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El postre que les quitó el sueño

postal PP horizontal Neyla Saldaña

En días pasados, en la conferencia mañanera de la Presidenta Claudia Sheinbaum, como parte de los resultados del programa Alimentación para el Bienestar, se llevó a cabo la presentación del chocolate bienestar.

Un chocolate que fomenta la venta justa del cacao para los pequeños productores agrícolas, así como también el acceso digno a un producto de calidad para los consumidores.

Mucho se ha dicho por parte del grupo opositor, (que como con todas las acciones de la Presidenta Claudia), se han pronunciado en contra, criticando una política más sin una sola contrapropuesta, lo que —en hechos— de manera automática se convierte en negar el derecho a las personas de tener accesibilidad a alimentos sanos y culturalmente significativos.

La mayoría de las veces omiten, minimizan o critican las estrategias del Gobierno Federal que buscan garantizar justicia económica para quienes han sido desplazados a lo largo de los años. En este caso, a las y los pequeños productores de cacao, a quienes durante mucho tiempo se les negó el acceso a un mercado justo.

La derecha está acostumbrada a defender la absurda idea de la autorregulación del mercado, esperando que la riqueza algún día permee a los de abajo, rechazando la intervención del gobierno en la economía y soñando con una visión elitista del desarrollo.

Sin embargo, están tan molestos que las críticas se han vuelto profundamente ridículas, como pensar que el chocolate debe ser prohibido en las escuelas, cuando su venta es exclusiva para las tiendas bienestar.

Quienes critican el chocolate ignoran por completo la estimulación de una línea productiva justa, la inversión, la generación de empleo y la creación de un producto de calidad que puede competir contra cualquier otro. Nos encontramos frente a más que un discurso político, un modelo sustentable y estratégico, basado en principios de desarrollo económico con rostros de mexicanas y mexicanos.

Se burlan de un chocolate viéndolo como algo “menor”, pero son incapaces de articular su valor simbólico y estructural. Su clasismo les seguirá vendando los ojos, pues aún les pesa que uno de los principios fundamentales de la Cuarta Transformación sea por el bien de todos, primero las y los pobres.

La oposición jamás comprenderá que el desarrollo económico nacional también se construye desde lo cotidiano, de manera interna y que una barra de chocolate, en polvo o en tableta es más que un dulce, representa dignidad, ingreso, cultura, comunidad, un símbolo de representatividad que su mirada elitista no les permite apreciar y abrazar.

Pocas políticas públicas logran ser así de transversales: mejora la calidad de vida de productores, reivindica y dignifica el trabajo agrícola, ofrece un producto de calidad, saludable, apoya y rescata al campo. Oponerse a un proyecto que garantiza tantas esferas del Estado de Bienestar es únicamente una postura miope y una defensa de intereses ajenos a los del Pueblo.

Pueden seguir enojándose, haciendo berrinche, reflejando una reactividad que no hace más de destruirlos de manera constante.

El chocolate bienestar no es una ocurrencia, sino una apuesta por un país más justo, priorizando la tierra, el trabajo, la alimentación y la dignidad, una política pública con alma que representa y apoya al Pueblo de México.

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