Por: Carlos Santoyo
La juventud mexicana está protagonizando una nueva etapa en la historia de nuestro país, construyendo la transformación desde lo más profundo de las comunidades: en los barrios, las canchas rescatadas, los parques rehabilitados.
Las y los jóvenes no solo están presentes, están liderando. La llegada de Claudia Sheinbaum como la primera mujer presidenta de México ha marcado un antes y un después, no solo para las mujeres, sino también para las juventudes, quienes ven en ella una aliada auténtica, una presidenta que los reconoce como actores clave en la vida pública.
Con la Presidenta al frente, las y los jóvenes hacen suyo el tequio como una herramienta de transformación colectiva y revolucionaria en cada rincón del país.
Con más de 37.6 millones de jóvenes en el país, su energía y compromiso son imprescindibles para construir un México más justo y solidario. A lo largo de la historia, las juventudes mexicanas han encabezado grandes transformaciones: desde la Independencia hasta los movimientos por democracia. Hoy, esa tradición continua viva, pero con una nueva forma de expresión: el tequio.
El tequio es una práctica ancestral de origen náhuatl, que significa trabajo colectivo realizado con el corazón. Es una forma de organización comunitaria en la que se trabaja sin esperar recompensa, por el bien común. Esta práctica, profundamente enraizada en los pueblos originarios, ha sido recuperada por miles de jóvenes como un acto de resistencia amorosa frente al individualismo y la fragmentación social.
Este espíritu se expresó de forma contundente en la reciente “Jornada Nacional de Tequios por la Paz y contra las Adicciones”, organizada por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE). Más de un millón de jóvenes participaron simultáneamente en los 32 estados del país, realizando acciones como limpieza de parques y ríos, pinta de canchas y murales. En total, se registraron más de 10 mil puntos de actividad. Cada uno de estos actos representa no solo una mejora física del entorno, sino una recuperación simbólica del espacio colectivo y un fortalecimiento del tejido social.
El tequio es más que trabajo manual: es una forma de convivencia, de aprendizaje mutuo, de organización desde abajo. Enseña que nadie se salva solo, y que el esfuerzo común da frutos duraderos. El árbol que se planta hoy es para la sombra de quienes vienen detrás. La cancha pintada será escenario de encuentros, deporte y cultura. Estas acciones tienen un efecto multiplicador que fomenta la salud, la inclusión, el sentido de pertenencia y el orgullo por lo compartido.
Por eso, hoy más que nunca, es necesario que las juventudes se apropien del tequio como una forma de vida, no como una actividad simbólica o de ocasión, sino como una práctica constante, diaria, cargada de sentido. Porque cuando los jóvenes se organizan y actúan colectivamente, el país florece.
En esta etapa que comienza con un nuevo gobierno y una nueva visión de país, la juventud no solo está llamada a participar, está demostrando que ya está transformando.
@Carlos_Alavez_
Politólogo por la UNAM y activista juvenil.



