Pluma Patriótica

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Je suis migrant (II)

Me fui de vacaciones a mi país pensando en regresar a estas colaboraciones quincenales con El Soberano analizando otro tema de la coyuntura política mexicana.

Pero el trasiego de aeropuertos (México, Bogotá, Buenos Aires, Madrid y Bilbao) lleno de turistas y también de migrantes (privilegiados, por supuesto, como todas aquellas personas que pueden tomar un avión), así como los terribles sucesos de los últimos días, desde el asesinato de un migrante hondureño en Saltillo, Coahuila, hasta los actos de terrorismo supremacista en El Paso, Texas, me obligan a volver sobre las ideas de mi columna inaugural en este espacio.

Quien escribe esto parte de la premisa de que la crisis migratoria es una manifestación (quizás la más importante) de la crisis de la globalización neoliberal. Y sus causas son la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, y las intervenciones militares imperialistas.

Probablemente hasta este punto la mayoría de lectores y lectoras de esta columna estén de acuerdo con el análisis. El problema viene a la hora de aterrizar la teoría y resolver problemas concretos, como es el caso de la migración que atraviesa a México con la única esperanza de alcanzar legal o ilegalmente los Estados Unidos, y que no está interesada en permanecer en este país aunque se les otorguen visas humanitarias y permisos de trabajo. Su único objetivo es alcanzar el american way of life, aunque éste les cueste la vida.

Entre quienes no están de acuerdo con la política migratoria del gobierno mexicano, hay un argumento que se repite con frecuencia: nos estamos convirtiendo en la border patrol de los Estados Unidos.

No puedo estar más en desacuerdo. Entramos a una negociación con Trump pudiendo perder poco, o perder mucho. Y se ganó tiempo, y se perdió lo menos posible.

Hoy tenemos una Guardia Nacional que sienta soberanía estatal en la frontera sur, donde antes sólo había contrabando de drogas o personas. Se han creado 4 mil 700 empleos para las y los migrantes que esperan en Ciudad Juárez, se están presupuestando 60 millones de pesos para reparar albergues, y se está invirtiendo en crear miles de empleos en Honduras, Guatemala y El Salvador, un número mayor (de empleos) que el de las personas que México devuelve a sus países de origen.

¿Es la solución perfecta? No, ni mucho menos. Pero la combinación del efecto disuasorio (que no represivo) de la Guardia Nacional en la frontera, junto con la creación de empleos en el norte para quienes esperan, y la inversión en el triángulo centroamericano, debería bajar las cifras de migrantes atravesando México y exponiéndose a ser secuestrados o asesinados por la economía criminal.

Es muy fácil hacer diagnósticos, pero muy difícil encontrar soluciones viables. Aplaudo la valentía del gobierno mexicano, con el canciller Ebrard a la cabeza, para no mirar hacia otro lado, como parece que defienden quienes critican las políticas migratorias, y encarar un problema cuyas raíces son la desigualdad y la xenofobia inherentes al sistema capitalista.

Y mientras desde el gobierno se resuelven, al menos parcialmente, los problemas, desde la ciudadanía nuestra tarea debe seguir siendo la reivindicación de que ningún ser humano es ilegal.

Katu Arkonada. Nació en el País Vasco, tiene nacionalidad boliviana
y reside actualmente en la Ciudad de México. Cuenta con estudios
de posgrado en geopolítica, y comunicación política. Es miembro
de la secretaría ejecutiva de la Red de Intelectuales
en Defensa de la Humanidad.

@katuarkonada

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