Pluma Patriótica

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El común denominador de la derecha

Con la fatídica invitación que hicieron hace unos días senadores del grupo parlamentario del PAN al dirigente español de VOX, se desató una discusión sobre los fundamentos ideológicos de la derecha y el conservadurismo en México.

Surgieron acusaciones de un ala dura que señaló de liberales y progres algunas posturas de la dirigencia panista. Fuera de una recapitulación que podría hacerse del intercambio entre uno y otro bando, vale la pena detenerse en examinar el común denominador de unos y otros. No son tan distintos.

Más que una idea acabada sobre la propiedad privada, la familia o la identidad nacional, a la derecha mexicana la distingue una profunda vena antipopular, un rechazo tan inconsciente como categórico a toda referencia que les evoque a los sectores subalternos.

Este rechazo va desde lo cultural y estético —cuando reniegan de la música regional mexicana o de la forma de vestir y hablar de la gente humilde— hasta la negación política —cuando se espera de los representantes populares refinamiento, altos grados académicos y dominio de varios idiomas—. Todo el que no encuadre con su batería de conductas de etiqueta política, es rupestre.

Del votante esperan a una suerte de opinólogo o técnico analista de políticas públicas. Gente que no necesita ganarse el pan de cada día con su fuerza de trabajo y que puede desperdiciar horas de su tiempo analizando plataformas electorales y propuestas de gobierno. Si por ellos fuera, volveríamos al voto censitario y a formar a nuestros gobernantes de un puñado de familias de la nobleza. Básicamente, su modelo son las monarquías constitucionales del siglo XIX.

Basta revisar en qué puntos de crítica contra AMLO coinciden el fundamentalista del frente por la familia y el periodista liberal del Reforma: “no hace política pública basada en evidencia”, “sus votantes son viles aplaudidores confesionales”, “mucho machete y poco bisturí”, “solo lo votan los pobres por los programas sociales”. Recientemente se lee en cuentas de derecha en redes sociales que le acuñaron al Presidente el apodo de “el garnachas”. Quizá nada sintetice mejor su desprecio por lo popular en lo político y en lo cultural.

Seguirá el debate interno en la derecha, pero que no se nos olvide que sea el más duro o el más dialogante, todxs quieren un país en el que no cabe el 70%.

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