Les platico una historia que, aunque no lo crean, tiene que ver con la elección judicial. Dice así:
Entre 1864 y 1867, en México se enfrentaban el ejército imperialista de Maximiliano de Habsburgo (gobierno usurpador), contra el ejército republicano liderado por Benito Juárez García, quien buscando retomar el poder, finalmente venció.
La noticia dio vuelta al mundo, llegando a oídos de Víctor Hugo —célebre autor francés, quien para entonces ya había escrito El jorobado de Notre Dame y Los miserables—. Este hombre redactó una carta al legítimo presidente de los Estados Unidos Mexicanos, elogiándolo por vencer al ejército de su nación (que acumulaba victorias en África, Crimea, Italia y China); agregando una relevante petición: perdonar la vida de Maximiliano, pues esto le haría trascender de una victoria a un acto sublime.
Finalmente, la epístola sí llegó a manos de Benito Juárez, “lamentablemente” un día después de haber castigado a los usurpadores.
Cabe señalar que los principios que sostuvieron la decisión de ejecutar al archiduque austriaco eran parte de la democracia, a través de la que se reivindicó al Pueblo mexicano, un verdadero gobierno soberano, independiente y republicano; así como la justicia, que representaba imponer y hacer cumplir la sanción impuesta a un invasor.
La historia revela que Juárez no respondió a Víctor Hugo por la misma vía, pero sí con acciones y convicciones que refrendaban su compromiso con los principios republicanos y la defensa de la soberanía nacional.
Aquella historia me vino a la mente porque apenas hace unos días tuvo lugar la primera elección del poder judicial, un hecho sin precedentes que sirvió para depositar plenamente en el Pueblo, autonomía en la designación de los poderes de la unión.
Sin embargo, esto no representa una victoria para todos. Por ejemplo, los “derechistas” arremetían contra la elección desde semanas previas, difundiendo un mensaje de rechazo. Su oposición a la democracia utilizó a los más “famosos” e inescrupulosos aliados, como Adela Micha, Loret de Mola o Ricardo Anaya, quienes bien financiados desacreditaban la participación ciudadana, refiriéndose al proceso como un “fraude vulgar”.
Vimos también, minúsculas marchas en la Ciudad de México, donde mujeres famosas o no, enardecidas gritaban “fraude”, preguntando dónde estaban las juventudes, haciendo una cruel y desmesurada comparación con las caminatas que se hicieron en 1968. En general, las expresiones eran no solo de odio, sino de ignorancia y desconocimiento.
Por su parte, nuestra Presidenta difundió una noche antes, con una gran sonrisa y ese gesto entre maternal y de autoridad que le caracteriza, una invitación para que todas y todos eligiéramos a quienes conducirán la impartición de justicia y la disciplina que deben observar, enfatizando que se busca honestidad y cercanía con el Pueblo.
Es clara la diferencia de mensajes, la pretensión de los primeros que se narran, fue menguar el interés colectivo, recordemos que es la clase que se cree privilegiada o al borde de perder tal condición, la que siempre ha tenido idéntica postura: “si hay consulta popular, llaman a no votar; si hay referéndum de revocación o ratificación de mandato, llaman a no votar; si por primera vez vas a elegir personas juzgadoras, llaman a no votar” (parafraseando a la Secretaria de la Mujeres) “este grupo no es demócrata, es servil de la oligarquía”.
En cambio, la misión de un gobierno transformador denota inclusión, amor y esperanza, no solo de que la gente salga a votar, sino que cada día más, el Pueblo de México se politice e involucre, realidad que empieza a ser palpable, tal como el uno de junio, que pudo observarse a cuentagotas, pero constante, a personas llegando a los centros de votación judicial. Con acordeón o sin éste, mostraron que hay interés, ya sea de apoyar el plan C del querido AMLO; la confianza que brindó la Dra. Claudia en una sociedad cada vez más participativa, o a las propias personas candidatas que, con mucho valor, asumieron protagonizar campañas contra «el viento y la marea» de las volubles imposiciones del INE.
Moraleja: el presidente Juárez no fue errático al sancionar ejemplarmente al usurpador, ni demostró intenciones de querer protagonizar el acto sublime a que invitaba Víctor Hugo. Con guante blanco (y no por masón) mostró que vale más la soberanía de su nación, que encumbrar a una sola persona.
En 2025, una columna más de esta construcción fue votar por quienes deciden sobre nuestros derechos más preciados, como bienes, salud, libertad, e infinidad más. Entre todas y todos, votantes y personas que resulten electas, hagamos que esta lucha por la democracia rinda honorables frutos.




