“¿Llegará el porvenir? Parece que casi es imposible hacer esta pregunta cuando se descubren tantas sombras terribles, tan obscuras fases entre egoístas y miserables; en los egoístas (…) el temor de padecer que en algunos llega hasta la aversión hacia los que padecen, el yo tan hinchado que cierra las puertas del alma; en los miserables, la ambición, la envidia, el odio que proviene de ver gozar a los demás (…) corazones llenos de bruma, la tristeza, la fatalidad, la necesidad, la ignorancia simple e impura.”
– Víctor Hugo, Los miserables.
La primera de las necesidades políticas –decía Víctor Hugo—es hacer despedir al aparato social más claridad y más bienestar en provecho de los que padecen y de los que ignoran. Nada es más cierto. Pero ¿cómo lograrlo en un país altamente corrupto, como México? A tres años de sentar las bases para la Cuarta Transformación mexicana, vale la pena reflexionar sobre el paralelismo de una obra clásica de cara al próximo 9 de diciembre, Día Internacional contra la Corrupción.
El trabajo es una costumbre que se pierde fácil y difícilmente se vuelve a adquirir. También aplica para la cobertura de las necesidades políticas. Por este motivo, para Víctor Hugo los hábiles se confieren la calificación de “hombres de Estado” a pesar de su medianía. En cambio, los sabios tienen por objeto terminar el duelo, amalgamar las ideas con la realidad humana y hacer penetrar pacíficamente el derecho en el hecho.
Entonces, aunque sin perspectiva de género, en Los miserables se entrelaza lo privado y lo público. Como en el pasado, hoy es necesario reconciliar los ideales del derecho con las actividades cotidianas de quienes decidieron incidir en la vida del país a través de las instituciones públicas.
Esto lleva a la reflexión acerca del perfil e intenciones de los hombres y de las mujeres con vocación política, cuya actuación y palabras les habrá de delatar como personas egoístas, miserables o sabias. Es la sabiduría la que reivindica al egoísmo y a la miseria, pues el origen, si bien es ineludible, no es necesariamente un destino… cuando de valores se trata.
La Política Nacional Anticorrupción (PNA), aprobada el 29 de enero de 2020 por el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, define el rumbo estratégico para combatir el problema de la corrupción en México e identifica el problema: la incapacidad para controlar la corrupción; esto es, prevenirla, detectarla y sancionarla eficazmente.
Esto implica combatir la impunidad, arbitrariedad, la distorsión de los puntos de contacto entre gobierno, sociedad, y la falta de involucramiento social y del sector privado. Operando al 99%, este sistema ya traza la ruta. El mayor reto se coloca en el contenido, la capacidad de ser conducido con sabiduría.



