Estar en contra de la gentrificación no necesariamente implica estar en contra de los extranjeros. Considero que, de hecho, la corriente conservadora ha buscado alimentar la narrativa de que todos los que nos oponemos a estos procesos somos, por antonomasia, xenofóbicos. Esto es un error, principalmente conceptual.
La xenofobia, en su definición básica, es un rechazo o una animadversión hacia quienes son originarios de otro país, que tienen culturas diversas o pertenecen a grupos étnicos distintos. Es una forma de discriminación, una narrativa perversa que ha alimentado los procesos de genocidio más cruentos en la historia de la humanidad. Frente a esto, no hay forma ni discursiva ni teórica que justifique ni tolere este acto de discriminación.
Por otro lado, la gentrificación es un fenómeno social y urbano que suele impactar en las grandes ciudades, aunque no exclusivamente en ellas. Para algunos, este proceso es considerado un síntoma de progreso, debido al desarrollo que se logra en ciertos barrios o vecindarios. Sin embargo, es importante señalar que estos procesos urbanos suelen desplazar a la población más vulnerable, creando cinturones de desigualdad. Además, atentan contra la misma comunidad que se desarrolla de forma natural a lo largo de décadas, a través de la convivencia de sus habitantes.
La gentrificación es una de las caras más crueles y silenciosas del capitalismo, ya que atenta contra el derecho a acceder a una vivienda digna y contra las prácticas culturales de una comunidad. Este proceso fragmenta desde el núcleo social, rompiendo el tejido comunitario, desplazando a sus habitantes hacia la periferia y propiciando el rompimiento del entramado social. Lo mas cruel de esa cara del capitalismo es que propicia el epistemicidio.
Los procesos de gentrificación suelen ir acompañados de grupos sociales que, generalmente, tienen mayor poder adquisitivo. Estos grupos, ajenos a la comunidad original, deciden asentarse en ciertos barrios o vecindarios que, aunque en un principio no parecen muy atractivos, resultan beneficiosos por razones ambientales, geográficas o de ubicación estratégica dentro de las ciudades.
Estos grupos desplazan a otros, normalmente más vulnerables y con menos poder adquisitivo, debido a que el costo del uso de suelo y los servicios aumenta. En algunos casos, incluso, el gobierno interviene para beneficiar a unos pocos, afectando a muchos.
Con lo anterior, quizás te preguntes: ¿qué tienen que ver los extranjeros en este proceso? De forma directa, en nada. No se trata de una lucha en contra de su calidad de extranjeros o turistas. De manera indirecta, en gran medida, no es porque sean extranjeros –reitero–, sino que ellos son un factor más dentro del fenómeno de la gentrificación. A esto hay que sumarles ciertas medidas gubernamentales, como cambios en el uso de suelo, aumentos en tarifas de agua, predial y luz, que incrementan el costo de venta y renta de viviendas. También influye el uso de tecnología, especialmente aplicaciones como Airbnb, que renta viviendas enfocadas a segmentos poblacionales de tránsito, como extranjeros o nómadas digitales, y las nuevas formas de trabajo, como el home office.
Desde luego, la crisis de vivienda que afecta a gran parte del país, y en particular a las grandes ciudades, también tiene un papel importante. En el pasado, adquirir una vivienda digna era complicado; con el tiempo, los bajos sueldos y los intereses altos de los créditos hipotecarios hacen que parezca casi imposible acceder a una vivienda. Como cualquier derecho humano, el no poder acceder al derecho de vivienda, mitiga o vulnera otros derechos fundamentales: pues el hogar es el núcleo más puro del Estado.
Actualmente, las colonias que más han padecido el fenómeno o donde este se ha acelerado son: La Condesa, Roma, La Juárez, Santa María la Rivera, La Escandón y San Miguel Chapultepec. En el pasado, estas zonas contaban con cafeterías, librerías, pequeños restaurantes familiares y algunos bares; hoy, mantienen esas características, pero con precios más altos y en algunos casos en dólares y en inglés. Hacen sentir al propio en tierra ajena. Frente a este aumento abrumador en los precios, impulsado por la presencia predominante de extranjeros, los vecinos mexicanos y los propios residentes de los barrios, se ven afectados por sus sueldo, empeorando la situación si los comparamos con los salarios en dólares o euros que sí reciben muchos extranjeros; pues estos ven México, un paraíso para acceder a privilegios que en sus países sería difíciles de obtener.
Actualmente las alcaldías que más han sufrido aumento de pago de rentas a consecuencia de la gentrificación son, la Cuauhtémoc, Benito Juárez, Miguel Hidalgo; donde las rentas mensuales superan los 20 mil pesos, pudiendo encontrar departamentos muy por encima de este precio; de acuerdo con el INEGI el ingreso corriente total por principales fuentes de ingreso para el 2022. por ingreso de trabajo, es de 55,615.36[1] pesos; es decir; mensualmente es de 18 mil pesos aproximadamente; si comparamos esto con el precio mensual de pago de renta de 20 mil pesos; resulta imposible pagar tan solo la renta de un inmueble en cualquiera de estas zonas.
Por eso cuando me preguntan si la lucha y demanda popular por la regularización y tratamiento del fenómeno de gentrificación es legítimo. No dudo en decir que sí. Esto no se resume exclusivamente a la Ciudad de México, pues el proceso de desplazamiento por gentrificación que trae aparejado racismo y clasismo, así como marginación; se reflejan en otros lugares como Guadalajara, Morelia, el centro de Oaxaca, Guanajuato y diversas zonas turísticas.
[1] https://www.sedeco.cdmx.gob.mx/storage/app/media/uploaded-files/resultados-de-la-enigh-cdmx-2022.pdf




