Pluma Patriótica

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El General sí tiene quien lo lea (V)

La relación del General Lázaro Cárdenas con la universidad y los universitarios no fue tersa. Aunque lo más exacto sería reconocer que estuvo atravesada por momentos controvertidos.  Esto se derivó en parte de su cultura revolucionaria. Francisco J. Múgica describía al General como un “autodidacta”, que no conocía “ni teorías filosóficas ni sistemas de orden social con una amplitud universitaria”, pero que había sentido “el rigor del acaparamiento de la tierra y el desamparo de los trabajadores manuales” del país.

El General Cárdenas explotó a su favor las implicaciones políticas de la observación de Múgica. Es decir, contaba con claridad suficiente sobre el comportamiento de la academia y la universidad, de su talento y potencialidad, pero también de sus límites y falta de pericia. Por ejemplo, como en otro artículo lo dejamos ver, en su momento el General señaló que los juicios negativos de Luis Cabrera sobre su gestión como presidente de México provenían de “su mentalidad y preparación universitaria”.

En otra ocasión, en una carta fechada el 21 de enero de 1963, Cárdenas se lanzó sin piedad contra Salvador Azuela. Ante las críticas que éste y el expresidente Emilio Portes Gil hicieran al afirmar que el Movimiento de Liberación Nacional (que fundó Cárdenas) estaba inspirado en el comunismo internacional, el General le escribió al hijo del novelista Mariano Azuela, en los siguientes términos:

“Lo oí hablar a usted en un discurso que dirigió hace más de 30 años en un aniversario del natalicio del gran insurgente D. José María Morelos y Pavón, y admiré su facilidad de palabra, pero acusando en la esencia de su oratoria que aún no entendía usted ni los sentimientos del gran patriota insurgente ni las causas de la Revolución, del régimen al que entonces servía usted, y es que en las aulas universitarias no estuvo a su alcance conocer y sentir los problemas del Pueblo, y muy lejos estuvo usted en aquel discurso de entender por qué la lucha y por qué las víctimas de esa propia lucha.”

Las duras palabras del michoacano permiten confirmar que, en ciertos momentos muy específicos, veía en la cultura universitaria un obstáculo para las tareas de la revolución. Y es que, por otro lado, realmente estaba consciente de la función esencial de los universitarios para consumirlas, tal como lo había hecho cuando fue gobernador de Michoacán (1928-1932), donde contó con el apoyo decidido de los estudiantes y profesores de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo.  Es por esto por lo que, en sus palabras dirigidas a los universitarios del país en 1935, ya como Presidente de la República, insistió en buscar su apoyo:

“Los funcionarios de la administración no tenemos prejuicios en contra de la alta cultura, por lo contrario, es nuestro deber que todos sus representativos sumen sus esfuerzos a los nuestros para hacer efectivo el programa de mejoramiento económico y el propósito de acabar con las supersticiones que afectan a nuestro Pueblo.»

En esencia, el General Cárdenas conocía bien los méritos y los vicios de la universidad y los universitarios. Sabía que su preparación podía apoyar eficazmente en los trabajos urgentes de su programa revolucionario (la alfabetización y la lucha contra las supersticiones), pero también que eso requería de parte de ellos un acercamiento auténtico con los problemas de la sociedad, y que, sin esta característica, la cultura universitaria podría estar más bien alentando los intereses de la reacción.

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