Pluma Patriótica

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El feminismo que no gusta

Cada vez que se toca el tema del feminismo públicamente o cuando ocurren marchas y protestas feministas en México, surge una avalancha de comentarios por parte de muchos hombres, pero también de mujeres, desprestigiando el movimiento, criticándolo y, sobre todo, juzgándolo.

El feminismo es un movimiento que clama por la libertad de las mujeres, que busca la equidad entre ambos sexos y que conlleva una lucha exhaustiva por tratar de poner a la par los derechos tanto de hombres como de mujeres. Entonces, yo me pregunto ¿qué es lo que no gusta de este movimiento?, ¿qué es lo que molesta tanto a ese sector de la población no solamente conservador y de derecha, sino también al llamado liberal o de izquierda?, ¿qué es lo que le molesta al hombre de que la mujer busque su libertad y su derecho? Aquí podríamos encontrarnos con un sinfín de respuestas, desde las más simples —como que muchos hombres piensan que las mujeres no somos iguales a ellos—, hasta las más elaboradas —como que la mujer nació con un sentido oculto en su vientre, el cual nos hace ser más sensibles y por lo tanto más débiles y menos capaces de hacer las mismas actividades que los hombres—.

Pero dejando fuera estas preguntas dignas de estudio sobre la sociología de los sexos, la única verdad que existe —y más en esta sociedad en la que vivimos— es que a muchos el feminismo que no les gusta (que les incomoda, les irrita o les parece un disparate que en pleno 2021) lo tachan de ser una jugada para desestabilizar al gobierno y lo denigran de un movimiento social a un circo mediático contra la misma 4T. Esto, aunque las mujeres creamos que vivimos en desventaja… Es más, hay hombres que se atreven a llamar al feminismo un movimiento político en favor de la oposición.

Sea como lo queramos ver, la verdad es que el feminismo no gusta y no agrada a muchas mayorías porque simplemente le otorga derechos a un sector que nunca los había tenido y eso, filtrado en las mentes limitadas, equivale a quitarle poder al hombre para hacer superior a la mujer. El feminismo incomoda porque provoca cambios y sabemos que los cambios nunca son bien recibidos (por ningún sector); el feminismo no gusta porque no se hace con flores, sino con el coraje de toda una vida de opresión. Es claro que el opresor que siempre ha vivido lleno de privilegios nunca entenderá esta parte, ni la lucha, ni tomará como propias las manifestaciones que exigen justicia y, en consecuencia, se encarga de despreciar en cada ocasión que puede qué es el feminismo. Es obvio que a nadie le gusta perder su privilegio y mucho menos su estatus de superioridad, por eso el feminismo no agrada y no gusta.

Los medios de comunicación también se han vuelto un aliado del machismo, disfrazado de derechos sociales y civiles. En cada manifestación, en cada movimiento, en cada exigencia de derechos parecería que lo único que se cubre es lo accidentado, el hecho aislado de la violencia, enmarcando el error y la desatención del momento, se subraya  como si fuera lo único que ha ocurrido. Por ejemplo: si hay una manifestación por el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, pero existe un incidente (como una pelea entre algunos infiltrados entre las que hay mujeres), la manifestación se olvida, se pierde la exigencia y se centra en el incidente. Eso es patriarcado y por eso no gusta el feminismo.

El valor de la palabra feminismo radica en su historia, en todo lo que conlleva decirla y considerarse una mujer feminista. Esta palabra es la acumulación del esfuerzo y el valor de todas las mujeres que a lo largo de la humanidad han luchado para que ahora, por ejemplo, yo tenga la libertad de poder escribir esto. Esta palabra es la fuerza de miles mujeres enfrentándose a veces a grandes castigos, para que tengamos los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Al final, como dijo Ellen Page en una entrevista con The Guardian: “¿Puede haber una prueba más obvia de que vivimos en un mundo patriarcal que el hecho de que ‘feminismo’ se considere una palabra mala?”.

 

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