Ciudad de México a 19 febrero, 2026, 3: 49 hora del centro.
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El tablero de 2026: el progresismo contra la conservadora

PP Carlos Sánchez Nieto

El año 2026 no es una fecha cualquiera en el calendario. Para América Latina, representa una encrucijada histórica. Tras un periodo de avances de la derecha y la ultraderecha en naciones como Argentina, Ecuador y recientemente Chile, el mapa político regional se prepara para una serie de batallas electorales que definirán si el continente consolida un bloque de justicia social o si sucumbe a una transformación ideológica radical hacia el conservadurismo.

Brasil: La reelección del gigante y el muro de Lula

En el corazón de esta contienda electoral del 2026 se encuentra Brasil. Considerado por muchos como el faro progresista de la región, el país bajo el liderazgo de Luiz Inácio “Lula” da Silva parece caminar hacia una consolidación que resuena en todo el globo. A sus 80 años, el veterano ex sindicalista no solo busca un cuarto mandato, sino que intenta demostrar que su modelo de inclusión es la mejor vacuna contra el autoritarismo.

Las encuestas actuales son contundentes: Lula mantiene una ventaja de doble dígito. Su principal rival, Flávio Bolsonaro, carga con el legado de un bolsonarismo debilitado por procesos judiciales y la inhabilitación de su padre. Para el progresismo regional, Brasil es el «paraíso» estratégico: si Lula gana, la derecha pierde su motor más potente en el sur del continente, asegurando un equilibrio de poder que favorece la integración latinoamericana.

Colombia: El reto de comunicar para transformar

Mientras tanto, en Colombia, el panorama es de resistencia y evolución. El gobierno de Gustavo Petro, el primero de izquierda en la historia moderna del país, ha logrado hitos económicos sorprendentes, siendo destacada como una de las economías con mejor desempeño en 2025. Sin embargo, el gran desafío del oficialismo no es solo técnico, sino narrativo.

Conscientes de que la derecha suele capitalizar el miedo, el equipo de Petro y el candidato oficialista, el senador Iván Cepeda, han asumido el reto de comunicar mejor sus logros para frenar a figuras como Abelardo de la Espriella. «El Tigre», admirador de los modelos de Milei y Bukele, que promete una «mano dura» que busca desmantelar las reformas sociales. Colombia se juega en 2026 la permanencia de un modelo humano frente a la amenaza de un retroceso institucional sin precedentes.

Perú y Costa Rica: Entre la estabilidad y el hartazgo

El resto del continente presenta matices complejos que no pueden ignorarse:

Costa Rica: Conocida por su envidiable estabilidad y un crecimiento sostenido del 4%, la nación centroamericana elegirá sucesor para Rodrigo Chaves. La favorita, Laura Fernández, representa la continuidad de un modelo de centroderecha aliado con Washington, en un país donde la economía parece marchar a un ritmo distinto que las turbulencias de sus vecinos.

Perú: El caso peruano es el síntoma de una crisis de representación profunda. Tras años de inestabilidad y una danza de presidentes que parece no tener fin, el país llega a 2026 con 36 candidaturas y un electorado sumido en la apatía. Irónicamente, mientras la política arde, su economía se mantiene a flote gracias a la exportación de minerales críticos como el litio, un recurso que será clave para quien logre convencer a una ciudadanía que ya no cree en promesas.

Un horizonte de definiciones

El 2026 será el año en que América Latina decida su identidad para la próxima década. Mientras que en Haití la lucha es por la supervivencia misma del Estado y la recuperación de la democracia tras años de silencio electoral, en el resto de la región la disputa es ideológica y comunicacional.

El éxito del progresismo en Brasil y la capacidad de Colombia para conectar con su gente serán los pilares que determinen si la región se mantiene como un espacio de derechos compartidos o si gira hacia las recetas de la ultraderecha. La moneda está en el aire, pero el impulso de figuras como Lula sugiere que el «paraíso progresista» tiene aún mucha historia por escribir.

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