José Revueltas y la revolución

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José Revueltas y la revolución

Por Pluma Invitada | viernes, 20 de noviembre del 2020.

Por: René González

José Revueltas nació el 20 de noviembre de 1914, cuatro años después del inicio oficial de la única revolución en el mundo que fue anunciada con fecha y hora exacta a través del Plan de San Luis de Francisco I. Madero (aunque comenzó realmente el 14 de noviembre de 1910 en Cuchillo Parado, Chihuahua, de la mano de Toribio Ortega). A lo largo del siglo XX, desde su infancia hasta su muerte, si un personaje personificó en sus más hondas convicciones la vigencia del concepto de revolución, fue el escritor. 

La relación entre Revueltas y la revolución mexicana estuvo cargada de tensiones, contradicciones y paradojas: el duranguense fue contemporáneo de sobrevivientes de la lucha armada mexicana; crítico de sus herederos institucionales; defensor de las demandas originales de su vertiente agraria y popular; promotor de su revisionismo histórico; autor intelectual y material de la disidencia al régimen emanado de sus mitos, y víctima de sus desviaciones y falsificaciones. 

La vida de Revueltas fue un viaje de incesantes turbulencias. Fue preso político e ideólogo y organizador de proyectos partidarios que terminaron convirtiéndose en contra de sus deseos. Fue militante inoxidable, activista y contumaz disidente; poeta y bohemio frente a una izquierda de doble moral con tufo de totalitarismo soviético. Fue un gran pesimista desde una descarnada obra literaria (caracterizada incluso como nihilista), a su vez, un utopista que sembró de ensayos y discursos el camino para la emancipación del proletariado. 

Pepe fue amigo del escritor de la onda José Agustín y adversario de los guardianes ortodoxos y cuadrados del buró partidista. Lanzó mentadas de madre a Stalin en pleno congreso comunista en la Unión Soviética, y fungió como profesor de cineastas en la revolución cubana. Fue colaborador de Gabriel Figueroa y admirador de Tintan y Joaquín Pardavé. Floreció como ilustrado tecleador de decenas de historias de la sociedad mexicana, arropado por un enorme poster de León Trotsky en su celda de Lecumberri, y de la foto del Che de Korda en su último domicilio en Insurgentes Sur, antes de partir del mundo terrenal en 1976.

En su breve “Autobiografía” recuperada en la compilación Las evocaciones requeridas, Revueltas remitió a sus memorias de infancia en plena disputa armada: “De la revolución nada más recuerdo una ocasión en que nos sacaron de la casa a todos los chiquillos (…) porque iban a entrar los revolucionarios; lo único que me viene a la memoria es el trajín, la nerviosidad para salir”. 

Como activista adolescente del comunismo mexicano, Revueltas tuvo su primer encuentro con las verdades del régimen emanado de una revolución, cuya práctica opresora distaba de la letra impresa en la Constitución; entonces refirió: “Dentro del partido comunista se consideraba a la revolución mexicana como un injustificado movimiento burgués y era necesario transformarlo en socialista, en una revolución proletaria se decía entonces. Precisamente en 1929 pasé a la clandestinidad; ya estaba yo en contacto con los compañeros y sufrí mi primera prisión. A los quince años participaba en los actos comunistas, de las ligas antiimperialistas o de los rojos de la Internacional. Se organizó una manifestación para celebrar el aniversario de la revolución rusa en el Zócalo y se colocó una bandera roja en la catedral. Yo tenía la tarea de adiestrar al populacho. Llegó la policía y nos cargó”. Fue el comienzo de sus repetidas estancias en prisiones como las Islas Marías, solo por motivos políticos. 

En esos años, Revueltas se identificó con el magonismo, corriente precursora del socialismo en México y contó: “Llegué a tomar contacto con los restos de los Flores Magón; por ejemplo, Librado Rivera, que jefaturaba la Casa del Pueblo, aquí en México. Yo iba todas las semanas a los actos que se efectuaban, ya que eran los únicos lugares donde podíamos asistir libremente. Los comunistas nos vaciábamos en esas asambleas”.

Con tan solo 23 años, en 1938 durante el cardenismo escribió el folleto “La Revolución Mexicana y el proletariado”. De esas fechas dataron las primeras conclusiones que hizo -el joven Pepe-, sobre los paradigmas de la época. 

Arturo Anguiano en su obra José Revueltas, un rebelde melancólico, comentó: “Se interesa sobre todo en identificar y caracterizar a las fuerzas sociales que concurren en la Revolución Mexicana, a la que considera un “elemento poliforme y de una pluralidad asombrosa que puede significar cuestiones contradictorias según la perspectiva de clase”. (Anguiano, 2017).

Tras el paso de los años, Revueltas descubrió su afinidad con la revolución de los de abajo, la de campesinos y jefes revolucionarios locales surgidos desde las propias comunidades en rebeldía, que lucharon primero contra el dictador Porfirio Díaz, después contra el usurpador Victoriano Huerta; y que vieron en Emiliano Zapata la posibilidad de lograr las demandas agrarias del pueblo, finalmente concretadas durante el cardenismo con el reparto de tierras.

José Revueltas definió a la mexicana como una revolución burguesa que se convirtió en una dictadura encubierta, donde las clases populares fueron alineadas. “Se confrontan, pues, dos revoluciones mediadas por la guerra civil: la democrática-burguesa (que surge con Madero y prosigue con Carranza) y la revolución agraria popular independiente que condensa la Convención de Aguascalientes en 1914”. (Anguiano, 2017).

“La revolución mexicana fue acaudillada por los terratenientes no feudales (Madero, Carranza) y los sectores de ‘clase media’ intelectual, que se apoyaron en las grandes masas campesinas y los caudillos de éstas, ‘rancheros’ o terratenientes medios [...]. Estos sectores son los que toman el poder en 1917 y son los que, con todo, constituyen la ‘burguesía revolucionaria’, los que la representan, la encarnan y serán los que la desarrollen y consoliden, como clase, desde el poder, a partir de 1917”. Concluyó Revueltas en sus reflexiones.

Como autodidacta (basado en su comprensión de la realidad desde las categorías de análisis del marxismo), Revueltas fue pieza angular para la nueva historia de la revolución, que a mitad del siglo XX y hasta el 68, se ocupó de desmitificar la historia de bronce pregonada por el partido oficial, en Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1962) sintetizó su recorrido entre la idea imaginaria de revolución, la revolución burguesa de carne y hueso, y los errores del Partido Comunista Mexicano; en una de las obras más potentes para analizar a la izquierda mexicana en el siglo XX.

Evidencia de las desviaciones de la revolución fueron los trágicos hechos del 2 de octubre de 1968 -movimiento en el que José Revueltas fue protagonista teórico-, y que dieron luz a su tesis sobre la revolución traicionada en México. 

El 4 de octubre de 1968, ante la brutal represión del gobierno “revolucionario” escribió: “Nos persiguen por eso; por ir, por amar, por desplazarnos sin órdenes ni cadenas. Quieren capturar nuestras voces, que no quede nada de nuestras manos, de los besos, de todo aquello que nuestro cuerpo ama. Está prohibido que nos vean. Ellos persiguen toda dicha. Ellos están muertos y nos matan. Nos matan los muertos. Por esto viviremos”.

Para una lectura crítica de la revolución mexicana es imprescindible revisitarla con los lentes de José Revueltas, que brindan un horizonte a las transformaciones de nuestro tiempo.


@renegonzalez12

Licenciado en Historia y ex Consejero Universitario de la UNAM. Ha sido Director General de Educación Básica, Coordinador del Programa SaludArte y Director Zonal de Jóvenes Construyendo el Futuro. Fundador del Centro Integrador para el Migrante "Leona Vicario”, Cd. Juárez.

Por Pluma Invitada | viernes, 20 de noviembre del 2020.

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