Pluma Patriótica

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El EZLN a la consulta contra expresidentes

En la actualidad el EZLN es una de las voces más claras y visibles de la izquierda altermundista en México, que desde hace mucho (notablemente desde 2001), y con razones de peso, ha corrido al margen de la política electoral y con una desconfianza absoluta de todos los partidos y  funcionarios.
Hoy representa una postura crítica desde las izquierdas no necesariamente contra el gobierno de López Obrador en sí mismo, sino contra el sistema político mexicano y el modelo capitalista en general. Su voz opositora viene legitimada por estar inspirada en una ética firme, con la que se puede discrepar, pero no negar consistencia.
Hoy está en juego un ejercicio próximo de democracia directa: la consulta popular contra expresidentes. Apenas hace un par de días, el EZLN, a través de la voz del comandante Moisés, ha hecho un llamado a participar en ese mecanismo democrático en aras a dar fin a la impunidad.
No debe resultarnos sorpresivo ni inconsistente ese llamado zapatista. No se trata de una adhesión o simpatía por el gobierno de López Obrador, sino una reivindicación añeja en pos de la justicia.
No son pocos ni recientes los desencuentros entre el EZLN y el movimiento complejo, encabezado por AMLO, que hoy gobierna México. De las incipientes simpatías perredistas con el EZ en 1994, hasta ciertos intercambios ideológicos respetuosos entre López Obrador como dirigente perredista de 1996 a 1999, el escepticismo del movimiento indígena contra las izquierdas partidistas vivió un punto de inflexión tras la traición de los diputados del sol azteca que no apoyaron los acuerdos de San Andrés.
A partir de entonces, la distancia parece irresoluble, aunque, por razones éticas, el EZLN ha alzado la voz contra injusticias padecidas por el movimiento lopezobradorista. Dos momentos ilustradores. Febrero de 2005: el desafuero de López Obrador es ya una chicana antidemocrática en ciernes, cuando el EZLN se declara en contra de esa maniobra sucia y llama a movilizarse en contra de la injusticia. Don Pablo González Casanova -futuro integrante de la comandancia zapatista- publica por esos días uno de los más contundentes textos en favor de la justicia y en contra del desafuero del entonces Jefe de Gobierno. Más allá del escepticismo anti-partidos, el zapatismo da una muestra de grandeza ética al defender de una injusticia a un actor político que juega un papel en un escenario del cual ellos viven al margen: la competencia partidista y electoral.
3 de julio de 2006. Recién sabidas las trampas electorales del delincuente Felipe Calderón, el PRD se encuentra aún en una indefinición  y en un plano dubitativo, sin saber si deben esperar a recontar votos o impugnar la elección turbia.
El EZLN no se anda por las ramas. El zapatismo, a pesar de ser ajeno a la contienda, da otro ejemplo de solidaridad ética y se convierte en ese día en el primer actor político en México en denunciar abiertamente que lo ocurrido en la elección presidencial de 2006 fue un monumental fraude y que AMLO es el legítimo triunfador de la contienda.
Más allá de discrepancias y rutas distintas con el movimiento lopezobradorista, el EZLN ha sido consistente consigo mismo y ha tendió breves coincidencias con esa fuerza electoral. No es tampoco ninguna novedad decir que, en la base del lopezobradorismo, existe un fuerte influjo de militantes que simpatizan con el zapatismo y lo ven quizá no como compañero de ruta electoral, pero sí como inspiración histórica. Así lo definió el intelectual mexicano que, en un ejercicio de consistencia política, redactó el decálogo fundacional de Morena: Luis Javier Garrido.
La consulta contra expresidentes es un ejercicio inédito de democracia directa. Esa que el EZLN, bajo la premisa de «mandar obedeciendo», lleva lustros defendiendo.
Que hoy llamen a participar en ella, es una buena noticia.
Y asimismo, es un ejercicio de solidez ideológica y memoria.
Entre 1995 y 1996 se suscitaron los históricos diálogos de San Andrés, aquel intercambio entre el EZLN y otras fuerzas políticas en aras de recoger las demandas y ponderar las carencias de las comunidades indígenas en Chiapas. La intención de fondo iba hacia la creación de un estado plurinacional que reconociera y respetara las formas alternativas de gobierno de las comunidades indígenas.
Y había otra exigencia, entre muchas. Y esa era la de generar un juicio en contra de los ex gobernadores de Chiapas, galería de corrupción y autoritarismo en donde recaía buena parte de la responsabilidad del profundo dolor social en la región.
Los zapatistas, a diferencia de los comentócratas obtusos que rezongan la bobaliconada de que «la ley no se consulta», entienden muy bien que el problema de la impunidad en México no es enteramente legal, sino que tiene un componente político. Lo han padecido como nadie en carne propia.
Sanear ese problema es lo que pretende la consulta del primero de agosto. Además de ser un ejercicio necesario de democracia directa, es una gesta por la memoria y la dignidad.
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