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El arquetipo opositor

postal PP horizontal Andrés Flores

En México, los partidos de oposición han dejado de ser una alternativa. Ya no representan ideas ni proyectos, solo defienden intereses. Mientras el Pueblo impulsa una Transformación profunda, ellos se aferran a las viejas prácticas: corrupción, clientelismo, impunidad y desprecio por la gente. Son los rostros reciclados del viejo régimen, camuflados con nuevos logos y discursos vacíos. El PAN y Movimiento Ciudadano encarnan hoy lo peor de la política tradicional, utilizan el poder para servirse, no para servir.

En la Ciudad de México, ese arquetipo tiene nombre y apellido, Mauricio Tabe Echartea, alcalde panista de la alcaldía Miguel Hidalgo. Tabe es uno de los rostros más evidentes del llamado Cártel Inmobiliario, una red de corrupción que operó con total impunidad en las alcaldías gobernadas por el PAN, donde el suelo urbano fue convertido en mercancía para enriquecer a unos cuantos. Edificios ilegales, permisos exprés, violaciones sistemáticas al uso de suelo y a los derechos vecinales, todo con el aval de funcionarios públicos cuyo único interés ha sido engordar su fortuna y la de sus socios. No hablamos de errores administrativos. Hablamos de corrupción estructural, de un saqueo organizado.

Tabe, como muchos otros en su partido, ha olvidado por completo lo que significa la palabra «Pueblo». No camina por las calles, no escucha a las personas, no rinde cuentas. Se ha limitado a gobernar desde los restaurantes caros de Polanco y los acuerdos en lo oscurito, mientras en las colonias populares de la alcaldía las necesidades básicas siguen sin atenderse. Agua, seguridad, vivienda, servicios públicos… todo pasa a segundo plano cuando lo primero en su lista es proteger los intereses de un puñado de desarrolladores y empresarios que lo respaldan.

Y si en la capital del país el PAN muestra su rostro más corrupto, en Jalisco lo hace Movimiento Ciudadano. Pablo Lemus, actual gobernador y exalcalde de Guadalajara, representa la versión “fresca” del viejo régimen: discursos vacíos, marketing político, influencers y acciones dirigidas a las redes sociales, pero en el fondo, el mismo modelo neoliberal de siempre. Un modelo que privilegia a las élites tapatías, mientras abandona a las colonias populares y a quienes no comulgan con el proyecto naranja.

Basta ver cómo en su gestión se han priorizado obras faraónicas sin consenso social, el despilfarro en inservibles camionetas tesla de lujo, se han reprimido protestas legítimas, y se ha negado sistemáticamente la rendición de cuentas. Pablo Lemus, como tantos otros antes que él, llegó al poder para cuidar los negocios de sus aliados, no para transformar la realidad del Pueblo de Jalisco. Por eso niega el diálogo, evade las críticas y gobierna desde una burbuja que nada tiene que ver con el verdadero sentir del Pueblo jalisciense.

Tabe y Lemus son parte del mismo molde. Son el arquetipo opositor, figuras construidas por y para las élites, expertas en discursos huecos, aliadas de los poderes económicos y desconectadas del México real. No les interesa el bienestar de la gente, sino su propio ascenso político y económico. No les mueve el servicio público, sino el negocio privado.

Ante este tipo de oposición, lo que nos toca como Pueblo es seguir organizándonos. Porque mientras ellos construyen edificios ilegales y redes de corrupción, nosotros construimos esperanza, futuro y justicia. Mientras ellos gobiernan para los de arriba, nosotros gobernamos con y para el Pueblo.

La Cuarta Transformación no es solo un cambio de gobierno, la Cuarta Transformación ha sido un profundo cambio de régimen. Y para que ese cambio sea duradero, debemos señalar con claridad lo que representa el viejo orden. Tabe y Lemus no son la excepción, son la regla dentro de la oposición conservadora.

Por eso, desde cada barrio, cada comunidad y cada espacio público, debemos seguir alzando la voz. Porque el Pueblo ya despertó, y no permitirá que regresen aquellos que convirtieron el poder en botín.

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