Ciudad de México a 14 diciembre, 2025, 1: 21 hora del centro.
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El fantasma de Bolsonaro ronda la antesala electoral de Brasil

Carlos Sánchez Nieto-Horizontal

Un año crucial se asoma en el horizonte político brasileño, donde la sombra del «bolsonarismo» busca un nuevo cuerpo, mientras la figura de Lula da Silva se perfila como un bastión del progresismo en América Latina.

La cuenta regresiva ha comenzado. Dentro de poco más de un año, el 4 de octubre de 2026, Brasil se prepara para vivir una de las jornadas electorales más trascendentales de su historia reciente. Por primera vez en casi una década, el nombre de Bolsonaro no figurará en las papeletas para la presidencia, un hecho que, lejos de enterrar su legado, ha desatado una frenética carrera en la derecha brasileña para encontrar a su sucesor.

El fin de la era Bolsonaro como actor político directo se selló el pasado 11 de septiembre, con una sentencia histórica. El expresidente, que soñaba con pasar a los anales de su país como un líder patriota, lo hará por motivos diametralmente opuestos. El Tribunal Federal (STF) lo condenó a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe de Estado, convirtiéndolo en el primer exmandatario en recibir tal veredicto en la historia de la nación.

La decisión, aunque esperada por todos, sacudió los cimientos de la política, pero la sociedad la recibió con una calma asombrosa. Bolsonaro ya se encontraba inhabilitado desde 2023 por abuso de poder, pero esta condena es el golpe de gracia a cualquier aspiración de retorno. No obstante, en los rincones más leales a su ideología, la palabra «amnistía» ha comenzado a resonar con fuerza.

La búsqueda del perdón: ¿una esperanza o una quimera?

El debate sobre un posible perdón presidencial o una amnistía colectiva se ha instalado en el Congreso. Los seguidores de Bolsonaro, aferrados a la idea de una «caza de brujas» liderada por el juez Alexandre de Moraes del STF (incluso sancionado por la administración de Donald Trump en Estados Unidos), no se rinden. El Código Penal brasileño contempla opciones como el indulto colectivo o la gracia individual, y algunos gobernadores de derecha, como Tarcísio de Freitas, Ronaldo Caiado o Romeu Zema, han prometido que, de ser elegidos, concederán ese perdón.

Sin embargo, el camino es tortuoso. El propio STF ha dejado claro que los crímenes contra la democracia no son susceptibles de amnistía. Una ley federal del Congreso podría ser una alternativa, pero la última palabra siempre la tendrá el máximo tribunal. Por el momento la amnistía no está descartada, ya que un sector del centro político podría apoyarla para evitar la radicalización, pero su aprobación no está garantizada.

Este pulso político se ha convertido en una pieza clave del ajedrez electoral. La posible votación de la amnistía funcionaría como un «divisor de aguas» para el presidente Lula da Silva, revelando quién está realmente con el Gobierno y quiénes se alinearían con la oposición para los próximos comicios.

El escenario de la derecha y el resurgir de Lula

A pesar del encarcelamiento de Bolsonaro, el «bolsonarismo» como movimiento no desaparecerá. La derecha y la ultraderecha aceleran las negociaciones para encontrar un candidato que unifique a un electorado que, en un 54% según las encuestas brasileñas, rechazan la amnistía para los golpistas.

En este contexto, el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, exministro de Bolsonaro, emerge como el candidato más probable. Su desafío es conciliar a los sectores más radicales del «bolsonarismo» con el electorado de centro y los poderosos grupos empresariales que lo ven como su líder natural. Su reciente endurecimiento del discurso, con críticas al STF, es una estrategia para ganarse la confianza de la familia Bolsonaro, que aún no renuncia a la idea de que el patriarca es el único líder.

Mientras la derecha se enreda en sus propias luchas internas, el presidente Lula da Silva consolida su posición. Su regreso al poder en 2023 se dio gracias a un amplio frente que unió a partidos de izquierda y derecha para frenar a Bolsonaro. Hoy, las encuestas lo muestran como el ganador en una posible segunda vuelta frente a una larga lista de oponentes, incluyendo a los principales gobernadores y miembros de la familia Bolsonaro.

Cuarto mandato de Lula: un impulso para el progresismo latinoamericano

Las señales apuntan a que Lula buscará la reelección. A pesar de su edad, su estado de salud es óptimo y su popularidad ha experimentado una notable recuperación gracias a indicadores económicos positivos y la reducción de la inflación. Además, ha sabido capitalizar la «bandera del patriotismo», despojándola de la ultraderecha, especialmente tras el apoyo de sectores bolsonaristas a las sanciones económicas impuestas por la administración de Donald Trump contra Brasil.

Si Lula da Silva se presenta, como es lo más probable, las opciones de la izquierda para sustituirlo se limitan. Nombres como el de Fernando Haddad, Simone Tebet o Geraldo Alckmin, aunque fuertes, no tienen la misma popularidad ni el mismo peso político que el actual presidente.

De confirmarse la victoria de Lula en las elecciones de 2026, Brasil se reafirmaría como un pilar fundamental del progresismo en el hemisferio. En un continente donde la derecha ha logrado importantes avances en países como Argentina y ha consolidado su presencia en otros, la reelección de Lula sería un contrapeso de enorme significado. No solo significaría un cuarto mandato para el líder del Partido de los Trabajadores, sino que también enviaría un mensaje claro sobre la fortaleza de las instituciones democráticas brasileñas y la resiliencia de los movimientos populares. Esta victoria de en 2026 se traduciría en una victoria para el progresismo, reavivando la esperanza en una América Latina que busca su rumbo en medio de la polarización política.

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