miércoles, 15 abril 2026

El Ministro de origen indígena que nadie vio

Hay una pregunta que se ha vuelto consigna entre ciertos “gurús” de televisión y análisis políticos, “¿Cómo demonios ganó Hugo Aguilar Ortiz si nadie, claro, nadie de ellos, lo conocía?”
La respuesta es sencilla y dura, porque el país real ya no pide permiso al país imaginario de la comentocracia.

Federico Anaya, en su magnífico texto Hugo entre los zapotecos, documenta la ruta del próximo ministro presidente de la Suprema Corte, abogado mixteco, defensor comunitario desde los años noventa, militante de la comunalidad antes de que la palabra fuera cool; pero para Leo Zuckermann y compañía, si no aparece en su grupo de WhatsApp o en la lista de invitados de ciertas reuniones, simplemente “no existe”. Ahí nace el berrinche.
El argumento clasista es perversamente simple, “Si yo, miembro de la élite ilustrada, no lo ubico, entonces no puede ser apto.” Olvidan que la elección judicial de 2025 , como las del 2018 y 2024, fue un baño de realidad, votó la gente, no los “expertos”. Y la gente reconoció en Aguilar Ortiz algo que a la Corte le escaseaba, raíces en el campo y no precisamente de golf.

El colmo llegó cuando, en vivo, Zuckermann confesó que “nunca había oído de Hugo”. Vanessa Romero le respondió con elegancia devastadora, “¿Cómo pretendes entender al país si no conoces a quien el país eligió?” . Los aplausos se escucharon hasta la sierra mixteca.

De inmediato los «expertos» lanzaron el salvavidas del desprestigio, que si la cédula, que si la experiencia, que si “gato de AMLO”. Bastó un par de clics para descubrir, como reseña Anaya,  que la cédula existe desde 2010 y que la experiencia judicial puede medirse, por ejemplo, en once zapotecos liberados del penal de Ixcotel gracias a la estrategia de un tal Hugo… cuando muchos analistas aún debatían en sus tesis de posgrado.

Lo que molesta no es la hoja de vida; es el espejo que les devuelve. Hugo Aguilar Ortiz no pasó por sus clubes, no pertenece a sus apellidos compuestos, no cenó en sus mesas de mantel largo. Y sin embargo presidirá la Corte. Ese es el terremoto, la justicia, por primera vez en mucho tiempo,  dejará de oler exclusivamente a caoba y a whisky de doce años.

El país cambió y los capitanes del micrófono apenas lo notan. Mientras ellos preguntan “¿Quién es Hugo?”, millones responden: “Es uno de los nuestros.” Y eso, señoras y señores, es voz del pueblo.

Y a los extraterrestres, primero investiguen, después opinan.

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