Durante mucho tiempo, a las juventudes de esta ciudad se les pidió paciencia. Crecimos escuchando esa idea de que la vida pública era un espacio reservado para otros, los mayores, los expertos, los de siempre. Pero la realidad ha cambiado: la juventud ya no espera turno, lo ocupa. Y hoy, en las consultas del Plan General de Desarrollo, la Ciudad de México les abre una puerta que por décadas en otros gobiernos permaneció cerrada.
Las consultas para el Plan General de Desarrollo de la CDMX representan uno de esos momentos que marcan una generación. A primera vista podría parecer un proceso técnico, reservado para especialistas, urbanistas o funcionarios. Sin embargo, su impacto trasciende lo burocrático: allí se define cómo queremos vivir, qué ciudad queremos habitar, cómo se usarán los recursos públicos y qué prioridades guiarán a los próximos gobiernos.
La historia reciente de la juventud mexicana ha sido un camino lleno de contrastes. Hubo sexenios enteros en los que las juventudes fueron reducidas a estadísticas o mencionadas únicamente en discursos. Crecimos en una ciudad que avanzaba, sí, pero al mismo tiempo experimentaba desigualdades profundas, falta de oportunidades laborales, crisis de vivienda y una creciente desconfianza en la política. La experiencia de miles de jóvenes fue la misma: estudiar, trabajar y esforzarse sin sentir que las instituciones los veían o los escuchaban.
Ese panorama empezó a transformarse con el reconocimiento de derechos, becas, apoyos académicos y oportunidades laborales impulsadas en los últimos años. Pero quizá el cambio más significativo no fue material, sino cultural: los jóvenes dejaron de verse como espectadores y comenzaron a asumirse como protagonistas de la vida pública. Desde las luchas estudiantiles y feministas, hasta los movimientos ambientales y comunitarios, la participación juvenil ha tomado una fuerza inédita.
Hoy, esa fuerza encuentra una nueva ruta: las consultas del Plan General de Desarrollo.
Lejos de ser un procedimiento administrativo, este plan establece los principios rectores para el futuro de la ciudad: movilidad, vivienda, agua, economía, cultura, seguridad, derechos sociales, espacio público, medio ambiente y desarrollo territorial. Cada una de estas áreas impacta directamente a la población joven, quizá más que a cualquier otro sector, porque son ellos quienes vivirán los efectos de las decisiones que se tomen en los próximos años.
En este proceso, es importante reconocer también a quienes, desde el gobierno, han impulsado espacios reales de escucha. El secretario de Gobierno, César Cravioto, ha sido una de las figuras clave en abrir canales para que las opiniones de las juventudes no solo se expresen, sino que sean tomadas en serio. Su labor en facilitar la participación y garantizar que estas consultas sean incluyentes demuestra que la construcción de ciudad necesita funcionarios que entiendan la importancia de escuchar a quienes heredarán el futuro de la capital.
Lo que está en juego es simple de expresar, pero complejo de dimensionar: si la juventud no participa, otros decidirán por ella. Y esa es una lección que las generaciones anteriores aprendieron a un costo muy alto.
Las juventudes de la Ciudad de México tienen hoy una oportunidad que no existía hace veinte o treinta años: incidir de manera directa en el diseño de políticas públicas. La pregunta entonces no es si deben participar, sino qué ciudad quieren construir.
Una ciudad donde la movilidad sea digna y segura, especialmente para nosotras las mujeres que enfrentamos acoso y violencia cotidiana; una ciudad que genere empleos formales para una generación que navega entre prácticas profesionales sin pago y trabajos temporales; una ciudad que ofrezca alternativas reales de vivienda para evitar que miles de jóvenes sean expulsados por la gentrificación y los altos costos; una ciudad donde el arte, la cultura y el deporte no sean lujos, sino derechos.
Participar en estas consultas también significa romper con la idea paternalista de que la juventud es ajena a la política. La realidad demuestra lo contrario: la juventud cuestiona, propone, crea, discute y transforma. Es quizá el sector más crítico y al mismo tiempo el más abierto al diálogo.
En ese sentido, las autoridades de la ciudad han dado un paso importante al abrir espacios formales de escucha. Un gobierno que consulta es un gobierno que reconoce a su ciudadanía. Pero una ciudadanía que responde con participación activa es una ciudadanía que fortalece la democracia. La construcción de ciudad no puede ser unilateral; requiere corresponsabilidad y visión compartida.
La ciudad no es una entidad abstracta. La ciudad somos nosotros: quienes la caminamos, la estudiamos, la trabajamos, la sufrimos y la disfrutamos. La ciudad es también una memoria colectiva y un proyecto común. Y como todo proyecto, necesita que quienes lo habitan lo discutan, lo cuestionen y lo definan.
Estamos ante un momento clave. No porque las consultas por sí solas vayan a resolver todos los desafíos de la capital, sino porque representan una invitación directa a participar en la toma de decisiones. Y esa invitación no puede ni debe ser ignorada.
Las juventudes de hoy no quieren una ciudad que simplemente funcione. Quieren una ciudad que inspire, que proteja, que abra oportunidades, que reconozca sus esfuerzos y que acompañe sus caminos. Una ciudad donde la vida sea digna y el futuro tenga sentido.
Construir esa ciudad no es un acto improvisado. Es un ejercicio de voluntad colectiva. Es entender que el futuro no llega: se construye. Y que ese futuro necesita voces diversas, críticas y creativas que impulsen transformaciones reales.
La Ciudad de México siempre ha sido un espacio de vanguardia. Hoy tiene la posibilidad de ser también un ejemplo de participación juvenil significativa. El momento no llegará otra vez. Es ahora cuando se define el rumbo de los próximos años.
Porque la ciudad que soñamos no se construye sola. Se construye con decisiones, con diálogo y con la convicción de que el futuro merece ser pensado, planeado y defendido por quienes lo van a vivir: las y los jóvenes de esta gran ciudad.



