Pluma Patriótica

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lunes, 8 marzo, 2021
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El lobo disfrazado de oveja

Un lobo hambriento caminaba por el bosque buscando algo que comer. Cuando ya no podía más, se sentó y fue cuando tuvo una idea. Pensó: “Si como lobo no puedo agarrar ni una sola presa, entonces cambiaré mi apariencia y con el engaño podré comer.” Y esto fue lo que hizo el lobo para obtener su comida. Se disfrazó con la piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor. 

El feminismo es de los temas que me parecen más complejos y complicados para abordar, ya que es bastante delicado, toca muchas fibras sensibles, y hay que tener mucho cuidado con lo que se comenta u opine, porque hablar sin tener un comentario asertivo podría provocar malestar en la sociedad, u ocasionar ofensas. Por tanto, en este artículo hablaré más sobre el oportunismo que rodea esta justa causa, ya que algunos grupos políticos y empresariales están utilizándolo para sus pretensiones, en lugar de impulsarlo realmente.

¿Dónde estuvieron antes?

El miserable oportunismo político no pudo ser ejemplificado como lo hizo el monero Antonio Rodriguez con un cartón: aparecen tres personas encapuchadas, cada uno con su pin del PRD, PAN y PRI respectivamente, sosteniendo un letrero que dice: “#NI UNA MENOS”, y el otro le contesta: “Ya no hay nada que podamos robar… sólo las demandas sociales”.  Sin duda, fue una crítica contundente y oportuna, ya que los grupos afines a la derecha están buscando robar una de las causas más legítimas que ellos nunca atendieron y siempre ignoraron, y de la que ahora pretenden apropiarse injustamente. Ahora resulta que son feministas, cuando nunca lo fueron cuando gobernaron; jamás atendieron las reformas en el Congreso a pesar de que eran mayoría; ninguna vez se le dio protección ni seguimiento a ante los feminicidios en Ciudad Juárez ni en el Estado de México. Ahora, de repente, aparecen y se apropian de su dolor.

La derecha nunca ha sido feminista, pero que lo apoye resulta anecdótico y antinatura, pues su conservadurismo es en gran parte el problema que provocó la desigualdad de género, la cual se incrustó en la familia hace muchos años. Ya que lo que busca el conservadurismo es mantener el “statu quo”; es decir, que el estado de las cosas se mantenga sin cambios, que siga de la misma manera. En consecuencia, ellos pretenden que se continúen con los mismos roles de la típica familia mexicana, esto es: que la mujer tenga la tarea de ser ama de casa, que cuide a las y los hijos, que sea sumisa y servicial con su marido. Por su parte, el hombre debe ser el sustento económico de la familia, o sea, quien provee alimentos, y fungir como la imagen fuerte.  En cambio, los liberales buscan lo opuesto: las libertades en sus derechos y desarrollo social y político. 

La Iglesia ha jugado un papel sustantivo en mantener durante años en la familia esta forma conservadora y tradicionalista, en donde los roles de género son muy específicos. Ya que así se encamina a que se lleve a cabo, desde su estructura misma en la que los curas son lo que dominan, mientras que las monjas tienen un papel secundario. Esta formación religiosa y cultural lleva tratándose durante siglos en nuestro país, por lo que las familias han formado hombres dominantes y machistas que no van acorde a la nueva realidad. 

Todo esto está cambiando muy lentamente, pues las mujeres han ido reclamando su lugar dentro de la sociedad. Ahora se pueden apreciar mujeres empresarias, gobernantes y líderes de opinión exitosas. Sí hay un cambio, pero los grandes cambios son los que se deben dar en el México profundo, donde persiste el machismo y aún no toleran la mujer libre e independiente.  En otras palabras: se debe romper con ese velo conservador que pretende mantener a una mujer sumisa y dependiente. Curiosamente, ahora los conservadores son los que buscan mediante el oportunismo arropar este movimiento feminista.  

Aunque el feminismo tiene más de tres siglos de historia, no pertenece a una corriente política, ya se trata de un movimiento social, aunque siempre ha ido de la mano de la izquierda y del progresismo. Estas corrientes ideológicas pretenden establecer en la sociedad ideales de derechos y libertades. Empero, resulta que la derecha conservadora busca curiosamente alimentar estas protestas para confrontar y golpetear al gobierno del Presidente López Obrador, ya que no cuentan dentro de su almanaque con causas justas que del Pueblo pueda acoger, ni mucho menos causas que tengan que ofrecer. Entonces, dichos partidos políticos pretenden robar aquellas demandas sociales para simular cierta empatía y cobijo ante los reclamos de los grupos feministas, cuando lo que realmente tienen debajo de la máscara, o del lobo disfrazado de oveja, es un interés político para regresar al poder, y utilizarlo para las próximas elecciones. Yo les diría que tengan mucho cuidado con la atención de aquellos que durante tanto tiempo les dieron la espalda y de quienes ahora buscan desesperadamente llamar la atención para dizque brindad apoyo y solidaridad. 

Como dato: durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón, se registró el mayor número de feminicidios, ya que entre 2007 y 2012 se cuantificaron alrededor de 3 mil 847 casos. Esto arrojó una investigación realizada por el Instituto Belisario Domínguez, cuyo análisis demostró que durante el periodo 2007 al 2012 la violencia homicida hacia las mujeres incrementó drásticamente en aproximadamente 155 por ciento. Esto es; los asesinatos pasaron de mil 083 en 2007 a 2 mil 764 en 2012. No por nada se llegó a catalogar a Felipe Calderón como el presidente del feminicidio. Por su parte, Enrique Peña Nieto terminó su sexenio con una tasa de asesinatos al alza ‒un 14% por ciento en relación con Calderón‒ incrementando el número de víctimas de homicidio y feminicidio en aproximadamente 32 mil al finalizar su mandato. 

Los gobiernos del PRI y PAN no tienen ni legitimidad para hacerse los solidarios, ni mucho menos tienen credibilidad: basta con dar un vistazo a sus gobiernos y a lo que hicieron en los Congresos, ya que jamás fueron su prioridad. Lo mismo sucede con Víctor Trujillo y su personaje “Brozo”, quien enfrenta diversas acusaciones de misoginia por presentar a mujeres como si fuesen objetos sexuales, y utilizando comentarios para referirse a ellas como tal. Este tipo de programas resultaron muy perjudiciales para las familias, ya que se reforzaba ese trato despectivo. Considero que Brozo debería primero pedir unas disculpas antes de querer hacerse pasar por alguien que las apoya en la lucha, pues ‒como mencioné‒ no le queda, ni tiene credibilidad para ahora disimular que está apuntalando la causa. 

Los grupos feministas deben aprovechar este momento del oportunismo político que están usando los conservadores para exigir los compromisos pendientes y lograr reformas en el Congreso. Es decir: si realmente existe el apoyo, que lo den, pero con los cambios sustantivos a la ley, porque son muchos los cambios que se requieren y tener la legalidad de las causas faltantes es imperativo y oportuno.

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