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El Fobaproa como mecanismo de biopolítica

postal PP horizontal Miguel Vicente

El Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), creado en 1990 y convertido en deuda pública tras la crisis financiera de 1994, representa uno de los episodios más controversiales de la historia económica mexicana.

Más allá de su dimensión técnica y económica, en esta columna nos gusta mostrar los efectos metafísicos de los temas políticos, por eso el Fobaproa puede y debe ser interpretado por supuesto desde una perspectiva filosófica, pues plantea profundas preguntas sobre la justicia, la responsabilidad y el papel del Estado en la vida común.

Desde la filosofía moral, el caso Fobaproa encarna una ruptura del principio kantiano de autonomía y justicia. Immanuel Kant, en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), sostiene que “la humanidad debe ser tratada siempre como un fin en sí mismo, y nunca como un medio”.

Que importante es esto último, es el “humanismo mexicano” al que se refería “El Soberano”, convertir la deuda privada de los bancos en deuda pública implicó usar a millones de ciudadanos —la mayoría sin responsabilidad en la crisis— como medio para rescatar a sectores privilegiados. Esto violenta la dignidad de los individuos y subvierte el contrato moral que nos explicaba Rousseau y que debe regir toda república.

El Fobaproa transfirió recursos del erario —financiado por toda la sociedad— a bancos y empresas, exacerbando la desigualdad. Bajo esta óptica, la acción del Estado no fue justa ni equitativa, sino regresiva, según John Rawls en Teoría de la justicia (1971) propone lo que llama el “principio de la diferencia”, según el cual las desigualdades solo son justas si benefician a los más desfavorecidos.

Incluso desde la ética de la responsabilidad, como la formula Hans Jonas en El principio de responsabilidad (1979), volviéndolo a citar como la vez pasada, el Fobaproa representa una advertencia. Jonas sostiene que las decisiones políticas y tecnocráticas deben considerar sus efectos a largo plazo y sobre generaciones futuras.

Otra vez, convertir deuda privada en deuda pública no solo afectó a los ciudadanos de entonces, sino también a los que aún no nacían, comprometiendo recursos fiscales durante décadas. Este acto rompe la cadena moral de responsabilidad intergeneracional.

Finalmente, desde nuestro pensador del poder favorito: Michael Foucault, el Fobaproa puede entenderse como un mecanismo de biopolítica, donde el Estado regula la vida social a través del control económico y financiero. En Nacimiento de la biopolítica (1979), Foucault describe cómo el neoliberalismo transforma al ciudadano en sujeto endeudado, cuya vida está determinada por las decisiones de mercados que escapan al control democrático.

El Fobaproa no fue solo una maniobra financiera, sino un acto ético-político que redefinió la relación entre Estado, ciudadanía y poder. Analizado filosóficamente, muestra los límites de la justicia institucional cuando el interés privado se impone al bien común.

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