junio 14, 2021

Pluma Patriótica

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martes, 28 enero, 2020

Personajes

La discusión pública es una puesta en escena en donde varios personajes actúan a la vista de todos. Cada uno de ellos sostiene su propio performance al enunciar y las discusiones que vemos en la televisión, radio, columnas o redes sociales nos muestran una de sus caras, pero difícilmente pueden revelarnos los intereses y motivaciones más privados. Estos se quedan tras bambalinas, lejos de la mirada del espectador, con los amigos, la pareja, la familia, en la intimidad.

Desde luego, hay personajes que son más públicos que otros, y esto no porque salgan en más programas o tengan más seguidores en tuiter, sino porque sus intereses particulares son más visibles. No se le da el mismo sentido a la opinión del presidente de un partido político que al del opinólogo de cabecera. Del primero no hay duda de que hablará en nombre de su partido, y del segundo, aparentemente, que será objetivo porque su papel es analizar y no representa a nadie. Esto no necesariamente es así y es probable que tenga alguna preferencia o incluso vínculos directos con cierto grupo de interés, pero, en la puesta de escena, su papel es más privado que el otro.

Ahora bien, todo esto no significa que la conversación pública sea ficticia. Las discusiones que vemos son reales (aunque a veces estén plagadas de noticias falsas), sólo que ocurren de una forma diferente a como sería en una plática de café con una persona cercana. Y por eso, lo que resulta interesante es la forma en la que cada uno se posiciona en el tablero mediático, qué ideas quiere transmitir y cuál es el papel que ha asumido para hacerlo.

Hay unos que hacen evidente que comulgan con alguna fuerza política. Esta decisión es complicada en el sentido de que todo lo que digan, en última instancia, se verá como una defensa hasta dogmática de lo que creen o representan. Sin embargo, hay claridad del lugar en el que enuncian y, por lo mismo, la defensa o la crítica que hagan de algún tema en específico cobra un significado diferente. Incluso en algunos casos, aunque no en todos, esto puede ser muestra de que hay un vínculo orgánico con uno o varios grupos sociales.

Hay otros que no manifiestan públicamente que comulgan con algún grupo de interés. Con esto más o menos eluden la crítica al origen de sus ideas, pero a su vez no tienen tan fijo el lugar desde el que enuncian y, por lo mism,o a veces su vínculo orgánico no es tan claro, si es que lo tienen. También hay otros, los más burdos, que más que defender o argumentar a favor de alguna postura, dinamitan la conversación con chistes de mal gusto, ofensas y falacias de todo tipo. Otros tantos se hacen los graciosos y han saltado a la fama más por compartir memes que por sus ideas o su trabajo periodístico. Incluso hay quienes, más que defender una idea, lo que buscan día con día es mantener vivo al personaje ficticio que se han creado de ellos mismos y así permanecer vigentes en la tele o en sus columnas, sin pretensión de trascendencia. Y así podríamos seguir enlistando.

Así pues, la discusión mediática es una puesta en escena con personajes de todo tipo. En medio de los cambios en la conversación pública, la forma en la que se irán desenvolviendo estos será muy importante para su configuración. ¿Surgirán más analistas con trincheras claras? ¿Las discusiones se harán cada vez más burdas? ¿Se llenarán de militantes de sí mismos? No lo sé. Pero esperemos que, junto a ellos, surjan ideas que trasciendan al momento y a cualquier performance.

Hugo Garciamarín. Politólogo por la UNAM y la Universidad de Salamanca. Analista político y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

@hgarciamarin

Otros textos del autor:

-Mentir
-El malestar

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