Pluma Patriótica

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Je suis migrant

“Soy blanca, nací en un país rico y tengo el pasaporte adecuado”.

Con estas palabras respondía Carole Rackete, la capitana de barco alemana que rescató en mitad del mar a 42 personas migrantes que escapaban de Libia, a las preguntas de una periodista al ser detenida por el gobierno italiano. Carole atracaba en Lampedusa, una isla en mitad del triángulo que componen los límites territoriales de Italia, Túnez y Libia, en mitad de ese gigantesco cementerio en el que se ha convertido el Mediterráneo.

Desde 1993, que se lleva documentando, se calcula que son alrededor de 35 mil personas refugiadas y migrantes las que han muerto como consecuencia de las políticas migratorias de una Europa Fortaleza que abre sus fronteras al comercio y el capital pero no a los pueblos a los que desaloja de sus propios territorios mediante bombas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La media de migrantes ahogados en el Mediterráneo se sitúa ya en 2 mil por año.

Pocos días antes, Óscar y su hija Valeria, migrantes salvadoreños, morían ahogados mientras trataban de atravesar a nado el Río Bravo, que separa México de Estados Unidos. Tenían una visa humanitaria del gobierno mexicano, pero aun así no quisieron esperar su solicitud de asilo y se arriesgaron a cruzar ilegalmente a través de un río que terminó convirtiéndose en su tumba. Dos escenas, separadas por miles de kilómetros, que muestran en toda su crudeza el drama migratorio.

Este columnista que les escribe también es migrante, pero un migrante, como Carole, lleno de privilegios. Blanco, heterosexual, con pasaporte europeo y con oportunidades para haber tenido una educación y formación que le permitieron decidir migrar a un país como México, lleno de oportunidades que dependen al 99% del código postal donde hayas nacido.

Es necesario ser consciente de las desigualdades que genera un sistema capitalista, patriarcal e imperialista, que empuja a la gente a migrar de manera desesperada por la necesidad de buscar un futuro mejor para sí misma y su familia.

Por eso, desde México, y para abordar el fenómeno migratorio, es necesario poner la lupa en primer lugar en los países de origen y abordar las causas de la migración, que son básicamente la pobreza y la violencia. En segundo lugar, debemos ser conscientes de que si las causas se encuentran en el triángulo centroamericano, las consecuencias se desplazan a Estados Unidos y su política migratoria. No seamos cínicos cuando sabemos que el vecino del norte no va a cambiar su política de asilo.

Y en el medio de esta ecuación queda México, a quien no le quedan muchas más opciones que respetar los derechos humanos de una población migrante en tránsito que no quiere vivir ni trabajar en México, porque su sueño, equivocado o no, es perseguir el american way of life.

Por tanto, si queremos defender a las personas migrantes, luchemos contra un sistema que convierte a las mayorías sociales en parias de la tierra. Que el lema Je suis migrant no sea un slogan hipócrita para lavar nuestras conciencias, y que el horizonte que nos guíe sea el de que ningún ser humano es ilegal.

Katu Arkonada. Nació en el País Vasco, tiene nacionalidad boliviana
y reside actualmente en la Ciudad de México.
Cuenta con estudios de posgrado en geopolítica, y comunicación política.
Arkonada es miembro de la secretaría ejecutiva
de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Twitter: @katuarkonada

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