Pluma Patriótica

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Diarios de campaña

Hay aún quien afirma que nuestro Movimiento triunfó en 2018 como consecuencia del hartazgo, el resentimiento y el voto de castigo, evidenciando —como siempre—, que no han entendido nada, sin mencionar su clara lejanía con la realidad de millones de mexicanos. Ahora que estamos a un par de semanas de que terminen las campañas para los más de 21 mil cargos de elección popular que se disputan este año, es posible afirmar que el Obradorismo en México está más vigente que nunca. 

Específicamente en el Distrito 30 de Coyoacán, Alcadía que lleva una vida entera secuestrada por lo peor del conservadurismo capitalino, la gente que vive en los Culhuacanes, en Las Cabañas, o en La Magdalena es quien más ha padecido a las administraciones corruptas de la Alcaldía. Es impresionante cuánto influye el desgobierno en todos los aspectos de la vida de los coyoacanenses, pues algo tan sencillo como entrar a su calle resulta un martirio para una pareja de adultos mayores cuando un poste de luz a mitad de la rampa no les permite subir la banqueta con su andadera. En este sentido, cuando Sebastián Ramírez o Carlos Castillo tocan las puertas de los vecinos para platicar sobre traer por fin la Transformación a nuestra Alcaldía, son bien recibidos porque para la gente este proyecto se traduce en esperanza. 

Resulta una enorme alegría escuchar que hay tanta gente allá afuera —afuera de la burbuja tuitera— que apoya al Presidente López Obrador, que cree en su proyecto de Nacion y —sobre todo— que le cuenta a las brigadas de viva voz como viven la Transformación en las cosas más simples y cotidianas; cosas que para las élites toda la vida han sido privilegios. Y es que es justo eso: convertir en derechos lo que para algunos son privilegios fue una de las promesas del Movimiento y hoy es una realidad. 

Hace unos días, como parte del ejercicio que desde esta trinchera realizamos con la finalidad de combatir la desinformación que propaga la prensa corporativa, tuve la oportunidad de acompañar al candidato a la Diputación del Distrito V por Morena, Antonio Attolini, a recorrer las calles de Torreón y conocer las colonias más olvidadas por las administraciones panistas. Me movió muchísimo que, de más de cien puertas que tocamos en una mañana, no hubo un solo hogar en el que no recibieran con los brazos abiertos al proyecto de la Transformación. Platicando con una compañera brigadista, nos contó que antes era impensable que un partido de oposición entrara a la colonia Vistahermosa, misma que además de ser tierra de combate entre cárteles —por encontrarse justo en la frontera con Durango—, era también territorio priista. En palabras de la compañera, después de la revolución del 2018, los obradoristas pueden entrar con libertad —aunque también con cautela— a hablar con los vecinos sobre el proyecto del Presidente López Obrador: eso significó para millones el triunfo del ‘18.

Siempre he creído que después de la elección de hace tres años quedó de manifiesto que México es un país profundamente obradorista, pero esta contienda electoral, caminando las calles y escuchando a la gente lo he podido confirmar de nueva cuenta: el Obradorismo está más vivo que nunca.  

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