Durante el tiempo que me he involucrado en política, he escuchado una y otra vez hablar del relevo generacional. Es una frase de moda: todos la mencionan, muchos la usan como bandera y algunos incluso la convirtieron en marca de campaña. Pero vale la pena preguntarlo con seriedad: ¿el relevo generacional realmente existe?
Hoy, en la Cámara de Diputados, solo 23 legisladores son menores de 30 años, apenas el 4.3% del total. Una cifra vergonzosa en un país donde más del 30% de la población es joven. Y si bajamos la mirada al ámbito estatal, el panorama no mejora: Querétaro no cuenta con un solo diputado o diputada menor a 30 años. En el Congreso local, los rostros jóvenes son contados, y en los municipios, casi inexistentes.
San Juan del Río no es la excepción. Aquí, la política sigue en manos de los mismos apellidos, los mismos grupos y las mismas estructuras de siempre. Se habla de “dar paso a los jóvenes”, pero los espacios reales de decisión siguen cerrados. En las planillas, los jóvenes son relleno; en los partidos, decorado; y en los cargos, casi nunca titulares.
El problema no es la falta de jóvenes con talento o compromiso, sino la falta de mecanismos reales que obliguen a abrir espacios. En el estado de Querétaro, no existen cuotas juveniles obligatorias que garanticen una representación justa. Las pocas que hay son simbólicas, sin dientes ni consecuencias. Mientras eso no cambie, el llamado relevo generacional seguirá siendo un eslogan vacío.
El verdadero relevo no depende solo de la edad, sino de la visión, del compromiso con la comunidad y de la capacidad de cuestionar las inercias del poder. Pero también requiere leyes que lo hagan posible. Si de verdad queremos una política distinta en San Juan y en Querétaro, hay que legislar el relevo, no solo mencionarlo en discursos.
Por eso es momento de ir más allá del discurso. Querétaro necesita una reforma electoral estatal que establezca una cuota mínima del 15% de candidaturas para jóvenes menores de 30 años en todos los partidos políticos y en todos los niveles de representación: ayuntamientos, diputaciones locales y regidurías. Que no sea una invitación simbólica, sino una obligación legal.
Porque el futuro no se hereda: se pelea, se legisla y se construye desde abajo.




