El traslado: imaginación y empatía

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El traslado: imaginación y empatía

Por Noé Ramírez | miércoles, 13 de enero del 2021.

En estos tiempos tan aciagos por los que estamos pasando, recordé el libro “El Traslado” publicado en 2015, escrito por el filósofo Enrique Díaz Álvarez, y a lo largo de las siguientes líneas recuperaré varias ideas que nos podrían hacer eco. Entre otros temas, señala que la capacidad de imaginar al otro -es decir, de ponerse en sus zapatos- es una manera de inmunizarse contra el egoísmo, la insensibilidad y la indiferencia. Precisamente entre la identificación y la diferenciación brota la compresión. Tener esto presente en épocas de crisis parecería ineludible.

Las personas necesitamos escuchar y ser escuchadas, pues hoy son escasas las historias que nos involucran y nos hacen sentir alguna resonancia más allá de nuestra individualidad. Si pretendemos formar parte de una existencia más cercana a la que muchas veces imaginamos, hay que estar dispuestos a la comprensión que no es otra cosa sino la capacidad de ponerse en el lugar del otro, asimilarlo de tal manera que nos sea posible expresar lo que el otro comprende o tiene que decir, sostiene Díaz Álvarez.

Así pues, el compromiso con la otredad es la base para desarrollar el poder de recrear y de dar sentido a lo que el otro nos cuenta. El diálogo como habilitador de lo común demanda reconocimiento y reciprocidad. La imaginación en forma de empatía permite entender a otras personas como seres con necesidades y temores particulares, semejantes a los nuestros.

Precisamos, entonces, de imaginación para poder ampliar la empatía y la solidaridad, pues la vida no tiene un único eje rector. Todo lo humano requiere de una diversidad de perspectivas, de cierto lenguaje en común y una mínima curiosidad mutua, puntualiza el autor.

La individualidad humana es, sin duda, un asunto de contornos. El propósito no es erradicar la necesidad humana de marcar límites, sino de explorar y tender puentes entre ellos. Decía Todorov que uno no puede llegar al fondo de uno mismo si excluye a los demás.

En este sentido, el filósofo mexicano establece que cada uno de nosotros es el cúmulo de los límites que se atrevió a franquear; somos el registro de nuestros traspasos. Las personas estamos condenadas a tomar decisiones a lo largo de nuestro paso por este mundo y eso implica una renuncia constante. Sin embargo, esos pasos no se dan desde la soledad y el otro se presenta como una condición de posibilidad para construir una historia de encuentros y desencuentros que nos hace, justamente, ser lo que somos. 

El mantener abierta esa posibilidad es una muestra de tenacidad en la consolidación de nuestros vínculos en el tiempo. La imperfección humana es una realidad irrefutable, pero eso no significa resignarse a dejar de cultivar lo que nos da sentido como personas. Con remiendos y parches, la posibilidad de lo mutuo se abre camino entre la avalancha de antipatía que se ha vuelto la regla por todos lados.

Díaz Álvarez, finalmente, dice que imaginar al otro no es una mera herramienta estética. Es un imperativo moral fundamental y, sobre todo, imaginar al otro es un placer humano profundo y muy sutil. Añadiría que es una capacidad que se va puliendo con la práctica. Nunca dejemos de imaginar futuros posibles.

Por Noé Ramírez | miércoles, 13 de enero del 2021.

Noé Ramírez

Chilango del sur y Politólogo por la FCPyS de la UNAM. Ha estado involucrado en temas de derechos humanos desde distintos espacios. Investiga sobre el derecho a la ciudad y formas de habitar los espacios. 

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