junio 14, 2021

Pluma Patriótica

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domingo, 7 marzo, 2021
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Feminismo obradorista, ¿qué es ese Pokémon?

Durante mucho tiempo dudé en escribir una columna sobre este tema específicamente. Me encontraba frecuentemente cuestionando y pensando en que siempre hay un constante riesgo de que me lincharan en las redes feministas (también conocidas como Feministlán) por aquello que es auténticamente mi militancia política y que ahora descubro que, afortunadamente, comparto con muchísimas mujeres. 

Después de mucho pensarlo y asimilarlo, me percaté de algo profundamente triste, mis dudas y cuestionamientos eran el reflejo de todo lo que no me gusta del movimiento feminista en México: poca capacidad de diálogo, grandes linchamientos mediáticos, la constante rivalidad entre mujeres que militamos en las mismas causas y sus consecuentes deficiencias comunicativas. 

También me percato que frente al otro movimiento en el que milito -el obradorista- tiene sus deficiencias y sus críticas; sin embargo, en este nunca tengo duda al disentir con un compañero o compañera por miedo a que me linche. 

Es obvio que ningún movimiento social puede ser perfecto y eso también es normal, pero esta situación me hizo cuestionar seriamente qué hay detrás de todo esto. Decidí que es bueno para ambos movimientos hablar de esto y ser más frontales. Al final del día, las causas sociales que nos importan deben convencer a más personas de su relevancia y evitar ser capturadas por grupos políticos que sólo las utilizan para sus fines politiqueros sin buscar realmente representarlos o darles cabida. 

A todo esto, hablemos del meollo de esta columna y las preguntas que es importante hacernos: ¿puede existir un feminismo obradorista? ¿Pueden las feministas incidir en el movimiento obradorista o viceversa? 

En mi columna anterior había hablado de las grandes coincidencias que encuentro en ambos movimientos y que comparten, por lo que es obvio que la respuesta es sí. 

Y finalmente, más allá de si se puede o no, si deberían o no, o si algunas feministas lo consideran correcto o no, la realidad es que está pasando. Muchas mujeres que han simpatizado con el movimiento obradorista, también se identifican con el feminismo. Y no podría ser de otra forma debido a lo que ambos movimientos pueden representar para ellas. 

Las coincidencias que existen en el fondo de ambos movimientos trastocan grandes motivaciones políticas, agravios y sentires sociales que buscan un camino para construir un país mejor: más incluyente, más justo, más democrático, sin corrupción. 

Pareciera que hay una retórica especifica que quiere insistir en que las mujeres y las demandas del movimiento feminista (pero, recuerden que solo en marzo o en vísperas del 8M se habla de esto en los grandes medios de comunicación) son totalmente incompatibles con el gobierno en turno y con el otro gran movimiento que lo ha acompañado, el obradorista. 

Para aquellos que insisten en contraponerlos, han fallado en analizar estas motivaciones políticas y causas, creyendo que lo único que refleja al obradorismo son las acciones o los detalles en el discurso político del presidente López Obrador. 

Curiosamente, las lógicas del movimiento social obradorista se han quedado fuera del debate y, en muchos aspectos, las formas y lógicas que alberga la base social que respalda a López Obrador se han desplazado del análisis político y de la conversación pública. 

También resulta que, incluso en los medios de comunicación masiva, durante este mes mágico en el que el movimiento feminista se vuelve central, las demandas que motivan las marchas siguen sin tener mucha difusión en comparación con las notas amarillistas que continúan estigmatizando el movimiento.

En este sentido, es evidente que hay problemas comunicativos en ambos movimientos y una pésima representación de ambos. Por un lado, el machismo que sigue pintando al feminismo como un combate a los hombres y no una lucha por la igualdad. Y por el otro, el obradorismo que se sigue estigmatizando como comunismo, polarización social o clientelismo y no como la lucha por la democracia y el combate a la pobreza. 

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