Pluma Patriótica

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El litio y su potencial en la transición energética

El mundo demanda un cambio drástico para hablar de una verdadera “nueva normalidad” en el marco de la pandemia de covid-19. El cambio drástico debe estar compuesto por una transformación económica, social y medioambiental. El ámbito energético tiene repercusión transversal, y el litio juega un papel relevante en el cambio que está puesto en marcha no sólo para la vida en la Tierra sino para los viajes aeroespaciales —a donde los derivados del petróleo ya no están invitados pues la electricidad se perfila como una de las alternativas preferidas—.

Al ser la electricidad una alternativa popular entre quienes fabrican nuevos aparatos y vehículos de transporte, el almacenaje de energía juega un papel muy relevante. Ahí es donde el litio entra en escena.

El litio es un elemento químico, cuya forma pura es un metal blando de color blanco plata y que se oxida rápido en aire o en agua. Es el elemento sólido más ligero, ya que su densidad es la mitad de la densidad del agua. Se le emplea en aleaciones conductoras de calor y aunque principalmente se le usa para conservar electricidad, también está presente en otras industrias como la salud —sus sales son utilizadas en la psiquiatría para la atención de trastorno bipolar—. En submarinos se le utiliza para depurar el aire extrayendo el dióxido de carbono.

En 2019, el Nobel de Química fue para John B. Goodenough, Akiro Yooshino y Stanley Wittingham por su trabajo ya que impulsará de forma sensible la utilización de las baterías recargables de iones de litio, potentes y ligeras, que almacenarán energía de fuentes renovables como la solar o eólica, lo que sienta las bases de una sociedad libre de combustibles fósiles.

Libre de combustibles fósiles… pero no de problemas. Si bien el petróleo es no renovable, altamente contaminante; en su desplazamiento por el litio se deben evaluar los escenarios ambientales, sociales y económicos de un contexto globalizado. De nuevo, México es un país afortunado pues el primer paso —la posesión de dicho elemento— está garantizado, como lo estuvo durante la etapa de auge petrolero.

Los depósitos explotables de litio en México se encuentran en Sonora, Chihuahua, San Luis Potosí, Coahuila, Zacatecas, Jalisco y Puebla; en sus municipios se encuentran 11 yacimientos: el gobierno ha tomado el control de cuatro, mientras que los otro siete son administrados por empresas privadas en concesión. El área encargada de estudiar los yacimientos en México es el Servicio Geológico Mexicano que realiza un muestreo para conocer el potencial de esos proyectos.

Según el portal estadístico alemán “Statista”, en 2018 el país que produjo más litio fue Australia con 51 mil toneladas, seguido de Chile con 16 mil, China con ocho mil y Argentina con 6 200 toneladas.

Un aspecto muy importante del litio es que no se encuentra profundo o en las entrañas del subsuelo —como en las minas—, sino sobre una capa superficial y con poca profundidad según cada caso. Pero en Bacadéhuachi, municipio sonorense, este elemento se encuentra en la superficie, donde recibe intensa y directamente energía del sol, lo que se considera más valioso ya que necesita menos inversión. Se estima que este yacimiento, concesionado a la inglesa “Bacanora Lithium” tiene el potencial de producir 243.8 millones de toneladas, lo que le convierte en el mayor yacimiento a nivel mundial.

La compañía inglesa “Bacanora Lithium” está aliada con la compañía china “Ganfeng Lithium” —uno de sus clientes principales es Tesla, de Elon Musk— y se estima que al empezar operaciones su primera capacidad sea de 17 500 toneladas al año, lo que se duplicaría a 35 000 toneladas para el segundo año, generando 1 200 empleos que podrían aumentar en la medida que la planta se amplíe.

Así, ya comenzó la carrera en el camino hacia la recarga de las baterías con iones de litio de computadoras, teléfonos celulares, robots, aparatos propios de la inteligencia artificial y de los viajes largos de vehículos terrestres o aéreos, de vuelos espaciales con pasajeros numerosos o en fuentes de recarga en las diversas estaciones espaciales. Ahora están enfrente los retos en materia de uso y disponibilidad de agua no salada para la explotación de los yacimientos de litio, un reto que ya acaparaba los reflectores de la geopolítica internacional antes de estos hallazgos, pero que actualmente es acentuado en el marco de la pandemia del covid19, que demuestra mes con mes las consecuencias de pensar desde una perspectiva del máximo beneficio financiero, pero no necesariamente económico, social ni medioambiental.


Artículo redactado con información del Dr. Jorge Ramón Serrano Moreno.

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