Pluma Patriótica

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El INE sí se toca

Es de vital importancia entender que México es una democracia electoral con sufragio universal; la ciudadanía es completamente funcional. La fuerza política pluralista más representativa de la sociedad mexicana está muy disputada en las elecciones locales y federales, la separación de poderes es intensa y el sistema constitucional de pesos y contrapesos se conserva. Sin embargo, es necesario pasar de una democracia electoral a una democrática. Para ello es indispensable actualizar y mejorar el sistema político de nuestra época, adaptado a las nuevas generaciones y con una visión más amplia y de futuro. Los estados en nuestro país tienen sus reglas y sistemas electorales. Además, nuestro diseño institucional no siempre fomenta la concertación ni el diálogo y la corresponsabilidad entre los poderes, lo que dificulta la tarea de una gobernabilidad efectiva. Este hecho puede socavar la legitimidad de nuestro sistema político porque existe un riesgo real porque la democracia consiste en una verdadera representación.

Por eso, según el Latinobarómetro, solo el 27% de los mexicanos estaría satisfecho con nuestra democracia. En 2010, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Cultura Política (ENCUP), solo 6 de cada 10 mexicanos creían que la democracia era la mejor forma de gobierno. En consecuencia, debe promoverse la responsabilidad compartida y la cooperación entre la legislatura y el gobierno federal para poder concluir en un acuerdo y la mayoría de los votos necesaria para su discusión y aprobación. El paso al gobierno es otro factor que hay que reformar por sus excesos, puesto que la extensión del tiempo que tuvieron las anteriores administraciones hizo que la nueva fuera menos eficiente e impidió que el Presidente influyera decisivamente en la elaboración del presupuesto de su primer año en el cargo. Otro obstáculo para la democracia de resultados es la distancia percibida entre los votantes y sus representantes que pueden cambiar la situación con mecanismos de rendición de cuentas y como la reelección legislativa.

Las reformas electorales propuestas por el Presidente Andrés Manuel López Obrador tenían como objetivo reducir los costos del sistema político de México, pero la iniciativa ha estado sumida en la controversia y ha atraído a cientos de miles de personas a marchas en la Ciudad de México y más de tres docenas de ciudades alrededor del mundo. Todo bajo el supuesto de que la propuesta que, según la oposición, era una estrategia para eliminar el organismo electoral autónomo del país, el Instituto Nacional Electoral (INE).

La iniciativa, que se espera sea votada por la Cámara de diputados a finales de año, propone ajustes a la burocracia electoral y legislativa y recortes a los presupuestos de los partidos. Los líderes del Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática y el Partido Revolucionario Institucional anunciaron que votarían en contra del proyecto de ley luego de manifestaciones a nivel nacional convocadas por unas 50 organizaciones cívicas, partidos políticos y legisladores de la oposición.

López Obrador, por su parte, calificó las protestas de «racistas» y «clasistas» y dijo que él y su partido Morena, con mayoría en el Congreso, tienen alternativas en caso de que fracasen las elecciones de reforma constitucional en el Congreso.

Recordó que la reforma constitucional requiere las dos terceras partes de los votos en la Cámara de Diputados y el Senado de la República, pero advirtió que Morena no cuenta con esos votos.

Comentó que, sin violar la constitución, se podría introducir la ley o reforma a la ley electoral, incluso buscando elegir mediante referéndum, a los asesores y jueces del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Judicial Federal Electoral (TEPJF). “Tal vez no se reúnan más diputados, no 500, sino 300 (representantes) para ver si hay posibilidad de hacer reformas de acuerdo con la constitución. Las reformas constitucionales serían lo ideal, pero es en interés de los oligarcas”, dijeron que no quieren democracia», dice. «Debido a que la democracia es tan importante, probablemente reformaré las leyes que no requieren dos tercios.

En mi opinión, todas las instituciones deben tocarse, cuestionarse, investigarse, transformarse y mejorarse, creer que una institución debe ser intocable es muy poco democrático.

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