Esa fue la pregunta que varias compañeras y compañeros reporteros dirigieron al sector opositor durante la última marcha convocada en contra de la elección judicial. Muchos de los manifestantes respondieron de manera afirmativa.
“Ahora sí se debe tocar”, dijeron algunos, reflejando su rechazo sistemático a cualquier propuesta de cambio, refiriéndose al proceso inédito del 1 de junio. Esta postura dejó en evidencia la resistencia conservadora que se opone a cualquier transformación del sistema vigente (sin antes analizar si es bueno o malo, dejaron en claro que su tarea es oponerse a cualquier cambio).
En las últimas conferencias mañaneras, la Presidenta Claudia ha dejado salir a la luz el tema de una reforma electoral, que claramente se veía venir después del último proceso electoral, y recordando que se encuentran en los 100 puntos de la Dra. Sheinbaum. Anteriormente, ya se habían puesto las cartas sobre la mesa durante el sexenio del presidente López Obrador, con la transformación de INE a INEC, la propuesta de un cambio de representatividad, la disminución del presupuesto a los partidos políticos, entre otros puntos más.
El debate quedó abierto y evidenció la necesidad de revisar con lupa el funcionamiento de nuestro sistema electoral, y hoy el escenario se vuelve más propicio para retomar esta discusión.
Por supuesto que se requiere una reforma electoral, que responda a la evolución y al progreso de nuestro sistema democrático, garantizando que cada una de nosotras y nosotros podamos vivir plenamente, de manera transparente e informada, todos los procesos electorales de nuestro país.
En el caso de las plurinominales, se debe buscar una solución que evite lo que hemos visto en múltiples sesiones del legislativo, la arrogancia y enajenación a la representatividad de la voluntad del pueblo mexicano.
El replanteamiento de la ejecución de los recursos públicos, la transparencia, los mecanismos para evitar el financiamiento ilícito, la ejecución de los procesos electorales, y sobre todo el fortalecimiento de las instituciones encargadas del tema electoral, puesto que es indispensable que el pueblo pueda confiar en sus instituciones, para comenzar a visibilizar otro panorama que permita facilitar el voto en el extranjero, y desde diferentes partes de la república, entre otros aspectos.
Nadie pone en tela de juicio la importancia de nuestras instituciones electorales; sin embargo, claro que deben ser reformadas con constancia, de acuerdo con las necesidades democráticas del país, los cambios sociales, tecnológicos y políticos a los que se enfrentan, así como los desafíos que vivimos.
Debemos comprender que la legitimidad también se encuentra dentro del sistema electoral. Este no existe por existir, se debe garantizar su capacidad de evolución y adaptación de respuesta a la exigencia ciudadana de transparencia, imparcialidad y participación incluyente. Una reforma electoral no debilitará, fortalecerá a las estructuras institucionales que son fundamentales para la vida democrática.





