Pluma Patriótica

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El dilema del prisionero

Quienes hayan alguna vez estudiado teoría de juegos, recordarán el “dilema del prisionero”: un método de análisis para resolver cual sería el incentivo de las personas para cooperar o para delatarse, en el supuesto de que dos “prisioneros” están en igualdad de condiciones para ganar o perder su libertad.

El análisis consiste en que ambos están en posición de negociar su libertad a cambio de delatar a su compañero; se prevén todas las posibilidades donde caben todos los aspectos, desde la racionalidad de cada uno, hasta los valores que enarbolen.

Recientemente, el excandidato por la coalición PAN-PRD —quien, con toda la estructura de propaganda millonaria, tuvo pésimos resultados, los peores en años para el partido en el que milita— inculpó al Presidente Andrés Manuel López Obrador de persecución política, por ser acusado de lavado de dinero, desvío de recursos y recibo de sobornos a cambio de su voto a favor de la reforma energética en el sexenio de Peña Nieto.

Contradictoriamente, en su discurso dice no tener miedo mientras avisa que estará prófugo fuera del país; seguramente, para cuando publicó este dicho, ya estaba en Atlanta observando desde lejos.  Cabe destacar que la denuncia no fue puesta durante esta administración, sino en el sexenio anterior, y fue acusado por un compañero de su propio partido —Ernesto Cordero— quien, en vísperas de la elección de su candidato, lo denunció por varios delitos que lo implicaban en asuntos serios de corrupción. En aquel entonces podríamos deducir que el “prisionero” Ernesto Cordero prefirió delatar al “prisionero” Ricardo Anaya a cambio de debilitarlo al interior de su partido.

Emilio Lozoya, un testigo protegido y exdirector de Pemex, decidió repartir las culpas entre los involucrados, por lo que habría un cambio sustancial en las preferencias. ¿Por qué ahora? Porque si bien antes existía la certeza de complicidad en las instituciones, en este sexenio se ha sido claro en que se hará combate frontal a la corrupción.

Lozoya no fue el único “prisionero” involucrado en esta red de corrupción, todos los legisladores que votaron a favor de la reforma y, sobre todo, los dirigentes partidistas han tenido que enfrentar la deshonra pública de vender el voto.

Las situaciones de complicidad siempre han estado, lo que cambia es la preferencia; es decir: siempre ha existido una red en la que el común denominador es la corrupción —se podría contar desde el FOBAPROA hasta cualquier reforma del Pacto por México—,  lo que ha cambiado es la correlación de fuerzas entre las élites y, por supuesto, la falta de liderazgos de la oposición. Al no tener un posible proyecto articulador, las posibilidades de continuar en las dinámicas de “sálvese quien pueda” son mayores.

Sin embargo, llama la atención también la resistencia que aún tienen algunos de estos “prisioneros” para no delatarse. Algunos pensarían que es por una supuesta lealtad, pero lo que hay en el fondo es la creencia de la posibilidad de volver al poder; no es raro entonces que los dirigentes de los partidos de la oposición acudan por milésima vez a la OEA a denunciar al gobierno de México por persecución política y falta de democracia. Lo que debería ser la normalidad en cuestiones de denuncias, para la oposición es un ataque premeditado.

El dilema en el que se verán envueltos todos los “prisioneros” participantes será en delimitar sus propios intereses contra los del grupo al que representan: si cooperan entre ellos hasta el punto de empequeñecerse o si se acusan unos a otros. En cualquier caso, , tendrán que minimizar su posible pérdida. El dilema de traicionarse o no resulta poco atractivo contra la posibilidad de “salir todos bien librados”

Ante esta situación, en la que podría deducirse que los “prisioneros” actuarán de manera irresponsable, la otra herramienta de justicia a la que el Pueblo podría recurrir es la indignación colectiva como garantía de no repetición; es decir: ganar la batalla cultural a la corrupción, que si bien tiene su mayor medida de prevención vía las leyes, lo cierto es que mientras las personas tengan la noción de la corrupción como algo negativo, será la mejor vacuna contra las conductas inmorales e ilícitas.

En conclusión, esperemos muy poco de las intenciones de los “prisioneros”, incluidos a los que los grandes medios de comunicación intentan comparar con mártires o luchadores sociales. Sigamos desde las ideas ganando la batalla contra la corrupción.

 

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