Pluma Patriótica

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Jaime Avilés, periodismo y resistencia

Jaime Avilés partió un 8 de agosto de 2017. Como sucedió con miles de mujeres y hombres libres que dieron su vida por un cambio verdadero en México, el célebre escritor y cronista no pudo ver con sus ojos el triunfo del Pueblo organizado del 1° de julio del 2018, al que tanto contribuyó desde la trinchera del periodismo crítico e independiente.

No se podría explicar la continuidad de la lucha de resistencia civil y pacífica que ha sido el corazón del movimiento Obradorista —desde el Éxodo por la Democracia encabezado por Andrés Manuel López Obrador en Tabasco en los 90, las acciones en defensa del gobierno democrático del tabasqueño en el todavía DF entre 2000 y 2006, la lucha contra el desafuero en 2004 y 2005, la Convención Nacional Democrática y la resistencia contra el fraude en 2006, la construcción en todos los rincones de México del Gobierno Legítimo de México entre 2006 a 2010, la defensa del petróleo de “Las Adelitas”, las casas del movimiento y la gestación de Morena en 2010—, sin la pluma de Jaime Avilés, quien no sólo ilustraba y reseñaba las estoicas jornadas del Pueblo que se movilizaba por justicia y democracia durante la amarga y larga noche neoliberal, sino que también brindaba caminos, atisbos y luces con planes de acción y propuestas de lucha para siempre reencausar y levantar el ánimo ante los reveses y obstáculos a los que se enfrentaba el militante o simpatizante de a pie. En tiempos cuando las redes sociales eran incipientes y la televisión dominaba el 95% de la información pública, era Avilés quien cada sábado mostraba verdades en su columna como una inmensa vitrina de luz, potenciando la memoria, el momento político, la crítica y la autocrítica, el balance, la información veraz y las perspectivas de la lucha de los de abajo, que gracias a personajes comprometidos con su patria como él, lograron que la resistencia nunca claudicara.

Las columnas que Jaime Avilés escribió todos los sábados en ‘La Jornada’, primero con el nombre “El tonto del pueblo” y después “Desfiladero”, fueron auténticas guías para la acción social en las adversas décadas de cambio de siglo, y su libro AMLO: Vida privada de un hombre público (2012) es punto de referencia obligado para comprender los orígenes y principios básicos de la Cuarta Transformación.

Hoy, en un aniversario de su partida, recordamos también que Avilés acompañó sus letras de praxis política personal. Es pertinente como botón de muestra, recordar aquella mañana donde el cronista nos convocó tras el fraude a favor de Felipe Calderón en 2006:

“El auditorio del SUTIN en Viaducto estaba inundado de compañeros, ansiedad y rabia. Hacia unas horas el IFE había ejecutado un cínico acto de prestidigitación electoral en horario triple A para ocultar, revertir y escamotear el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial.“

Había, con ojos cansados y llorosos, jefas de familia, maestros, trabajadores del campo y la ciudad, chavos de la Red Nacional de Jóvenes por AMLO (con sus playeras de béisbol), compañeras de larga experiencia combativa (como Yamile Paz y Esperanza Lira), exintegrantes del histórico Consejo Nacional de Huelga del 68 (como Emilio Reza), activistas de la comunidad LGBT, estudiantes del Frente Universitario de Apoyo Crítico a López Obrador de la UNAM, compas inoxidables de Flor y Canto, sindicalistas, librepensadores y poetas de ningún lugar, algún trajeado de la Gran Logia Independencia Número Dos… En su conjunto estábamos ahí todo ese enorme y variopinto mosaico de la izquierda ciudadana, que desde hace años militábamos y votábamos por el PRD pero ya no simpatizábamos con el sol azteca. carcomido por su burocracia.

Desde la columna de Jaime Avilés se habilitó un correo electrónico por cada estado y todos los informes confluirían en la cuenta conteo_alternativo2006@yahoo.com.mx. A unas horas de finalizada la elección los testimonios habían comenzado a llegar; ahí estaba más claro que el agua, había evidencias del fraude a puños: en la casilla 1403 de Chinampa de Gorostiza, Veracruz en el conteo del IFE AMLO tiene 23 votos, pero llegó la foto de la sábana de afuera de la casilla y tiene 230… la de San Agustín Atenango, Oaxaca, lo mismo, los números no coincidían, y una tras otras con el común denominador de restar votos por centenas a López Obrador, en una operación de filigrana como cuando en los bancos te descuentan algunos centavos y sumados significan millones.

En la reunión permeaban las voces de desesperanza, que se sintetizó en la participación de un señor de sombrero muy labioso: “A ver compañeros, porque los tenemos, y porque sé que los tenemos lo digo, y me refiero a que tenemos los pelos de la burra en la mano” (risas); “pero No- nos- van- a- hacer- caso…”, lo dijo tan lentamente que parecía una sentencia bíblica, y fue más rotundo: “¿Quién nos va a hacer caso? ¿El IFE vendido? ¿El Trife vendido? ¿Los medios vendidos? Son de ellos”, se respondió el mismo señor del sombrero con sus ojos bien apagados.

Entonces, enfundado en una camisa blanca, sentado lejos de los reflectores del escenario del auditorio de SUTIN, el alma del Lado Izquierdo Opositor que quizá se sentó en un lugar imperceptible para poder salirse a fumar, carraspeó, miró sus notas y luego comenzó a hablar interrumpido por su propia tos, primero sentado y luego de pie para poder ser escuchado por quienes estaban en la parte trasera del espacio a reventar; Jaime Avilés palabras más palabras menos dijo:

“Los he escuchado con atención y también como ustedes con mucha pinche rabia maestros; sí, en efecto primero vamos a organizar la información que llegó a los correos, mañana o al rato la podemos entregar en la oficina de San Luis; nos prestan ahorita una casa con unas computadoras en Coyoacán, bueno ahorita armamos una comisión; pero lo más importante es tener en cuenta lo siguiente: el movimiento es como el metro, quien guste rendirse puede bajarse en la próxima estación, y también, así como algunos tendrán sus razones para bajarse, otros más se subirán a los vagones en las paradas de más adelante (“¡Sin albur!”, murmura alguien y detona risas catárticas), unos irán de pie luchando, otros nos acompañaran cómodamente sentados; otros seguirán dormidos, y algunos han fingido estar no estando (“¡Como los chuchos!”, gritó alguien; más risas), pero lo que todos debemos tener claro, muy-bien-claro, es que el metro del movimiento va a seguir su camino, con o sin algunos de nosotros, aunque algunos se bajen y otros se suban, porque hoy aquí es el tren de la historia, y este metro, este tren tiene chofer y rumbo, es Andrés Manuel López Obrador, así que no tengamos paz ni tampoco caigamos en la provocación… sigamos en el metro de la resistencia, y pronto cuando estemos todos en el Zócalo sabremos que hacer…”

Los aplausos irrumpieron. Finalmente, Jaime Avilés nos pidió —secundando la propuesta de alguien— entonar de pie el Himno Nacional, pero antes dijo: “si el Pueblo responde en el Zócalo se abrirá un rayo de luz en la espesa oscuridad del cielo.” Cantamos el Himno con voces agrietadas, pero sonreímos otra vez, nos mirábamos los ojos enrojecidos al despedirnos con abrazos infinitos y fraternos.

Nos citamos en el Hemiciclo para marchar al Zócalo, pero ese domingo 30 de julio no nos pudimos ver en la hora de la cita, porque cuando llegamos la plancha ya se había desbordado. Un millón y medio de personas asistimos al inicio del plantón más grande del mundo, que conmovió México, y que inició el largo viaje del tren de la resistencia civil pacífica y activa…

Hoy Jaime Avilés se multiplica en juveniles plumas patrióticas, que desde El Soberano y otros muy valiosos medios alternativos, ejercen el periodismo crítico que con tanta tenacidad y honestidad como nos departió el maestro en su taller de cada sábado, que llegaba con la tinta de los buenos años.

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