Ciudad de México a 13 diciembre, 2025, 16: 55 hora del centro.
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“Hay que amarrar a la perra… y cuidado con los cerdos”

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En política, como en el campo, hay animales que nunca conviene soltar. “Si la perra está amarrada, aunque ladre todo el día, no la deben de soltar”, dice la canción. No lo digo yo: lo decía mi abuelo… y lo confirman los viejos campesinos que saben que hay bestias que, si se sueltan, arrasan con todo, no por hambre, sino por instinto de destrucción.

La perra, esa que hoy ladra contra todo y todos, no defiende a la granja: la quiere para ella sola. Ladra no por justicia, sino por rabia. Ha mordido las cuerdas del corral con la complicidad de algunos cerditos que, sin importar las siglas o el color de su lodo, se alimentan diario del maíz que produce el trabajo ajeno. Son políticos que llegaron a la granja para engordar su cuenta bancaria y perpetuar a sus familias y amigos en el corral, aunque eso signifique pisotear los sembradíos.

Mientras ellos engordan, el granjero que trabaja ya no les tiene confianza. Hay gavilanes que caen y pollitos que se preguntan si fue el viento o un empujón. Hay conejos que agonizan dentro y fuera de la jaula, y cosechas que ya no crecen como antes, porque los que deberían cuidar la alfalfa están ocupados en venderla.

Y aquí hay que decirlo con todas sus letras: hay que amarrar a esa perra, esa que hoy está conformada por personajes que dicen tener “información”, o que representan “intereses extranjeros” y, algunos, hasta “divinos”, a quienes es mejor ni mencionar; para no darles la propaganda que quieren. Es mejor seguir diciéndoles “la perra”. No se trata de censura, se trata de no darles el combustible que buscan: la atención pública. Porque su estrategia no es resolver, sino provocar, morder y envenenar la granja desde dentro.

La corrupción, la inseguridad, la desinformación y la enajenación de bienes nacionales en la granja no son un accidente: son el resultado de haber soltado a quien nunca debió salir de su amarre. Hoy, cada ladrido busca distraer al resto de los animales, hacerles olvidar quiénes son los verdaderos responsables del desorden.

La canción lo advierte y la realidad lo confirma: “entre todos los granjeros la tenemos que amarrar”. Porque la soberanía de nuestra granja no se defiende soltando rencores con colmillos, sino cuidando que el maíz, el agua y la tierra no terminen en las fauces de quienes solo saben morder y devorar. Entonces, si la perra está amarrada, aunque ladre todo el día, no la debemos de soltar.

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