Pluma Patriótica

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El Golpe a la idea de Golpe de

El Golpe a la idea de Golpe de Estado

Es muy curioso cómo en situaciones críticas las caretas caen a una velocidad y con un peso inusitados. Por un lado, es afortunado porque permite ver con claridad aquello que bien disfrazado puede dejar de ser terrorífico, pero por el otro, la desnudez del engaño con el que podíamos fantasear en la idea de una evolución social, nos obliga a regresar a discutir asuntos que parecían, sólo parecían, superados. Y lo estamos teniendo que hacer casi que con diccionario en mano.

Hace sólo unos meses nunca hubiéramos creído necesario debatir en México sobre lo que es un Golpe de Estado en pleno siglo XXI y con toda la experiencia latinoamericana a cuestas.

Preocupante revelación ha resultado, sin embargo, la forma en que en los últimos días gran cantidad de quienes se encontraban a cargo de darle un significado a los hechos en Bolivia en noticiarios, prensa y en la opinión publicada, buscaron primero no nombrarlo, como si se tratara simplemente del producto de una división social legítima de su población, luego justificarlo bajo el mismo argumento, para finalmente concluir, ya obviando absolutamente los márgenes de la legalidad, que la ruptura del orden constitucional por parte de la triada constituida por las Fuerzas Armadas, las policiacas y la oligarquía boliviana – legitimadas desde afuera por instancias internacionales que han sido todo menos garantes de la democracia y los derechos humanos – no fueron responsables del escenario que hoy se vive en Bolivia.

De manera casi surrealista, quienes hace unos meses se llenaban la boca de cuestionamientos sobre la naturaleza del mando de la Guardia Nacional y no pierden oportunidad para hablar de la importancia de las instituciones democráticas y se dicen sus defensores y representantes, en dos segundos lograron darle la vuelta a su propio discurso para defender la destitución militar de un gobierno democráticamente constituido y la autoproclamación de una presidencia interina a todas luces ilegal e impuesta bajo las reglas de cualquier dictadura identificable.

A partir de ahí, lo que ha venido sucediendo en la narrativa de los acontecimientos en parte de la prensa y la opinión de algunos actores políticos y otras “voces autorizadas” es insólito. Derivado de su torcida interpretación, que en muchos casos raya en el racismo declarado, Evo Morales no es un presidente legítimo que se convirtió en perseguido político, sino un fugitivo de la justicia al que México decidió proteger. La loable, dignificante y soberana tradición nacional de brindar asilo por razones humanitarias ha sido tergiversada a tal punto en algunas voces, que el gobierno ha tenido que salir en su defensa.

El colmo de la mezquindad es el vuelco que la discusión ha dado cuando el tema de los últimos dos días es: con qué dinero va a mantenerse a Evo Morales, lo que ha detonado una fiscalización puntual de dónde come, quién y cuántos lo escoltan y hasta qué dice sobre lo que está pasando en su país, deslizando el mensaje de que no tendría derecho a ninguna de estas cosas.

Estamos en un punto en el que la prostitución de los términos y la relatividad con que se ha interpretado la crisis de Bolivia no da lugar para ningún matiz. Llamar las cosas por su nombre tiene hoy una relevancia absoluta, no solamente por el valor ético de hacer honor a la verdad, sino porque la caja de pandora que ha venido abriendo podría convertirse en un muy desafortunado espejo del futuro de nuestro propio país. Quien hoy no lo vea, o bien es profundamente irresponsable, o carga consigo esa agenda siniestra.

Azul Alzaga Magaña. Analista política y social, politóloga del CIDE y fundadora de la Asociación Civil Observatorio de la Justicia A.C. Actualmente es colaboradora de Milenio como columnista invitada en temas políticos, en materia de comunicación, seguridad y justicia, así como co-conductora del noticiero dominical de las 22:00 y del segmento de entrevistas La conversación

@azulalzaga

Otros textos de la autora:

-Derrotas y derrotas

El tema ambiental: Empezar por la fuente

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