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Día de muertos

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¿Alegría o tristeza?

Estimados lectores, hoy les comparto un poco de mi sentir y pensar acerca del día de muertos. Como todos lo saben, lo celebramos hace ya un par de semanas, pero a pesar de eso sigue en mí esa emoción. Por eso, los convoco a la reflexión acerca de si ese sentir común es de alegría o es de tristeza. Ese mismo sentir es lo que nos mueve a celebrar con tanto ahínco los dos días marcados como “día de muertos” en nuestros calendarios.

Esos dos días son cuando especialmente sentimos y deseamos que nuestros suspiros, rezos y añoranzas se transporten silenciosamente hacia el reino de los difuntos para hacerles saber que los seguimos amando sin importar el tiempo, la distancia y la falta de contacto físico. El amor por todos aquellos que se nos adelantaron es, sin lugar a dudas, uno de los amores más fuertes y eternos. Para muchos de los mexicanos, nuestros santos difuntos en realidad nunca salen de nuestras vidas, ellos siempre están a nuestro alrededor.

Sus voces suenan en nuestras mentes, sus hábitos o costumbres se hacen presentes a cada momento, con agrado recordamos su comida predilecta, la música que les alegraba escuchar, los lugares muchas veces visitados en su compañía, sus consejos llenos de amor y paciencia, entre tantos otros aspectos que forman parte de ellos en nosotros, ellos con nosotros. Insisto, ellos nunca parten de nuestro lado, no importa si nos dejaron hace poco o hace mucho, se hacen más presentes en estas fechas.

Estos días llevan el espacial sello de las ofrendas, que son todo un ritual de celebración de arropamiento de demostración de amor y de cariño. Esas ofrendas en muchos hogares ha sido y seguirán siendo una importante y gran tradición. Las ofrendas nos acompañan en esta fiesta de la vida y de la muerte. Para algunos pueden llegar a ser tenebrosas o extrañas; para los que las ponemos, son bellos altares que nos hacen recordad cosas bellas de esos que ya no nos acompañan en vida.

El colocar una ofrenda es un trabajo entretenido y agradable que nos lleva varios días y en el que muchos miembros de la familia participan. Unos recuerdan un aspecto del fiel difunto, otros algún otro y así se forman esos bellos altares. En ellos, están presentes las fotos de los celebrados esos días, sus platillos favoritos, algunas de sus pertenencias, fruta, flores, luces, calaveritas. Estas últimas no pueden faltar ya que muchas veces traen escrito el nombre del difunto y engalanan la ofrenda, las podemos encontrar de chocolate, de amaranto, de azúcar, de tamarindo y hasta de coco.

Muchos mexicanos celebramos a la muerte con amor, con alegría y sobretodo la respetamos y la consideramos parte de la vida misma.

¡Vivan nuestras tradiciones!

 

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