El curioso caso de la especulación del agua

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El curioso caso de la especulación del agua

Por Antonio Castro | jueves, 14 de enero del 2021.

Una noticia que conmocionó los principales titulares de la prensa mundial el 8 de diciembre del año pasado y cuya discusión continúa en boga -con fuertes controversias a favor y en contra- fue la inclusión del agua en un nuevo índice de cotización en la bolsa de derivados más importantes del mundo “Chicago Mercantil Exchange (CME)”. Esto dado que el agua es esencial para la vida al ser un recurso indispensable para la sobrevivencia.

El CME es el mercado de instrumentos de derivados más grande del mundo y que concentra 3 millones de contratos de inversión al año. En este se estrena el nuevo ‘benchmark’ -punto de referencia utilizado para medir el rendimiento de una inversión- del precio del agua de California con promesas a futuro, basándose en el riesgo de escasez por tratarse de un recurso natural no renovable. Su clave de cotización es “Nasdaq Veles California Water Index (NQH2O)”. 

La síntesis anterior es el resultado del proceso histórico del modelo neoliberal en la etapa financiarizada de la economía mundial. Esta coloca lo financiero por encima de lo productivo, lo comercial y lo distributivo; como un régimen de acumulación con patrones, lógicas y leyes concretas de la actividad económica que es el límite y borde del sistema capitalista, por ser el ámbito más volátil y frágil de la economía por ser respaldado irrisoriamente. 

La financiarización surgió como una alternativa de la crisis económica del paradigma keynesiano de finales de los años 70 del siglo XX, al existir exceso de liquidez en los países desarrollados, lo que provocó la eliminación de las restricciones y barreras que impuso el régimen de acumulación de la posguerra -keynesianismo-. El efecto natural propio del sistema capitalista de producción es corregir errores y anomalías; por ello, se reubicó el capital en otros mercados debido al agotamiento productivo y comercial de los países desarrollados, que se encontraban ahogados por el exceso de liquidez que acarreó dicho agotamiento. Por ejemplo, en los países latinoamericanos se estableció capital extranjero proveniente de países desarrollados ya que tenían una fuerza de trabajo precaria y “abundantes” recursos naturales, además de colocar los excedentes de capital en el sector financiero bancario y bursátil -bolsa de valores-, lo que desconcentró y descentralizó el capital -dinero para invertir- para abrirle la puerta a un mayor número de inversionistas y aumentar la entrada y salida de capital en la especulación bursátil en los mercados de valores del mundo. Así, se dio un paso a la mundialización -globalización- del capital.

Poner lo financiero sobre lo productivo es bastante grave porque ocasiona distorsiones a la economía real -productiva y comercial-. En consecuencia, son recurrentes y con mayor profundidad las recesiones económicas en la era de la financiarización ya que la economía general se sustenta en los criterios de la esfera financiera, subordinada al riesgo y con grandes incertidumbres por falta de certeza en el comportamiento futuro de los procesos socioeconómicos, históricos y políticos -ahora de salud-. Esto  influye en la toma de decisiones; es decir, no se determinan con certeza las actividades productivas, comerciales y distributivas de la estructura económica. De esta manera, tampoco se vislumbran  los fenómenos que surjan en la súper estructura jurídica (que resguarda las relaciones políticas, ideológicas y morales de la sociedad), lo que crea escenarios con expectativas positivas a futuro de las ganancias de las mercancías valorizadas. No obstante, las expectativas pueden caer en un fenómeno ficticio, contraponiéndose a la realidad económica que se vive en tal o cual periodo. De manera que se crean burbujas especulativas de circulación de capital, haciendo que se invierta en el sector bursátil cantidades hasta 500 veces mayor a lo que realmente se está produciendo y comercializando en la economía real. Esto incita la distorsión de la  economía de los países por la entrada y salida de capitales en la bolsa de valores local, sin ninguna restricción, lo que impacta la inflación, el tipo de cambio, la tasa de interés, las deudas soberanas, el estancamiento salarial y la sobreoferta de mercancías en el mercado, causando una caída severa de la tasa de ganancia e iniciando una nueva crisis económica.

Sin embargo, el caso del agua es aún más alarmante porque es un recurso no renovable. Someter lo extractivo (que no tiene ninguna valorización de la fuerza de trabajo, pero sirve como insumo para la creación de mercancías) al juego de la especulación coloca los recursos naturales al servicio del mercado, fijándolos a las leyes de oferta y demanda, como una simple mercancía más, sin ver la importancia que representa el agua para la vida terrestre ya que es un elemento crucial para la sobrevivencia de todo lo que habita el mundo. La lógica del modo de producción capitalista, en cualquiera de sus regímenes y fases de acumulación, es en principio maximizar la ganancia y reducir costos de producción (salarios y materias primas). Esto conlleva devastación y depredación de la naturaleza y sus recursos con tal de obtener ganancia. De forma que colocar el precio de cotización del agua a contratos a futuro en el mercado de valores -con un índice de cotizaciones basado en las expectativas de uso de agua para a agricultura o cualquier actividad que lo requiera- ocasionará fluctuaciones de los costos y precios, con efectos de sobrevaloración de los contratos por la alta demanda de promesas -acciones- que se determinen en el juego de la especulación. Esto tendrá como consecuencia el sobreprecio de distribución y extracción del agua, lo que afectará a los pequeños productores agrícolas e iniciando una etapa de privatización del agua.

En consecuencia, la financiarización del agua sostendrá la devastación del medio ambiente por ser un recurso sustantivo para la naturaleza. Esto derivará en la combinación de la crisis climática con la del capital, lo que llevará a la ruina general del modelo en todas sus órbitas y florecerá su final o la extinción de la especie humana junto con su espacio de dispersión: la Tierra. 

Todo depende de nosotros y nosotras.
 

Por Antonio Castro | jueves, 14 de enero del 2021.

Antonio Castro

Colaborador del espacio colectivo la comuna. Oriundo de la ciudad de Saltillo. Es un fiel opositor del sistema capitalista; militante febril del obradorismo. En pie de lucha desde el fraude del 2006. Amante de las letras, el clima frío y lluvioso, e ir a las tabernas de noche a promulgar la 4ta Trasformación.

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