Ciudad de México a 25 enero, 2026, 3: 40 hora del centro.
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Jorge Romero y los jóvenes: la marcha del 15N

PP Ana Villagrán

Si no estás familiarizado con lo que ha hecho el PAN en los últimos años, no podrás darte cuenta de que Jorge Romero intentó construir un movimiento de jóvenes para atacar a la presidenta Claudia Sheinbaum, y no sólo no le salió, sino que evidenció la gran farsa. La gran farsa que lleva sosteniendo por décadas y que un día, quizás, los jóvenes del PAN tengan valor para señalárselo.

Desde hace más de una década, Jorge Romero en la Ciudad no permite que haya internas para tener contiendas democráticas reales que formen a los jóvenes que, por ejemplo, me formaron a mí en la lucha democrática, en los valores que en aquel entonces creí correctos, como lo han creído muchísimos otros jóvenes más que, con el tiempo, se han ido saliendo del PAN.

Los estatutos de Acción Nacional le dan vida a un grupo denominado Acción Juvenil que, desde hace más de 10 años en la CDMX, no ha podido vivir con la entrega y pasión que un día los caracterizó en procesos para escoger a sus propios dirigentes. ¿Y esto por qué? Porque hoy Jorge Romero es quien decide qué joven, por dedazo, llega a Acción Juvenil de cada demarcación, de cada alcaldía, obedeciendo una lógica de distribución de sus quintos y no del potencial, la entrega, el cariño, la visión o el objetivo democrático que un día Gómez Morin pensó para el PAN o que Felipe Calderón quería para Acción Juvenil.

Para Jorge Romero, esto es una posición más que se entrega a cualquier jovencito que forma parte de un quórum, y donde su líder directo decide quién va y quién no va. Pero una democracia, un crecimiento político o un desarrollo como el que los jóvenes mexicanos que creen en la política merecen, el PAN ya no se los da.

Si eso hace adentro del PAN, ¿cómo esperan los mexicanos externos de la generación Z tener un espacio en una institución que no sólo no cree en los jóvenes, sino que les tiene miedo, como me pasó a mí? Y además los están utilizando como carne de cañón para hacer lo que Jorge no puede hacer: trabajar en la calle con limpieza moral y con congruencia para construir el México por el que todos y todas trabajamos.

A Jorge Romero, por los hechos, no le interesan los jóvenes. Le interesa desesperadamente construir una retórica que desestabilice un centímetro a la presidenta de México, porque ya se dio cuenta de que ni con todos los videos con tono sufrido que él sube —lanzando bendiciones, además— logra generar un eco en algún ciudadano real de este país.

El PAN lleva años extraviado, y por más que hubo voces como la mía que lo señalaron desde hace mucho tiempo, es más fácil aplastar a los jóvenes con liderazgo propio y con convicción humana real e intentar utilizar a los pobres jovencitos de WhatsApp, que creen que por tener un presidente nacional que huele rico van a tener un futuro político posible.

Lo señalo porque los conozco hasta las raíces: al PAN no le interesan sus jóvenes como parte de un crecimiento democrático real para México.

Le interesa construir retóricas baratas de redes sociales y manipular a muchas personas para hacerles creer que el PAN es una salida que no termine en enriquecer los bolsillos de sus dirigentes.

A Jorgito le falta entender muchísimo de lo que este país busca, y la generación Z sin duda no va a encontrar eco en las demandas de un partido falso y vacío.
La presidenta Claudia Sheinbaum está ofreciendo educación, ciencia y trabajar en las raíces que han generado la violencia heredada por años de abandono en muchas comunidades muy pobres y olvidadas en este país.

Mientras nuestra presidenta recorre a pie, se llena de lodo y habla con la gente de frente, Jorgito de la dirección cree que puede utilizar a los jóvenes que tarde o temprano, como yo, se darán cuenta de que no hay nada que ofrecer ni ganar en el PAN.

Un día soñó Acción Juvenil.

No será con esos dirigentes que sólo destruyen los sueños de los jóvenes que sí trabajan en Acción Nacional.

Por ello deben considerar que la transformación de México se construye en el territorio, como lo hacen Clara Brugada y Claudia Sheinbaum todos los días.

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