El falso dilema del Tren Maya II

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El falso dilema del Tren Maya II

Por Martha Cajigas | martes, 30 de junio del 2020.

De un tiempo a la fecha, específicamente desde que ha tomado fuerza el debate sobre si es correcto o no ejecutar el proyecto del Tren Maya, se ha expandido una conducta asimilada en los grupos sociales que, de buena fe, se han colocado la camiseta del activismo ecológico por la península del sureste. Esta conducta es identificarse como voceros de las comunidades que, ellos mismos han dicho,  “no tienen voz” –en parte, sin duda, gracias al efecto de la exageración y el amplio marketing que le han hecho en redes sociales a los impactos negativos del proyecto.

Desear ser las y los portadores del mensaje de quienes no pueden hacerlo no está mal, pero al asumir esa postura se peligra de caer en una especie de paternalismo condescendiente, en la romantización del sureste como un paraíso en los márgenes de la vorágine de acontecimientos que suceden día tras día en nuestro país. Se corre el peligro de perder la noción de la realidad que los habitantes del sureste viven a diario, de olvidar que esa región también es México, y que, como en el resto país, sufren los mismos infortunios, pero profundizados por el grave problema de la pobreza y la marginación histórica. Al asumirse como portavoces, también se subestima la capacidad intelectual y de organización de los pueblos y, en muchas ocasiones, los mensajes que las y los portavoces desean compartir ni siquiera son mensajes directos de quienes viven en la región (en este caso, de la península de Yucatán), sino mensajes de organizaciones civiles, colectivos o investigadores que carecen de ética en su formación antropológica.

Esto concluye entonces en una visión superficial que ignora las entrañas de la conformación de una región actualmente multicultural, y todo queda vaciado en dilemas simplistas que exigen respuestas de sí o no, que intentan hacer creer que el desarrollo es sinónimo de devastación en pos del crecimiento económico; situación que, en incontables ocasiones, se ha demostrado no ser así. 

Si bien hay grupos dentro de las comunidades que han expresado no estar de acuerdo con el Tren Maya, hay muchas voces que, invisibilizadas por acciones mediáticas, expresan su deseo de tener conexión con otras ciudades para poder transportar sus cosechas o visitar a familiares que tuvieron que emigrar. Hay quienes están de acuerdo que es necesario desconcentrar el turismo de los polos de Cancún y Playa del Carmen (explotados ambientalmente), para llevarlo hacia el interior; se plantea una redistribución en donde las y los habitantes tengan opciones de trabajos que no los separen mucho de su cotidianeidad, pues actualmente la opción que encuentran es emigrar a las dos ciudades anteriormente mencionadas.

El Tren Maya, bien ejecutado, no representaría mayor impacto ambiental que el que ha existido en esa zona con la construcción de grandes centros turísticos y el que ha sido consecuencia de actividades ilegales. Al contrario, representaría un cambio de vida para el sureste del país. Nosotros, desde la comodidad que nos dan los beneficios que directa o indirectamente recibimos de las distintas actividades económicas (mucho más dañinas para el ambiente que el propio tren), no somos nadie para negarle esa oportunidad.

Por Martha Cajigas | martes, 30 de junio del 2020.

Martha Cajigas

Martha Cajigas Heredia. Maestra en Desarrollo Regional por el CIAD, A.C. Actualmente se desempeña en áreas relacionadas con políticas y programas federales para el desarrollo.

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