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Humanismo y justicia social en el ISSSTE

postal PP horizontal Héctor Zariñana

El 14 de mayo de 2025, durante la Mañanera del Pueblo, el director general del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Martí Batres Guadarrama, presentó un decálogo denominado Trato Digno, que representa una hoja de ruta ética, política y administrativa para transformar radicalmente la atención en el sector salud desde una perspectiva humanista. Lejos de ser una simple declaración de buenas intenciones, este decálogo se inscribe en la lógica profunda. Poner en el centro de las políticas públicas al pueblo, especialmente a los sectores históricamente vulnerados y olvidados por el neoliberalismo.

El decálogo del Trato Digno consta de diez principios que, en conjunto, constituyen una guía para el personal médico, administrativo y de enfermería en el ISSSTE. Son compromisos sencillos en su formulación, pero poderosos en su alcance: saludar con respeto, mirar a los ojos, no gritar, brindar atención con calidez, escuchar con atención, evitar discriminación, proporcionar orientación clara, tener disposición al servicio, cuidar el lenguaje y actuar con empatía. Estos diez puntos resumen el deseo de construir una nueva cultura institucional en el sistema de salud pública, basada en el respeto, la humanidad y la justicia social.

Se sabe que una verdadera transformación del Estado no sólo se da mediante reformas estructurales y redistribución de recursos, sino también a través de una revolución ética del servidor público. En este sentido, el Trato Digno no es sólo una consigna administrativa; es un llamado de conciencia. Representa un cambio de paradigma frente a décadas de prácticas burocráticas insensibles, donde el ciudadano era visto como un número de expediente y no como un ser humano con derechos.

Bajo los gobiernos neoliberales del pasado, el ISSSTE fue convertido en una estructura deshumanizada, degradada por la corrupción, la subrogación de servicios, la escasez de medicamentos y la simulación institucional. Las y los derechohabientes —trabajadores del Estado— fueron víctimas de un modelo excluyente que veía en la salud un negocio y no un derecho. Hoy, con la Cuarta Transformación y el liderazgo de Claudia Sheinbaum, se da continuidad al proyecto iniciado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, que busca recuperar el papel del Estado como garante del bienestar social, con honestidad y con el pueblo como prioridad.

En este marco, la implementación del decálogo Trato Digno se presenta como un acto político profundamente transformador. No se trata solamente de capacitar al personal en normas de atención, sino de formar servidores públicos comprometidos con el pueblo. Implica desmontar las inercias de desprecio que dejaron los tecnócratas del viejo régimen y sustituirlas por una lógica del cuidado, del servicio con sentido ético y político. El servidor público, especialmente en el sector salud, debe ser un agente de justicia social, no un burócrata alejado del dolor humano.

Además, este decálogo se convierte en una herramienta para combatir las formas cotidianas de violencia institucional, muchas veces invisibles, pero profundamente dolorosas: el maltrato verbal, la negligencia, la indiferencia, la discriminación por clase, género, etnia o edad. Al visibilizar estas prácticas y comprometerse a erradicarlas, el ISSSTE manda un mensaje contundente.

La relevancia del Trato Digno va más allá del ISSSTE. Es una apuesta pedagógica y simbólica para todas las dependencias del Estado. Es una semilla que puede germinar en otras instituciones públicas y en todos los niveles de gobierno. Porque la dignidad no se implora, se garantiza desde el poder público, y el ejemplo debe venir desde arriba, desde los más altos funcionarios hasta el personal de primer contacto.

En sí misma, esta medida —como acción congruente con los principios del humanismo mexicano— nos convoca a poner en el centro de las políticas públicas la vida, la dignidad, la comunidad y la justicia. No hay transformación sin servidores públicos conscientes, comprometidos y empáticos. El Trato Digno es, en suma, un recordatorio de que el poder sólo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás.

En tiempos donde sectores conservadores intentan recuperar privilegios y desacreditar al Estado social, como esta iniciativa se avanza con paso firme. Lo hace no sólo en términos de infraestructura o presupuesto, sino también en valores, en ética pública y en amor por el pueblo. Martí, al presentar este decálogo, nos recuerda que el verdadero servidor público no es aquel que obedece órdenes sin pensar, sino quien actúa con conciencia social y sentido de justicia.

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