Durante sus primeros años el Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue conocido como “el partido que nació el 6 de julio” de 1988, debido a que su irrupción en la vida pública de México fue resultado de la insurgencia cívica que enfrentó al régimen del “PRI- gobierno” después de la ruptura de la Corriente Democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez con el sistema de partido de Estado, y su posterior coalición con partidos y agrupaciones de izquierda que dieron vida al Frente Democrático Nacional (FDN).
La campaña presidencial del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas significó en el imaginario popular la reinserción ideológica en amplios sectores de la población de las luchas sociales y populares que dieron vida al carácter social de la revolución mexicana; quien mejor que Cuauhtémoc -el hijo del General Lázaro Cárdenas, uno de los presidentes más queridos de la historia de México-, para enarbolar un programa anclado en el nacionalismo revolucionario, con posiciones de auténtica defensa de la soberanía nacional, los derechos sociales, la educación pública, y en esencia el Estado de Bienestar consecuencia de la lucha revolucionaria de 1910-1917.
El FDN de Cárdenas, y después el PRD (que heredó el registro como partido político nacional del PMS, antes PSUM y PCM) se edificó como el ariete del Pueblo ante la adopción del credo neoliberal por el sistema priista a través del tecnócrata Carlos Salinas de Gortari.
Desde 1968, el PRI se había alejado de los principios de la revolución mexicana, transfigurándose en una camarilla corrompida y autoritaria al servicio de las elites de poder, en consecuencia 20 años después el Pueblo le cobraría la factura en las urnas. No obstante, la maquinaría priista echó mano del tradicional fraude electoral, aderezado con “la caída del sistema”, y desde la Secretaría de Gobernación se consumó el atraco que llevo a Carlos Salinas a la presidencia.
“El Pueblo votó y Cárdenas ganó” retumbó en plazas públicas del país, las movilizaciones fueron multitudinarias contra el usurpador, en el Zócalo, Ciudad Universitaria de la UNAM, el IPN, y regiones tan diversas como La Laguna de Torreón, Michoacán, Tabasco o Ciudad Nezahualcóyotl el Pueblo tomó las calles. Ante las condiciones prevalecientes, el Ing. Cárdenas y un sector de dirigentes del FDN; principalmente los emanados de las luchas sociales y de izquierda formularon la fundación del PRD, como un instrumento del Pueblo para organizar el despertar de la fuerza social emergente y centrar los esfuerzos colectivos en la urgente democratización del país.
El 5 de mayo de 1989 se fundó el PRD en el Zócalo capitalino, esa misma mañana casualmente un incendio había consumido la Cámara de Diputados, que por primera vez en el México post- revolucionario tenía una abundante representación opositora, dejando inutilizable el “palacio de San Lázaro” durante prácticamente todo el sexenio. En una sede alterna en aquellos años se aprobaron las contra reformas constitucionales del salinismo.
El PRD tuvo una historia de contribuciones innegables en la construcción de la democracia mexicana, sin embargo, terminó naufragando tras perder la brújula política devenida de los sentimientos del Pueblo. Podemos, a muy grandes rasgos identificar algunas etapas del PRD: 1. De 1988 a 1996, la lucha frontal contra el régimen priista, y también la etapa “caudillista” como algunas voces han denominado a los años de mayor influencia del Ing. Cárdenas en la vida del PRD; 2. De 1997 a 2006, la reorganización para el ascenso electoral marcado por la dirección política de AMLO (1996-1999), los triunfos electorales de Cuauhtémoc Cárdenas (1997) y el propio AMLO (2000) en el Distrito Federal, las primeras gubernaturas, y la disputa por la presidencia de México en 2006, y 3. La descomposición del PRD, -cuando las corrientes de pensamiento que la daban vida colegiada se convirtieron en grupos de presión e intereses creados-, anteponiendo visiones facciosas, y llevando al PRD -bajo la conducción de los “Chuchos”- a subordinar al partido a los adversarios históricos, firmando con el PRI y el PAN el Pacto por México (2012) y terminando por apoyar candidatos de derecha en 2018 y 2024.
Más allá de las causas estructurales y las razones personales de los dirigentes del PRD -que lo llevaron a la inanición y la desaparición-, de las traiciones a los principios que le dieron origen, en lo cotidiano, a pesar de los encomiables esfuerzos de voces realmente comprometidas con el movimiento democrático, el PRD no se pudo sacudir las desviaciones, los vicios y los fantasmas que hoy también rondan los nuevos esfuerzos en la senda de la transformación, a saber: el pragmatismo ramplón, la parafernalia del poder, el influyentismo, el nepotismo, el sectarismo, la inaudita violencia política hacia compañeros para favorecer adversarios, la no comprensión de la austeridad republicana, el futurismo, y otras prácticas. Habría que preguntar al pasado y aprender.





