Instaurar la esperanza de 4T en Coahuila

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Instaurar la esperanza de 4T en Coahuila

Por Antonio Castro | jueves, 08 de abril del 2021.

En octubre de 2020 se llevaron elecciones simultáneas en dos entidades federativas, Hidalgo y Coahuila. Esta última tiene casi un siglo manteniéndose bajo el poder del partido hegemónico del viejo régimen: el Partido Revolucionario Institucional (PRI), mismo que se niega a morir, incluso cuando ha perdido popularidad y simpatía entre los ciudadanos por sus múltiples señalamientos de corrupción y mal manejo en sus diferentes gobiernos.

Coahuila, un estado al noreste de la República mexicana que colinda con la frontera sur de Estados Unidos, cuenta con una población de poco más de tres millones de habitantes distribuidos en 38 municipios; es un estado industrializado y especializado en el sector automotriz y acero, y tiene una de las cuencas lecheras más importante del país en la región de la comarca lagunera.  La entidad se caracteriza —en términos políticos— como el último bastión del PRI, partido que lleva gobernando 92 años y que cuenta con una eficaz y organizada maquinaria electoral, clientelar y corporativista para sus distintas operaciones políticas, empleando un método nefasto en el "quehacer político”.

Presenta, adicionalmente, ciertas peculiaridades políticas. Actualmente el gobierno estatal sigue siendo operado por la mafia de la familia “Moreira Valdez”, quienes —a pesar de no contar con un miembro en la actual administración de la estructura gubernamental— poseen el control del panorama hegemónico. Su dominio empieza en 2005 cuando Humberto Moreira ganó la gubernatura del estado, suceso con el cual su familia comienza a dictaminar el ritmo político de Coahuila con una ambiciosa política social y clientelar que dejó: una mega deuda que, a la fecha, continúa pagando la clase trabajadora de Coahuila; problemas de inseguridad severos en el norte del estado, y dificultades productivas —la zona carbonífera solo depende económicamente de la extracción de carbón —. Sin embargo, al concluir su mandato, Humberto Moreira heredó la gobernatura a su hermano Rubén Moreira para continuar con el linaje político de saqueo del erario público, corrupción, impunidad y oscurantismo por la violencia que se engendró en la época.

Una vez terminado el mandato de ambos hermanos, buscaron mantener control político a nivel estatal como municipal, y se relacionaron con distintos intereses políticos y económicos para influir en la vida pública de Coahuila. Además, sus otros dos hermanos mantienen un control político corporativista fuerte, con gran penetración e injerencia en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en Coahuila. En las pasadas elecciones de octubre 2020, Álvaro Moreira Valdez quedó electo como diputado local en un distrito de la capital del estado (Saltillo), para continuar el cacicazgo de la familia Moreira Valdez.

El triunfo histórico de Morena en los comicios de 2018 —encabezado por el ahora presidente, Andrés Manuel López Obrador— es un suceso que marca el cambio en la relación político-electoral y democrática del país, que influyo en Coahuila. Se logró ganar a pesar de las prácticas de los partidos del viejo régimen (PRI y PAN) y de movilización de estructura (acarreo, compra y coacción de voto) que se basaba en el uso excesivo de recurso público, desmontando la intervención del Estado mexicano en la imposición de candidatos antipopulares para ocupar la Presidencia de México.
Esto se logró gracias al peso y arrastre de Andrés Manuel, así como por el hartazgo del Pueblo, que estuvo desamparado y olvidado por el régimen neoliberal y la estéril clase política. Esto provocó en la población una motivación insólita de acudir a las urnas a ejercer el derecho al voto por sus convicciones y principios de cambio, alimentando una gran participación electoral, con 62 por ciento del padrón de electores.

A 100 días de cumplir 3 años de este triunfo histórico, el gobierno de la 4T impulsó una reforma para busca eliminar los vicios del régimen neoliberal en cuestión de procesos electorales y democráticos. La reforma estipuló como delito grave el fraude electoral, la compra y coacción del voto, que fueron prácticas usadas durante décadas por el partido hegemónico (PRI) en cada proceso electoral y sobresalientes ante los ojos de la opinión pública. Sin embargo, las secuelas de estas prácticas siguen presentes en algunos rincones del país, como es el caso concreto de Coahuila y su capital —Saltillo— considerado como el último bastión priista de México, donde prevalecen prácticas añejas, miserables y nefastas para mantener vivo el neoliberalismo.

Estas prácticas se centran en el excesivo uso del recurso público para la compra de votos y una estructura partidista vertical de operación política por manzana (principalmente en algunas colonias periféricas y del centro de cada municipio) encabezada por una figura concreta, muy conocida y denominada como “lideresa” (militante de partido —generalmente mujer— que coordina las actividades del partido en una manzana), que es la base de la militancia del partido. Dentro de la jerarquía, por encima está un líder de colonia, líder seccional, líder distrital (en la mayoría de los casos, funcionarios públicos de los municipios que gobierna o del estado o diputados locales y/o federales) y finalizando con un comité municipal del partido. 

Este método de operación es conocido como “línea de masas” y ha sido implementado desde el “moreirato” (2005 con el ascenso de Humberto Moreira). Su experimento político fue la renovación del Congreso del Estado de Coahuila y la gubernatura, un episodio conocido como “elecciones huérfanas”, porque no estaban acompañadas de elecciones federales. Este experimento tuvo como resultado la mayor participación de votantes en toda la historia de Coahuila, con una participación del 52 por ciento. Desde entonces, el Partido Revolucionario Institucional se lleva “carro completo” —como sucedió el pasado 18 de octubre del 2020— en las elecciones para diputados locales, gracias a la eficacia de esta forma de organización deshonrosa y vulgar.

Con el paso del tiempo se perfeccionó el método de operación política, agregándose sectores con intereses “oscuros” en las pugnas electorales del estado. Tal es el caso de las regiones donde el crimen organizado y la Policía estatal (Fuerza Coahuila) operan como uno mismo. En la elección para gobernador de 2017, en Piedras Negras, hubo secuestro de paquetes electorales y amedrentamiento a la ciudadanía, del cual existe registro gráfico y visual en diferentes plataformas digitales.  De esta forma, las “elecciones huérfanas” —al paso de los años— se convirtieron en elecciones de Estado.

Es ingenuo pensar que con una reforma electoral se detendrá el fraude y la compra del voto. No se dimensionan los intereses neoliberales en juego, de modo que sus representantes buscarán desestabilizar al gobierno de la 4T en el actual periodo electoral, que se presenta con la ciudadanía como el más grande de la historia por el proceso de trasformación y por la grandeza de los candidatos —que son mujeres y hombres que representan los intereses del Pueblo—. 

El partido político que representa los principios de la 4T y la lógica del gobierno actual, Morena, no pudo combatir la operación política prisita en la pasada jornada electoral en Coahuila por circunstancias internas —como las disputas entre los grupos por la dirigencia nacional que han conducido al desgaste de los militantes y a la judicialización de las problemáticas en los tribunales—.
La dirigencia nacional de Morena soberbiamente cometió el error de asumir que lo sucedido en la elección de 2018 se replicaría en Coahuila, relajando su participación política y otorgando la responsabilidad a la militancia para las pasadas elecciones. Sin embargo, la actuación de Morena no solo fue terrible, sino vergonzosa, tirando por la borda el acompañamiento a sus candidatos —quienes reconozco hicieron una labor titánica— sin ningún recurso económico y propagandístico para hacer la campaña, junto con el abandono en el cuidado de las casillas, sumándole el caso especial por la emergencia sanitaria, el aumento de contagios de coronavirus en el estado y el alto abstencionismo. Todo esto provocó una elección huérfana con una circunstancia atípica que dificultaba más el proceso, que posicionó la ventaja de la maquinaria electoral del Partido Revolucionario Institucional y el aparato de gobierno, sumando así la sexta ocasión en la que se consiguió el “carro completo” para llegar a 18 años continuos repitiendo la misma historia en la renovación del Congreso local.

A pesar de todos los descalabros que tiene Morena como partido, en Coahuila se posicionó como primera fuerza de oposición, desbancando al Partido Acción Nacional, el cual ocupó un oscuro tercer lugar. 

Lo sucedido en Coahuila en la elección de octubre de 2020 envío un mensaje claro de que el neoliberalismo y sus prácticas políticas y electores repugnantes continúan existiendo a la orden del día. Por lo tanto, no debemos de confiarnos en la actual disputa electoral: “ni un paso atrás, ni para tomar impulso”.

Contrario a la elección de octubre, hoy en día en Coahuila se vislumbra un panorama político distinto con Morena fortalecido, articulado, organizado y unido con un amplio apoyo de la ciudadanía para encarar al partido oficial en el estado y de sus cómplices (el PAN, PRD y MC). En la renovación de ayuntamientos y diputaciones federales se siguen realizando prácticas nefastas del viejo régimen neoliberal que entregaron a las constructoras e inmobiliarias el territorio y secuestraron el poder público. Tal es el caso de la actual administración municipal en Saltillo, donde el alcalde manolo Jiménez —empresario de la rama de la construcción y bienes raíces— prefirió remodelar los bulevares Narro Robles y los Valdez al norte de la ciudad —área de las clases altas—, lo que beneficia a 100 familias pero se olvida de las verdaderas necesidades de los saltilleneses, como: un verdadero drenaje, pavimento en colonias marginadas al sur de la ciudad y un eficiente y moderno sistema de trasporte público. 

No obstante, la larga noche neoliberal en Saltillo y en Coahuila está a punto de terminar y las secuelas del régimen de saqueo y corrupción terminarán para instaurarse la esperanza de la Cuarta Trasformación de la vida pública de Coahuila. “Ganar Saltillo es ganar Coahuila”; los compañeros Armando Guadiana próximo alcalde de Saltillo, Diana Hernández próxima diputada federal del distrito federal 07 con cabecera en Saltillo y el próximo diputado federal Diego Del Bosque del distrito federal 04 serán los protagonistas de establecer la 4ta trasformación en Saltillo y Coahuila porque son díganos representas de los intereses del Pueblo saltillense.

¡Con Diana, Diego y Guadiana Saltillo siempre gana! 

Por Antonio Castro | jueves, 08 de abril del 2021.

Antonio Castro

Colaborador del espacio colectivo la comuna. Oriundo de la ciudad de Saltillo. Es un fiel opositor del sistema capitalista; militante febril del obradorismo. En pie de lucha desde el fraude del 2006. Amante de las letras, el clima frío y lluvioso, e ir a las tabernas de noche a promulgar la 4ta Trasformación.

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