El trumpismo sin Trump

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El trumpismo sin Trump

Por Pluma Invitada | miércoles, 13 de enero del 2021.

Por: Diego Iván López

El presidente número 45 de Estados Unidos está por concluir su mandato, tuvo la oportunidad de reelegirse pero perdió las elecciones presidenciales frente a su contrincante demócrata, Joe Biden. Donald Trump se va en los próximos días, pero dejará la ideología que lo impulsó para llegar a la Casa Blanca y que viene de tiempo atrás: el trumpismo. Esta corriente es impulsada por el supremacismo blanco de los WASP (White Anglo-Saxon Protestants/ anglosajones blancos protestantes). Las protestas en el Capitolio representan la complejidad de este movimiento. 

Para entender el concepto del trumpismo, debemos remontarnos al siglo XVII con la llegada de los primeros fundamentalistas "puritanos" del barco peregrino, Mayflower, a Plymouth, Bahía de Massachusetts, en 1620. Inglaterra atravesaba por un período de inestabilidad social debido a su guerra civil de 1642; el florecimiento de la colonización en Nueva Inglaterra representó una oportunidad ante el desorden en Europa. La prosperidad de la región y posteriormente de las 13 colonias fundacionales constituyeron el centro de un poder primero agrícola y luego manufacturero que hoy revive el trumpismo en sus dos conceptos clave: lo agrícola y lo manufacturero. 

Los WASP ven en el trumpismo una nueva oportunidad ante la explosión demográfica de la población afroamericana y latinoamericana (en su mayoría, mexicanos). Este movimiento aglutina a los grupos supremacistas en las zonas rurales, sobre todo los bastiones republicanos del cinturón industrial, así como de la región centro y sur de Estados Unidos. Adicionalmente, incorpora a los sectores que se han visto amenazados y abandonados por el modelo financiero global, impulsado desde EE. UU. y Gran Bretaña con la dupla Reagan/Thatcher; ahora en contracorriente con las medidas proteccionistas de Trump y el Brexit, respectivamente. 

Bajo el lema "Make American Great Again", Trump irrumpió en la escena política en 2016. El eje de su campaña fue oponerse a la inmigración, prometiendo un muro en la frontera sur con México. Las arengas incendiarias fueron lanzadas en contra de los mexicanos acusándolos de "violadores y asesinos", y describiéndolos los como "bad hombres". En la última etapa de la administración de Peña Nieto, el gobierno mexicano fue sometido al vertiginoso y belicoso estilo de Trump. Con la llegada de López Obrador a Palacio Nacional la situación mejoró, pero también fue amenazado con la imposición de tarifas arancelarias por la ola de inmigrantes centroamericanos. La respuesta de la 4T fue la colocación de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala. 

El discurso antiinmigrante y sobre todo antimexicano que llevó a Trump a la Casa Blanca se remonta al siglo XIX, cuando bajo la doctrina del "Destino Manifiesto" y la política expansionista de James K. Polk los norteamericanos arrebataron a su vecino del sur, México, más la mitad del territorio en 1848. Ya con la capital mexicana bajo control, surgió el movimiento "All Mexico", en donde se pretendía anexar a todo el país, pero que rechazado por el congreso estadounidense puesto que no querían mezclarse con la población que estaba en el centro y sur de México. Se recuerda la frase del esclavista John C. Calhoun: "Nunca hemos soñado con incorporar a nuestra Unión a ninguna otra raza que no sea la raza blanca, la raza libre". 

Las diferencias ideológicas sobre la esclavitud llevaron a la Guerra de Secesión entre la Unión Americana y los Estados Confederados del Sur en 1861. Los estados sureños se pronunciaron a favor de la esclavitud, el conflicto terminó en 1865 con el triunfo del gobierno republicano de Abraham Lincoln y la prohibición de la esclavitud. Curiosamente, durante las protestas en el Capitolio grupos trumpistas ondeaban las banderas de los Estados Confederados del siglo XIX. ¿Será un mensaje o un mal presagio de la profunda división norteamericana? 

Donald Trump terminará su caótico período presidencial, pero dejará a una nación fracturada en sus pugnas ideológicas. La ruptura con el vicepresidente Mike Pence pone en evidencia la debilidad institucional y la polarización norteamericana.  La irrupción de los grupos de extrema derecha en el corazón político estadounidense, Washington D.C., representa el declive de la potencia occidental; el país de la libertad y la democracia sucumbe ante el ascenso del nacionalismo supremacista blanco: el trumpismo. 


@DiegoI_Lopez 

Periodista formado en UNAM. Analista político y columnista en Sin línea MX. Autor del blog: Punto crítico.

Por Pluma Invitada | miércoles, 13 de enero del 2021.

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