Pluma Patriótica

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Jalisco, despierta

Jalisco alguna vez fue un estado bastante complejo; me resulta impensable que se diga que aún existe esa complejidad cuando ya hay una identidad incrustada en el estado con el paso del tiempo y que es un sello de identidad, que podríamos denominar como conservador o centralista.

Hablamos de dos frentes, cuando persiste la lucha férrea entre el conservadurismo y el federalismo. Recordemos que en el siglo XIX, Jalisco fue una gran base del pensamiento liberal y su defensa del federalismo, no obstante, se dio en la tercera década del siglo XX, cuando fue también el corazón de la Guerra Cristera.

La Guerra Cristera (1926-1929) fue un enfrentamiento armado que inundó de sangre gran parte del territorio mexicano durante de 3 años. No se vio con buenos ojos que la Iglesia externara su apoyo a Porfirio Díaz y su dictadura y la  Iglesia se inconformó cuando se expropiaron sus bienes, así como con la promulgación de la Constitución de 1917 por parte del entonces mandatario Plutarco Elías Calles. En ella, se buscaba reducir el número de sacerdotes, restringir la realización del culto religioso y aminorar las libertades de los creyentes. Además, se buscaba prohibir las manifestaciones de fe fuera de los hogares, así como expropiar las propiedades y bienes de la Iglesia. Es desde entonces que la Iglesia pasó a ser una herramienta más de la agenda de ultraderecha, ya que los cristeros no solo fueron víctimas sino incluso también victimarios, pues al enfrentarse a los militares (federalistas), no tenían piedad alguna en quitarles la vida y demostrar su verdadero rostro.

Lamentablemente, quienes se encontraban “ajenos” al movimiento también sufrieron las consecuencias de esta violenta guerra pues sus hogares fueron saqueados, las mujeres sufrieron abusos sexuales y otras tantas personas perdieron la vida.

La historiadora y escritora Doralicia Carmona Ávila, para finalizar la Guerra, cita lo siguiente:

“el arzobispo de Michoacán y delegado apostólico Leopoldo Ruiz y Flores y el obispo de Tabasco Pascual Díaz, firman con el presidente Portes Gil los acuerdos entre la Iglesia Católica y el Estado, redactados por el embajador norteamericano Dwight W. Morrow, que no tienen carácter oficial, pues la Iglesia carece de personalidad jurídica para convenir con el Ejecutivo. Sin pedir ni ceder algo a cambio, el gobierno concede amnistía a los cristeros que se rindan y devuelve los templos y casas que no estén ocupadas por alguna oficina gubernamental. La Iglesia y los católicos quedan en la misma situación que tenían antes de estallar la guerra cristera. Portes Gil, antes de firmarlos, pide como favor que salgan del país los prelados González y Valencia, y Manríquez y Zárate, únicos que tomaron partido en favor de los cristeros, y Monseñor Orozco, “pesadilla” del gobierno, para calmar a los jacobinos que seguramente estarán contra estos arreglos. Lo cual es aceptado. Inmediatamente después de este acto, los prelados van a dar gracias a la Basílica de Guadalupe, en donde Monseñor Ruiz y Flores comunica a Monseñor Díaz que el Papa lo ha nombrado arzobispo de México”.

Pero el acuerdo no fue permanente, ya que con la llegada al gobierno de Lázaro Cárdenas, no quedaron conformes ni contentos y procedieron a reanudar la guerra. Para ese entonces, Plutarco Elías Calles ya había puesto la escuela socialista y ahí radica la razón por la que hoy la Iglesia promueve el voto en contra del partido en el poder, argumentando que no quieren más “comunismo”, aunque es bien sabida la diferencia entre comunismo y socialismo. El fin oficial de la Guerra Cristera sucedió hasta el Gobierno de Manuel Ávila Camacho.

Pero ¿de dónde surge realmente que “la Iglesia no quiere el comunismo en Jalisco”? Podemos darnos cuenta con la intervención del Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, oriundo de Yahualica de Mercado, Jalisco, durante la veda electoral del pasado 6 de junio —violando así el acuerdo del Estado laico mientras apoyaba a un partido político que hoy día tiene sumido en la deuda más grande que jamás Jalisco haya tenido, Movimiento Ciudadano, que rebasa ya el 60% de la deuda y superando a su predecesor, el PRI (exacto, de los mismos revolucionarios socialistas que cínica y equivocadamente la Iglesia llama “comunistas”)— y cito sus palabras:

“La Iglesia que durante siglos fue la representante del orden feudal, latifundista, hoy sabrá representar además los intereses de la clase capitalista, patronal, explotadora; la Iglesia, eterno instrumento para mantener sumisas y en la ignorancia a las masas populares, iniciará de nuevo y con doble esfuerzo su tarea para destruir en el corazón y en la mente de las masas la poca conciencia que la Revolución les ha dado».

Entonces, con todo esto, ¿cómo es posible que muy a pesar de las malas decisiones que han tomado en Jalisco por parte el PAN, PRI y MC aún haya cierto sector de la población que opta por seguir votando por ellos? Quieren un cambio, pero siguen siendo cómplices al votar por ellos y callar ante sus decisiones arbitrarias y en contra del Pueblo mismo de Jalisco. Ante la abnegación, ante el silencio, ante la complicidad a través del voto, ante la sumisión y la ignorancia, no pretendan entonces soñar el cambio verdadero. Hay un abismo de diferencia entre querer y soñar; querer es cuando se tienen convicciones propias y se toman decisiones a la hora de votar con miras hacia el futuro. ¿Cómo? Empapándose de información, dirimiendo entre una verdad y una mentira, entre una falsa noticia y una noticia verídica, entre una posverdad y la verdad misma, basándose en sus propios criterios de acuerdo con los hechos demostrables, la historia a través del enriquecimiento de la cultura de leer y expandir los conocimientos y no por acorde con la Iglesia, con la televisión, la radio, las novelas y las noticias tendenciosas a través de sus presentadores mediáticos y voraces. La información es más valiosa cuando uno la investiga y no cuando uno la lee de otra persona o la escucha. La información es la mejor arma contra la sumisión y la ignorancia. ¡Despierta ya del sueño letárgico!

Entre soñar para no reaccionar y querer para reaccionar: prefiero mil veces querer para reaccionar y hacerlo realidad.

Tú, ¿de qué lado estás?

 

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