Emergencia Nacional

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Emergencia Nacional

Por Alberto Vanegas Arenas | martes, 18 de febrero del 2020.

En las últimas semanas nos han sacudido diversas noticias en torno a la tortura, violación y asesinatos de varias mujeres en México. Este fin de semana nos enteramos de la desaparición de Fátima, una niña de tan solo siete años de edad encontrada muerta dentro de una bolsa de plástico en la alcaldía de Tláhuac. Noticias que nos generan horror y que para muchos nos resultan inconcebibles, abominables, sin ninguna explicación racional.

Se nos hace más difícil aún poder encontrar una posible explicación sobre la actual crisis de violencia extrema que se manifiesta contra las niñas y las mujeres en nuestro país, que ya constituye una verdadera emergencia nacional, sobre todo porque los hombres vivimos una realidad cotidiana muy distinta a la realidad que viven las mujeres y las niñas.

Las mujeres salen a las cinco de la mañana para ir a su trabajo y desde el primer minuto prevalece una sensación de miedo: sentir que las miran, subirse al transporte público con la posibilidad alta de que las toquen; caminar por las calles y tener que soportar los chiflidos de muchos hombres; llegar al trabajo y vivir cotidianamente el acoso de los propios compañeros; ser criticadas y cuestionadas por sus formas de vestir y de calzar y un largo etcétera. Eso no lo padecemos los hombres en nuestro día a día.

¿Por qué tanto odio y tanta violencia hacia las mujeres? Sencillamente por eso: por ser mujeres. Porque nuestros esquemas de comprender y de vivir el mundo son diametralmente distintos, porque así nos han venido educando de generación en generación, porque muchos hombres no pueden concebir que las mujeres se empoderen y ejerzan sus derechos.

Porque hasta hace poco tiempo se veía normal que los esposos, los hermanos, los abuelos y los tíos golpearan a las mujeres, porque se asumía que eran “de su propiedad”, que los hombres tenían derecho de “poseer” a las mujeres y que ellas estaban destinadas para atender a los hombres. Hasta hace relativamente poco tiempo se consideraba que lo que pasaba en el hogar mexicano era incumbencia únicamente de los particulares y que el Estado no tenía nada que opinar y mucho menos intervenir.

Millones de mujeres mexicanas viven la violencia verbal, física y emocional en soledad, en silencio, entre las cuatro paredes del hogar. Millones de mujeres padecen golpes e insultos de manera cotidiana y no les queda más que callar porque no tienen a quién recurrir, porque son presas del miedo y la desesperanza.

Pero esta realidad cotidiana ha llegado a una situación insoportable: el incremento de los feminicidios. La violencia contra las niñas, las adolescentes y las mujeres en nuestro país constituye una emergencia nacional que el Estado mexicano y todas sus instituciones están obligadas a atender de manera integral. La vida de las mujeres está en riesgo en cada momento y para poder enfrentar esta crisis es necesaria la participación de todos los sectores de la sociedad y poner en marcha una serie de factores para atender este fenómeno sumamente complejo.

En primer lugar es necesario revisar los modelos educativos para cambiar el paradigma que pone al hombre como el centro de todo, empezando por modificar el lenguaje que excluye a las mujeres. En segundo término, es indispensable modificar, con la participación de varias instituciones, principalmente de la sociedad civil, los roles sociales definidos y asignados dentro del hogar.

Es fundamental impulsar las nuevas masculinidades y trabajar de la mano de los niños y los adolescentes para formar a nuevos jóvenes con una perspectiva distinta de la vida. Volvernos a plantear los roles sociales que nos toca jugar y democratizar la vida desde la casa y la cotidianidad. Hacer la limpieza del hogar de manera equitativa; lavar los trastes, tender la cama, barrer y limpiar, cocinar, tender la ropa, etcétera, tanto niñas como niños.

Cambiar paulatinamente los viejos y obsoletos roles asignados tanto a hombres como a mujeres. Poder entender que ambos somos iguales en el trabajo, que no existen colores predeterminados para uno o para otra, que las mujeres pueden decidir libremente qué y cómo vestir, cómo divertirse, cómo actuar y cómo usar sus tiempos, sin ningún tipo de cuestionamiento de los hombres. Entender y asimilar que el cuidado y la crianza de los hijos les tocan a los dos, no solamente a las mujeres.

Es indispensable sensibilizar a todos los servidores públicos de los tres niveles de gobierno en temas de derechos humanos y con perspectiva de género como política de Estado. Sobre todo, es urgente capacitar a los servidores públicos que laboran en los ministerios públicos, en las fiscalías estatales, en las corporaciones policiacas y en el poder judicial para que las mujeres y las niñas no sean revictimizadas por estas instituciones.

Ante la emergencia nacional, el gobierno de la Cuarta Transformación debe iniciar con una campaña nacional contra el acoso y la violencia contra las mujeres. Debe fortalecer a las instituciones que trabajan en favor de los derechos de niñas, adolescentes y mujeres y colaborar de la mano de las organizaciones feministas que comprenden mejor este fenómeno social.

Es hora de dejar a un lado la indiferencia, es hora de actuar todas y todos para frenar la violencia y empezar a disminuirla paulatinamente con la puesta en marcha de una serie de medidas impulsadas desde el Estado, junto con los sectores organizados de la sociedad civil y las mujeres empoderadas. No habrá Cuarta Transformación de la vida pública de México si no logramos erradicar la violencia contra las niñas y las mujeres de México.

Alberto Vanegas Arenas. Licenciado en Sociología por la UNAM. Titular del Instituto de Investigaciones Legislativas del Congreso de la Ciudad de México.

Twitter: @Alberto_Vanegas

Por Alberto Vanegas Arenas | martes, 18 de febrero del 2020.

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