Ciudad de México a 8 marzo, 2026, 4: 46 hora del centro.
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Juventud en el poder: ¿rezago generacional o exclusión estructural?

postal PP horizontal Alexandra Huerta

En México, las juventudes han sido protagonistas de los grandes cambios y transformaciones estructurales. A lo largo del tiempo, figuras jóvenes han sido clave en la toma de decisiones. Por ejemplo, Benito Juárez fue Regidor a sus 25 años, Emiliano Zapata lideró la Revolución Mexicana con tan solo 30, mientras que Francisco Villa con 33, Lázaro Cárdenas se convirtió en Gobernador de Michoacán también a los 33. En el ámbito institucional, José Vasconcelos fungió como Rector de la UNAM a los 30 años, mientras que Cuauhtémoc Cárdenas fue secretario de Recursos Hidráulicos a la misma edad. De igual manera podemos destacar la participación joven en luchas como el movimiento Estudiantil del 68; el movimiento #Yosoy132 o; incluso, movimientos recientes fundamentales que han tenido un impacto en la política pública actual.

Sin embargo, las mujeres jóvenes estuvieron invisibilizadas por muchos años en el poder, pues a pesar de que han sido representantes populares y han ocupado altos mandos en las dependencias de gobierno, no fue sino hasta la última década que resaltaron en la ocupación de cargos y sus nombres fueron pronunciados por el estatus quo; personas como Petra Herrera, Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Carmen Serdán, Rosario Ibarra de Piedra, Ifigenia Martínez o Aurora Jiménez (quien fue electa como Diputada Federal en 1954 a la edad de 32 años), pasarán a la historia como mujeres que estuvieron al frente de las transformaciones desde su juventud.

Es de resaltar que el gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum ha marcado un hito en la historia al colocar en el centro la lucha de las mujeres. Por primera vez se creó la Secretaría de las Mujeres, liderada por una mujer joven: Citlalli Hernández, de tan solo 34 años. Esto simboliza no sólo un cambio generacional, sino también, un cambio de la perspectiva en la política pública, que hoy abre sus puertas a más representatividad. No es casualidad que este gobierno se reivindique como un auténtico “Tiempo de Mujeres”, cuando por primera vez en la historia, la invisibilización ha sido confrontada.

Sin embargo, hoy en día la ocupación de juventudes en los cargos de representación popular o al frente de movimientos políticos y sociales, es menor que antes. Si bien existen figuras jóvenes que destacan al frente del gobierno actual y otros sectores, son excepciones en un panorama en donde la mayoría de los cargos de poder están ocupados por generaciones mayores y la transición generacional está tardando más de lo esperado.

Un ejemplo de la falta de representatividad son las concejalías en el gobierno de la Ciudad de México, en donde menos del 10% de las y los concejales son personas jóvenes. Según datos del Instituto Nacional Electoral, en las elecciones del 2024 las juventudes de entre 18 a 29 años representaron un 30% de la lista nominal del país. Sin embargo, su representación en cargos públicos no es proporcional a este porcentaje.

No se trata de que haya menos juventudes participando activamente, sino de una exclusión estructural que ha tenido como consecuencia un rezago generacional que se ha ido generalizando en los tres niveles de poder y que se manifiesta de maneras distintas: 1. la falta de oportunidades por recursos o derechos; 2. la estigmatización por falta de experiencia y capacidades para ocupar puestos de toma de decisiones, y 3. las estructuras partidistas que, en algunos casos no establecen agendas juveniles claras ni priorizan el escalamiento de los cuadros jóvenes que participan activamente.

Tomar medidas para reducir esta falta de representatividad es urgente, un ejemplo de ello es el Partido Movimiento de Regeneración Nacional al establecer las llamadas “acciones afirmativas”, por medio de las cuáles se busca disminuir la exclusión estructural incluyendo a las juventudes, mujeres, personas indígenas, afrodescendientes, personas con discapacidad o de la diversidad sexual como parte de ellas. Además, este partido ha marcado la diferencia demostrando que las juventudes pueden estar al frente de estos espacios, teniendo una dirigencia nacional que está conformada en gran parte por mujeres y hombres jóvenes.

Las grandes revoluciones, los movimientos estudiantiles, las luchas por los derechos humanos, las iniciativas comunitarias o el progresismo actual son pruebas claras de que las personas jóvenes tienen la capacidad de liderar y tomar decisiones que transformen la historia, pues han sido el pilar para el impulso de la fuerza fundadora de los grandes acontecimientos y también, para la crítica transformadora de la historia. Por ello es fundamental validar, reconocer, fomentar e impulsar su participación. No hay transformación sin juventudes. La juventud no sólo acompaña los cambios, los provoca.

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