En tiempos de amenazas imperiales y con la vuelta de los conservadores que imploran sin rubor por una nueva intervención militar en México, no es ninguna casualidad que hoy estemos frente a un nuevo libro del Presidente Andrés Manuel López Obrador.
A pesar de la delicada coyuntura que estamos atravesando en América Latina y en el mundo, el entreguismo o el cipayismo que se pone al servicio de las potencias invasoras y sus intereses coloniales son un largo mal endémico de las élites de nuestro continente.
El entrañable Eduardo Galeano nos recordaba en metáforas, como en América Latina por cinco siglos nos enseñaron a renegar de nosotros, siendo nuestras sociedades “entrenadas para escupir al espejo: para ignorar y despreciar lo mejor de nosotros mismos». Para muchos de esos viejos y nuevos conservadores, la historia de México solo podía comenzar con la invasión española como un relato triunfalista, donde aquellos hombres blancos y desinteresados llegaron a civilizar a un gran número de tribus dispersas, que vivían en «barbarie».
A los pueblos originarios que habitaron por milenios las zonas culturales de Mesoamérica y Aridoamérica se les terminaba relegando a las salas de los museos y algunas notas en los libros de antigüedades; la historia preponderante era -como México se trataba de integrar a la modernidad imitando los modelos políticos de Europa o Estados Unidos-. Peor destino se les confirió a los pueblos indígenas que persistieron a pesar de cinco siglos de colonización, cuando el mismo Estado mexicano intentó acabar con la identidad propia y su cultura trasmitida en sus leguas, por considerarlos como símbolo de atraso y pobreza.Fue la propia conciencia de los pueblos largamente vejados y negados quienes reclamaron un trato entre iguales y un lugar como los verdaderos fundadores de nuestra Patria que es México. A ese esfuerzo esclarecedor se sumó en 1987 el texto del eminente antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, México Profundo como un ensayo histórico-antropológico que reivindicó ese lugar dentro de la moderna sociedad mexicana y generó una nueva visión para dejar de ver a los pueblos originarios como reminiscencias del pasado.Para hacerlo Bonfil introdujo al debate político, -porque política era su postura-, la categoría de civilización para referirse a ese pasado negado por el pensamiento colonial. Así reconoció una cultura común entre todos esos pueblos, como una Civilización Mesoamericana que se vio interrumpida en su desarrollo propio por la conquista, pero que supo pervivir entre los nuevos mexicanos en los espacios más íntimos del hogar, en el trabajo de la milpa y en medio de la organización comunitaria.
A la par de la persistencia de los valores y los conocimientos del México Profundo, incluso entre aquellos mexicanos que fueron despojados de su identidad y de su lengua, se fue implantando desde arriba el proyecto de un México Imaginario promovido por las élites políticas, económicas y culturales, a partir de la imitación de esquemas de desarrollo externos, pero que implicaban la desvalorización de las expresiones culturales propias. Así puede caracterizase el supuesto proyecto modernizador del PRI en el siglo XX, que solo consideró como folclor y clientelas políticas a los pueblos indígenas (Mexican curious), pero nunca como un fundamento ético-político para un proyecto de nación. Y es a esta vertiente de pensamiento descolonizador planteado por Bonfil Batalla hace casi 40 años, es que pertenece el texto Grandeza. Un nuevo repaso histórico-cultural sobre los aportes milenarios de los pueblos originarios y como este desarrollo civilizador propio, se vio perturbado por la invasión europea a partir del siglo XVI. Por eso resulta fundamental toda la primera parte del libro, donde AMLO aspira a insertar la historia de los pueblos indígenas de México dentro de la larga marcha de la historia de la humanidad.



