados durante la Revolución Mexicana, así como a los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa y finalizar dedicándole unas palabras a su homólogo ahí presente. 

Estos actos sin duda derivarán en una profundización de la relación entre los dirigentes pero, sobre todo, entre ambos Pueblos. El diálogo y la unidad entre dos movimientos populares hechos gobierno le convienen no solo al país más más norteño de América Latina y al más austral, sino también a todas las naciones situadas en el medio. El peronismo lleva ya décadas incrustado en el corazón de la gran mayoría de las y los argentinos; ha sido esta su mayor herramienta política para transformar la realidad y para fungir como elemento catalizador de demandas populares. Para fortuna de las y los mexicanos, con todo y las trabas existentes —totalmente normales—, no cabe duda que el Obradorismo va por el mismo camino.

Ojalá más pronto que tarde podamos ver una verdadera unidad entre todas las naciones latinoamericanas, que juntos y juntas podamos dar avance a una agenda en común, tanto política como económica y social. En Europa tuvieron que desatarse dos guerras brutales para que esto se diera; afortunadamente, esto no será así de este lado: nuestra historia común de resistencia, nuestra cultura y nuestra esperanza inquebrantable lo harán posible. Más ahora que nuevos aires de transformación corren por nuestras patrias.
 

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