El turismo después del COVID

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El turismo después del COVID

Por Kenia Antuna | jueves, 30 de julio del 2020.

Como nunca antes en la industria del turismo se había registrado tal dificultad desde los años 50. Según datos de la OMT, aproximadamente mil cien millones de turistas dejarán de viajar este año alrededor del mundo, por lo que podrían perderse 120 millones de empleos en el sector. 

Sin embargo, el ramo turístico no tiene en estos momentos la misma relevancia que en los años 50. Tan sólo en 2019, México captó 24 mil quinientos sesenta y dos millones de dólares por viajeros internacionales, cantidad que solo es superada por las remesas que envían nuestros héroes anónimos que migraron. Debemos considerar además que México es uno de los principales destinos turísticos a nivel mundial -el más visitado en América Latina- y que los países más afectados por el Covid-19, como Estados Unidos, Francia, España, China e Italia, son algunos de los principales emisores de turistas.

Los escenarios a nivel mundial no tienen claridad aun, ya que dependerá en gran parte de las medidas y etapas de cada uno de los países y por supuesto de las que tome la población. No obstante, sí hay coincidencias en los análisis que afirman que quienes tengan posibilidad de viajar preferirán un turismo en grupos pequeños, principalmente en el rubro de naturaleza y en distancias cortas. 

Esta hipótesis tendrá dos consecuencias positivas en lo que refiere a México que, siendo el tercer país más mega diverso en el mundo, tiene una gran área de oportunidad en el impulso a este tipo de turismo. Además, en lo que refiere a lo económico, si bien el ingreso del turismo internacional es fundamental, el turismo doméstico aporta 88 de cada 100 pesos gastados por turistas. Es decir, las visitas a nuestros familiares, las salidas de fines de semana, y todos aquellos viajes dentro del país contribuyen sustancialmente a la actividad turística, por lo que si el turismo doméstico continúa, habrá una recuperación más rápida del sector. 

La segunda consecuencia positiva es que el turismo doméstico tiende a repartir de manera más equitativa los ingresos, no solo en muchas manos sino en todo el territorio. Aunque nuestra llamada “Joya del Caribe” -conformada por playas turquesas, arena blanca, centros nocturnos, y hoteles de calidad internacional ubicados en la península de Yucatán- es el destino favorito turístico de nuestro principal mercado -el americano-, y puede ser considerada un regalo de la naturaleza, existen otros ecosistemas a lo largo del país que son tesoros y sustento de muchas comunidades que comparten la cultura, las tradiciones, la gastronomía y las experiencias de cada región. 

Anteriormente, el turismo tenía fama de ser una actividad sustancialmente depredadora, en la que la visita de personas ajenas a la comunidad significaba la pérdida de identidad, contaminación, transculturización y gentrificación de las ciudades.  Contradictoriamente, también fue una oportunidad para que las personas no abandonaran sus lugares de origen por necesidad, como en el caso de la antes mencionada península, que recibe una importante cantidad de migración de estados como Oaxaca y Guerrero, que se integra rápidamente al mercado laboral, reportando índices más bajos de emigración que estas entidades. Ahora, en la nueva perspectiva del Gobierno de México y la Cuarta Transformación, se ha renunciado a tener “paraísos turísticos con infiernos de marginación” como ha dicho reiteradamente quien encabeza el sector, el Secretario de Turismo Miguel Torruco, haciendo de esta una actividad que, ante todo, genere bienestar y sea una oportunidad de reconciliación social. 

Ahora, esta crisis ha permitido replantear el rumbo de esta importante actividad económica, ya que es una alternativa que permitirá la reactivación de manera más equitativa en micro. En lo que respecta a la balanza comercial, como medida macroeconómica, representó 14 mil millones de dólares de saldo positivo en 2019. Esto demuestra que, bien implementada, una política turística  aporta tanto en macro como en lo micro. 

La evidencia sostiene que no es suficiente montar hoteles y albercas para que el turismo nazca por generación espontánea. El mercado está teniendo una metamorfosis y exige como destinos lugares más genuinos sin sacrificar la calidad de servicios. Es por eso que, sin renunciar a la cultura de los sitios y destinos turísticos, se están implementando mejores prácticas en los proyectos de este sexenio. A manera de ejemplo propongo: el Tren Maya, la Ruta del Pescado de Moctezuma, los Cronistas del Renacimiento Mexicano, los Proyectos de Kuxatur (que ponen en el centro a la biodiversidad) y la Estrategia de Turismo Comunitario y Sostenible del Istmo de Tehuantepec, que tienen transversalmente los tres ejes de sustentabilidad: bienestar social, viabilidad económica y cuidado de la naturaleza. 

El turismo después del Covid-19 sin duda no será como lo conocíamos, pero el potencial que tiene México para hacer de ésta una oportunidad para salir de la crisis es un privilegio del que pocos países gozan. Adicionalmente, será una ocasión de encuentro entre quienes, por la pandemia que azotó al mundo, no han podido verse, pero también para quienes entendieron que los huéspedes juegan un papel importante en el cuidado de los ecosistemas; en el uso eficiente de los recursos ambientales; en el cambio de hábitos; y donde las mejores prácticas serán no una posibilidad sino una obligación. 

En resumen, toda aquella actividad de ocio, salud, trabajo, educación etc. que implique salir de nuestro lugar de origen es un factor positivo para el turismo y para México. Por eso, si tienes oportunidad, haz patria y viaja en tu país. 

Por Kenia Antuna | jueves, 30 de julio del 2020.

Kenia Antuna

Servidora del Pueblo, politóloga por la UNAM, militante de izquierda. Aprendiz del General Lázaro Cárdenas y del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

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